Moneyball: Rompiendo las reglas
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Billy Beane y Peter Brand, acorralados por las ventas de sus jugadores franquicias, se vieron obligados a tomar decisiones arriesgadas. Decisiones que cambiarían para siempre la historia del béisbol. Es hora de romper las reglas establecidas. Llegó el momento de saltar al estadio y jugar a… ‘Moneyball: Rompiendo las reglas’.

“Es increíble lo que ignoras del juego que llevas practicando toda la vida” (Mickey Mandley)

Crítica de Moneyball: Rompiendo las reglas

Habiendo practicado diferentes deportes a lo largo de mi vida, siempre me resulta un placer visionar películas de género deportivo, ya que se prestan a exhibir en pantalla grandes hazañas y emociones. No obstante, en el caso de ‘Moneyball: Rompiendo las reglas’ tenía muy malas sensaciones. De entrada, el tema me olía a “rollazo”. El hecho de que se centrara en la figura del manager del equipo y que el deporte tratado fuera el béisbol (del que casi no tengo ni idea) tampoco ayudaba en nada a que me sintiera atraído por este film. Un film nominado al Oscar 2011 en la categoría de “Mejor Película”. Esta era la realidad.

No obstante lo anterior, he de reconocer que estamos ante una buena película. Una película que aporta una nueva visión a los films de género deportivo. Aquí no encontraremos la historia de grandes hazañas de jugadores, o entrenadores, en momentos culminantes de sus carreras. En ‘Moneyball’ lo que vamos a encontrar es el duro trabajo diario del manager general de un equipo modesto. Un gestor que tiene que luchar contra todo un sistema para poder seguir compitiendo en las grandes ligas. Así, vemos a tipos como Billy Bean trabajar en la sombra para que luego toda la gloria se la lleven jugadores o entrenadores. Esta es la realidad del duro y poco valorado trabajo de los managers. En palabras de Billy Beane: “Nos están descuartizando. Necesito más dinero”.

Sí, es cierto que la película trata sobre el mundo del béisbol, pero no menos cierto es que lo que vemos en pantalla es universal. Es decir, todo el trabajo que hace el personaje interpretado por Brad Pitt es trasladable a cualquier otro deporte de equipo, ya sea el fútbol o el baloncesto. Este mundo es igual en todas partes: equipos ricos contra equipos pobres compitiendo en las mismas ligas con la conocida regla en la que “el pez grande se come al chico”. Así las cosas, cualquiera con dinero puede poner encima de la mesa 90 millones y llevarse al Cristiano Ronaldo de turno… lo difícil es hacer un equipo que persiga un sueño contando con un presupuesto limitadísimo. Esa es la gran hazaña de Billy Bane y de su ayudante, Peter Brand.

Si establecemos comparaciones con nuestro fútbol, entonces, bien podríamos pensar en el trabajo de Monchi que convirtió al Sevilla CF en uno de los mejores equipos de España y de Europa. Un club que contaba con un presupuesto limitado y que fichaba a jugadores que casi nadie conocía… o jugadores que a otros equipos no les valían. Me refiero a los casos de, por ejemplo: Luis Fabiano, Dani Alves, Palop, José Antonio Reyes, Pablo Alfaro, Javi Navarro, Christian Poulsen, Keita, Maresca,… Futbolistas a los que luego tenía que vender porque los grandes de turno (F.C. Barcelona, Arsenal, Juventus o Real Madrid) se los llevaban.

Lo anterior es la realidad y es la misma con independencia del deporte y del país. Los grandes fichan a los mejores y los pequeños se las deben ingeniar con mil trucos para ir cuadrando presupuestos y comprar los mejores jugadores que puedan pagar. En estos casos una mala decisión o un mal fichaje pueden significar el precio a pagar entre la gloria o el fracaso. De nuevo, y en palabras de Billy Beane: “El problema es que hay equipos ricos y equipos pobres”.

Y todo lo anterior es lo que vemos en ‘Moneyball: Rompiendo las reglas’. En el film veremos cómo Billy Beane (ayudado por Peter Brand, a la sazón su particular “Maldini o Mister Chip”) se las tiene que ingeniar luchando contra un sistema que considera anticuado: los cientos de ojeadores que no ven nada, la falta de presupuesto, la testarudez del entrenador,… Un sistema que podríamos definir como “conservador” y que ya no le ofrece las soluciones que necesita para sacar adelante a su desvalijado equipo. Es la hora de innovar y de tomar decisiones arriesgadas si se quiere seguir compitiendo.

En cuanto al trabajo de filmación de la película decir que se rodó en cinco estadios diferentes, incluyendo Dodger Stadium y Fenway Park, así como Blair Field en Universidad de Estatal de California Long Beach y Stengel Field en Glendale Community College. Pero la obra maestra fue el rodaje en el Oakland-Alameda County Coliseum, la casa tanto del Oakland Athletics como del club de fútbol Oakland Raiders. El estadio de 60.000 asientos fue usado para rodar la mayoría de las escenas de los partidos de la temporada 2002 de los Athletics. Además, en el reparto se incluyeron, con más o menos minutos, a jugadores y viejos ojeadores profesionales.

Cierto es que el film podría haber sido más intenso, emotivo o tener más garra… pero lo que propone la cinta es digno de ser visto por todos aquellos que nos consideramos amantes del deporte. Esta película es muy buena. Es una cinta que da una nueva visión y desde luego que si amas el deporte en todas sus esferas debes verla. No tienes excusa.

“A todos nos llega la hora de dejar de ser niños”… Rompiendo las reglas.

El elenco está liderado por Brad Pitt dando vida a Billy Beane. La verdad es que Pitt lleva a cabo una brillante actuación. En su performance logra transmitir al espectador la “soledad” de su personaje, que sólo rompe cuando está con su hija Casey (Kerris Dorsey) o cuando analiza los datos con Peter. El actor tiene varios momentos de gran lucimiento. Por ejemplo, recuerdo la escena en la que reprocha a sus jugadores una fiesta en el vestuario después de una derrota y los pone bien firmes con una frase del tipo: “Escuchar. Así es como suena una derrota…”. Resaltar que su rol de Billy Beane estaba basado en una prometedora y real estrella del béisbol. Incitado por el fracaso de no haber demostrado en el campo todo lo que se esperaba de él, enfocó toda su naturaleza competitiva hacia el área de la dirección de equipos.

El otro gran protagonista es Jonah Hill interpretando a Peter Brand en la que resulta otra buena actuación. Lejos de sus papeles de «desfase», Hill sorprende con este cambio de registro con el que logra transmitir una gran sensación de “timidez” en su personaje. Un joven amante de las estadísticas al que el nuevo cargo de ayudante de Billy Beane le viene grande. Inolvidable es el momento en que tiene que despedir a un jugador del equipo por orden de Beane. El pobre Brand no sabe dónde meterse…

Y, finalmente, otro papel con una cierta relevancia (aunque muy menor en comparación a Pitt y Hill) fue para Philip Seymour Hoffman. El fallecido actor se ocupó de dar vida al entrenador de los A´S. Un papel que le lleva a chocar varias veces con el personaje interpretado por Brad Pitt, ya que no comparte sus decisiones ni quiere que éste se meta en lo que él considera que es su parcela de trabajo. Algo que también se da en la realidad. Recordemos, sin ir más lejos, los choques que existieron en el Real Madrid entre Jorge Valdano y José Mourinho en la época en la que ambos coincidieron en el club blanco.

En conclusión.
Puede que esta película les pueda parecer a algunos, o a muchos, un film aburrido y en cierta manera carente de la emoción que pueden tener otros films deportivos. Ahora bien, sinceramente, y desde esta crítica de Moneyball: Rompiendo las reglas, les digo que estamos ante una película que todo aquel que se considere amante del deporte debe ver al menos una vez en la vida. La visión que ofrece este film de Bennet Miller sin duda alguna lo merece. Denle una oportunidad a Billy Beane y a Peter Brand. No creo que se arrepientan.

Tráiler de Moneyball: Rompiendo las reglas