Papillon
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En 1973 llegaba a las pantallas ‘Papillon’, una película basada en el libro homónimo de Henri Charrière, una obra autobiográfica que narraba las penurias y desventuras sufridas por el autor en las colonias penales de la Guyana Francesa. Cuando se rodó esta película Steve McQueen era ya una superestrella del celuloide y Dustin Hoffman un joven y consolidado actor. Cabalgando entre el melodrama y el romanticismo, esta película nunca fue concebida como un producto de masas, sino que fue una apuesta arriesgada. Una película que se posiciona dentro del subgénero carcelario como una rara avis que el tiempo ha sabido poner en su lugar.

“Somos los únicos animales que se meten cosas en el culo para sobrevivir”.-Papillon.

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Crítica de Papillon.
Tal y como he comentado al principio, esta película está basada en un libro escrito por Henri Charrière, uno de los poquísimos hombres que consiguieron escapar con vida de la Isla del Diablo, una de las colonias penales francesas en la Guyana. Se trata de un libro denso y largo, difícil de adaptar, que retrata la angustia y el drama de un hombre privado de la libertad. No obstante, Franklin J. Shaffner consiguió ofrecernos una película bastante equilibrada con ciertos altibajos, resumiendo gran parte del libro sin perder la esencia del mismo y jugando magistralmente con los planos y las secuencias. Este veterano director ya contaba en su haber con películas de la talla de ‘Patton’ (por la que logró el Oscar) o El planeta de los simios‘, e incluso rodaría unos años más tarde la estimable ‘Los niños del Brasil’.

Por encima de la acción frenética que puedan tener las películas actuales, ‘Papillon’ era una apuesta más por una reflexión acerca de la libertad y las vicisitudes que nos llevan a vernos privados de ella. La historia comienza en plena Francia, donde una remesa de presos se dispone a ser embarcada con rumbo a las colonias penales de Sudamérica. Esto sirve al director como punto de encuentro de los dos protagonistas, Papillon y Louis Degà, que a la postre resultan ser el eje principal que apuntala esta obra, con dos interpretaciones soberbias.

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Los actores elegidos para dar vida a los dos protagonistas principales habían demostrado su talento ya con anterioridad. Por una banda Steve McQueen, que tras una dilatada carrera de éxitos con películas como ‘La gran evasión’, ‘Bullitt’ o ‘Junior Bonner’, era ya el actor mejor pagado de Hollywood y un referente para su generación. Por la otra, un joven Dustin Hoffman que acababa de triunfar con ‘El graduado’ y ‘Cowboy de medianoche’. Aunque para Hoffman este era un papel más en su evolución como actor, consiguió dotar a Degà con una serie de matices y sentimientos que ayudan mucho a comprender al personaje. McQueen era la estrella principal, sobre él recaía la responsabilidad de interpretar al rudo Papillon. Y contrariamente a lo que suele verse hoy en día en actores de acción, además de su poderosa presencia física y su carisma, poseía lo necesario para cargarse la escena a la espalda y dar profundidad al personaje. Es decir, que la elección de Shaffner no podría haber sido mejor.

Ambos personajes son diametralmente opuestos pero se complementan. Papillon es un tipo rudo, fuerte, físico, acostumbrado a las condiciones más duras y hecho a si mismo. Degà, en cambio, es un hombre sensible, inteligente y culto que se ve en una situación que le supera. Steve McQueen aprovechó muy acertadamente ese matiz de macho y pícaro que le había convertido en un ídolo de masas, siempre marcando su característica mirada de ceño fruncido a lo largo de todo el metraje. Hoffman, por otra parte, interpretó a Degà como a una criatura frágil atrapada en un entorno violento, un hombrecillo cuyas mayores preocupaciones son mantener limpias las gafas y ocultar el dinero en lo más profundo de su ser… ya me entendéis.

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Sin duda se trata de una película de denuncia, sobre todo en lo relativo al trato infrahumano que recibían los presos. Para ello Shaffner no dudó en mostrar en toda su crudeza las condiciones de vida de los reos, los oscuros calabozos de aislamiento o las prácticamente nulas medidas de sanidad. Todo ambientado en un penal rodeado de zonas pantanosas atestadas de mosquitos y alimañas, con unos guardas inhumanos que tratan a los reclusos como si fueran animales.

Es en ese ambiente hostil cuando el arreglo de conveniencia de ambos presos se acaba consolidando poco a poco en una fuerte amistad. Una amistad que queda patente, más que nunca, cuando Papillon es encerrado en una celda de aislamiento y Degà soborna a los guardas para que le hagan llegar comida en forma de cocos. Una amistad que no es traicionada cuando Papillon es obligado a confesar el origen de los cocos y prefiere sufrir aún más privaciones que hablar. No obstante, no hemos de olvidar que sigue siendo una amistad forzada, más bien originada por la necesidad y las penurias que por sentimientos desinteresados. En este punto de esta crítica de Papillon es justo reconocer el mérito y talento de Dalton Trumbo y Lorenzo Semple, que escribieron un guión que plasma perfectamente todas estas sensaciones que acabo de comentar. Un Dalton Trumbo que había tenido que sufrir la caza de brujas a cargo de McCarthy, la cual le cerró todas las puertas, le arruinó y le obligó a exiliarse a México. Incluso se vio forzado a firmar sus guiones bajo múltiples seudónimos, llegando a recibir un Oscar que no pudo recoger. Y a pesar de todo había logrado trabajos notables como Espartaco‘Johnny cogió su fusil’.

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Pese al carácter reflexivo y dramático de la cinta, también hubo lugar para la acción, la aventura e incluso la comedia si se terciaba. Es sumamente difícil aburrirse o caer en la monotonía, ya que las penosas circunstancias que rodean a Papillon y Degà están tratadas para mantener el interés del espectador y guardar un fino equilibrio que incluso nos arranca alguna que otra sonrisa. Por no hablar de la tan esperada fuga del penal. Con toda seguridad una de las mejores fugas que se hayan podido ver en la gran pantalla, con los dos protagonistas esquivando balas, atravesando densas junglas pantanosas, enfrentándose a indígenas y soldados, e incluso lidiando con caza recompensas sin escrúpulos que viven de malograr las fugas de los penados. Hay otras escenas notables, como la procesión de los presos por las calles antes de embarcar, el encuentro de Papillon con el líder de una colonia de leprosos o la peculiar forma de transmitir caridad que podemos observar en la visita a un convento.

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Conclusión.
Siempre me ha apasionado el género carcelario, sobre todo por el hecho de haber recibido diversos enfoques a lo largo de los años. Películas tan excelentes comoLa leyenda del indomableo ‘Pena de muerte’ se centran más en el ser humano y las complejas relaciones que se establecen en una cárcel. Otras como ‘Brubaker’ buscan escarbar en la corrupción que existe en estos centros. Algunas prefieren potenciar la acción y el thriller, tal sería el caso de ‘La fuga de alcatraz’ oEncerrado e incluso podemos encontrar incursiones en el género sobrenatural con cintas como ‘La milla verde’. La verdad es que podría extenderme mucho dada la enorme cantidad de estilos que podemos encontrar. En el caso de la película que nos ocupa, todo se centra en la crítica feroz del sistema carcelario y en la búsqueda de la libertad por parte del ser humano. Pese a ser claramente un vehículo de denuncia, no olvida la vertiente lúdica que toda película debe tener, y además se apuntala sobre la soberbia interpretación de dos actores en estado de gracia y unos secundarios a la altura de las circunstancias. ¿Qué más puedo decir? Aunque ninguna película es perfecta, ‘Papillon’ se acerca y mucho.