El planeta de los simios
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Vamos a hablar de una película que inició una de las sagas más influyentes de la historia del cine. Simios violentos, parajes calurosos, hombres con taparrabos… ¿Y quién mejor que Charlton Heston para encabezar el reparto? Esta película no es sólo una historia de ficción, es también la lucha del hombre contra su destino. Bienvenidos a… ‘El planeta de los simios’.

“¡Quita tus sucias patas de encima, mono asqueroso!”.-Taylor.

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Crítica de El planeta de los simios.
El proyecto de esta película nació a principios de los sesenta, cuando el guionista Rod Serling recibió el encargo de escribir un guión basado en la obra de ficción de Pierre Boulle, también autor de la novela ‘El puente sobre el río Kwai’. Serling ya había trabajado escribiendo guiones cortos para la serie televisiva Dimensión desconocida’, así que estaba muy familiarizado con las historias de ficción. El problema es que la novela de Boulle retrataba una sociedad de simios muy avanzada, lo cual requería un gran despliegue de efectos visuales y, en consecuencia, un altísimo presupuesto. Debido a esto, Serling tuvo que escribir un segundo guión con unos simios más primitivos y un entorno social un tanto arcaico, lo cual debo confesar que dota a la película de un encanto especial.

El escogido para interpretar al astronauta Taylor fue Charlton Heston, que ya se había puesto en la piel de personajes mesiánicos como el Cid, Moisés o Ben-Hur. Era el candidato ideal para dar vida a este humano atrapado en un mundo extremadamente violento y hostil. Y no sólo porque le encantara pasearse con poca ropa y lucir pelambrera, sino que además sentía especial predilección por los personajes que pugnan por luchar contra el sistema. Despelote, virilidad y rebeldía, el cóctel ideal para un actor como Heston. Y la verdad es que, a pesar de ciertas sobreactuaciones y excesos gestuales, su interpretación del astronauta Taylor es brillante. Especialmente cuando, impedido de voz por culpa de una herida de bala, se ve obligado a comunicarse con Zira y Aurelio a base de gestos para explicarles quién es en realidad.

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Zira y Aurelio, dos simios “humanistas” que comprenden que Taylor no es un simple humano más. El trabajo de Roddy McDowall y Kim Hunter es muy correcto, y tiene su mérito porque si tenemos en cuenta que todos los actores llevan máscaras, puede resultar complicado valorarles. No obstante, cada uno de ellos, y lo mismo podemos decir de Maurice Evans dando vida a Zaius, consiguen realizar un trabajo gestual excelente. El resto de simios podemos decir que están para amueblar la escena, son simples extras en una obra coral donde el enfrentamiento de Taylor, Zira y Aurelio contra el orden establecido por la jerarquía simiesca es el eje de la película.

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Lo cierto es que el guión está bien estructurado, a pesar de que hay actitudes extrañas, como el hecho de que Taylor no se sorprenda de que los simios hablen inglés, por poner un ejemplo. Pero bueno, primero nos presenta a Taylor y al resto de la tripulación, el vestigio de una humanidad muy avanzada y soberbia que se ve enfrentada a un futuro incierto. Y cuando los astronautas son capturados consigue retratar a una sociedad que poco dista de la humana. Esta similitud no es casual, el hecho de mostrarnos a los simios como seres prepotentes que reaccionan con odio ante lo que no entienden no es otra cosa que una analogía de lo que es la civilización humana. Los simios son la herencia dejada por el hombre y un claro mensaje que nos conducirá al desenlace: por muy lejos que huyas, pagarás por tus pecados.

Lo más interesante de la película es el debate ético y moral que propone, enfrentando al hombre con sus propios pecados y subyugando al ser superior bajo la mano firme pero temerosa de unos simios claramente inferiores pero no menos soberbios. Por eso el discurso de Zaius está dominado por el miedo, un miedo ancestral que para los simios es la amenaza de unos errores del pasado que no quieren ver repetidos. Ante eso Taylor sólo puede tratar de encontrar respuestas, unas respuestas que llegado el momento serán terribles.

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Conclusión.
Concluyo ya esta crítica de El planeta de los simios, la mejor película dentro de la saga original y con diferencia, no sólo por lo pionera que fue en su tiempo sino porque pasados tantos años es prácticamente la única que aguanta revisionados. La trama es interesante, con una gran carga antropológica y una evidente crítica socio-religiosa, y el apartado interpretativo es bastante correcto si tenemos en cuenta que todo son monos, aunque es destacable el trabajo de un Charlton Heston desbocado que disfruta de cada plano como si fuera el último. No obstante, hay algunas incongruencias, preguntas sin respuesta que no se molestan en respondernos y cierta monotonía en algunos momentos de la película. Son puntos que le restan enteros pero aún así sigue siendo un producto de ficción altamente entretenido.