Nunca fuimos ángeles
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La suplantación de identidades siempre ha dado mucho juego. Más aún cuando esta tiene que ver con instituciones, a priori, imponentes como la policía, la política, o la religión. Respecto a esta última tenemos varios ejemplos con mujeres de mal vivir haciéndose pasar por monjas o por listillos pidiendo cobijo en la Casa del Señor. Precisamente esto último es lo que hacen los protagonistas del film que hoy nos ocupa. Con la Iglesia hemos topado en… ‘Nunca fuimos ángeles’.

“Da cobijo al extraño, pues todos fuimos extraños alguna vez”

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Crítica de Nunca fuimos ángeles

Plenamente distraída y, a ratos, genial es como resulta esta comedia de enredos. Un reboot, que no remake, del film homónimo de 1955 protagonizado por Humphrey Bogart & Peter Ustinov. ‘Nunca fuimos ángeles’ supuso el debut del irlandés Neil Jordan en territorio americano. Un debut que contó con dos sobresalientes actores como protagonistas: Robert De Niro y Sean Penn. Aquí dando vida a dos imposibles hermanos, reos a la fuga y curas forzosos. ‘Nunca fuimos ángeles’ vio la luz por el empecinamiento del productor Art Linson y de Robert De Niro. Ambos encargaron el libreto a David Mamet con la idea de que este lo acabara dirigiendo. Sin embargo,  una vez escrito y entregado, Mamet prefirió ceder su puesto a Neil Jordan. Al mismo tiempo, Linson trajo a Penn al que ya había introducido enCorazones de hierro(Brian De Palma, 1989).

Estamos ante un film de evasión de los de toda la vida. Una película que se puede disfrutar plenamente de vez en cuando para seguir riéndonos con las andanzas de los imposibles padres Brown y Riley. Dos “padres” confundidos con eruditos de la Iglesia y, en realidad, unos auténticos buscavidas con no muchas luces. Dos tipos magníficamente interpretados por los dos veces ganadores del Oscar de la Academia ya nombrados: un De Niro que ya había vestido sotana junto a Robert Duvall en la muy interesante y menospreciada ‘Confesiones verdaderas’ (Ulu Grosbard, 1981). Y un despuntando Penn, poco a poco, ganándose su billete a la redención artística tras su polémico divorcio de Madonna.

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Vale la pena ahora centrarse en los aspectos positivos de la película, que no son pocos. Para empezar destaca el uso de la imagen de la Iglesia, la fe, la redención y las diferentes religiones. Todo ello dentro de un diseño de producción realmente magistral con más de dos millones y medio de dólares gastados en recrear el pueblo donde tiene lugar la mayor parte de la acción, en verdadero territorio canadiense. Un poblado que tiene todo lo que se le presupone a una aldea perdida de la mano de Dios con la Iglesia que lo corona, una típica venta, la paria del pueblo, una señora mayor altamente cascarrabias, un puente y una profunda fe cristiana en la “Virgen de las lágrimas”. Una imagen cuyo milagro es una gotera que le cae encima de las mejillas simulando que la figura llora.

Neil Jordan sabe dotar muy bien de un agradecido tono ligero todo lo que tiene que ver con la imagen de la Iglesia. Atención a las frases y sentencias supuestamente profundas y cristianas que el padre Brown (Penn) se va inventando sobre la marcha, y sobre lo que lee en folletos de rifles de caza, que causan la más absoluta perplejidad en sus compañeros. En cambio, el padre Riley (De Niro) no cesa en su empeño de buscar la manera más rápida de cruzar la frontera sin ser descubiertos. Aunque sus planes siempre acaban resultando fallidos. Esto último es un chiste recurrente durante gran parte del metraje. Así pues, cada vez que vemos a los dos protagonistas enfilar el puente hacia la frontera las risas dan comienzo, ya que que sus propias paranoias son mayores que la amenaza de unos distraídos guardias.

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Como parte del reparto encontramos a todo un habitual de los papeles cortos como villano o no acreditados: James Russo, quien interpreta al peligroso reo Bobby. Este recluso es el causante de todo el jaleo que desemboca en la fuga de Ned & Jimmy de la prisión Black Ridge, el mismo infierno en vida. Esta penitenciaria es una especie de mina para pecadores. Tipos condenados a morir deslomados por los trabajos forzosos, o a ser electrocutados por revelarse contra el tiránico alcaide. También podemos ver a Demi Moore como la repudiada del poblado, a Wallace Shawn y a John C. Reilly como un joven monje. Reilly acabará siendo un títere de las locuras del padre Brown.

‘Nunca fuimos ángeles’ fue una importante producción de 20 millones de $ abultados por el sueldo que De Niro. A pesar de su tremenda colección de medios, la película sólo logró amasar la mitad de su presupuesto. Lo más grave es que terminó superada en fama por otra comedia de muy parecida temática ‘Monjas a la carrera’ (Jonathan Lynn, 1990). Con el paso de los años gran parte de los fans de De Niro y Penn la han redescubierto pero el daño en taquilla ya estaba hecho. Los dos actores tuvieron que esperar a los 90 para que el gran público se rindiera definitivamente ante ellos con títulos tan míticos como Heat(Michael Mann, 1995) o ‘Pena de muerte’ (Tim Robbins, 1995).

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En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Nunca fuimos ángeles, una especie de placer culpable dentro de la filmografía de estos dos grandes intérpretes. De Niro y Penn buscan que el público lo pase tan bien como ellos lo pasaron filmándola. Sirve además como introducción de un director como Neil Jordan que, salvo excepciones, dio lo mejor de sí mismo en los 90. El film divierte, entretiene, y es una historia de buscavidas (y sobre encontrar tu lugar en el mundo) bastante bien hecha.

Tráiler de Nunca fuimos ángeles