Frío como el acero
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¡Duro, muy duro… el más duro! Brian Bosworth, su inimitable peinado y su pose de buscador de problemas licenciado presentan su candidatura al top ten de policías más chulos que un ocho. ¿Pasará la prueba de fuego o se quedará en un proyecto? Toca descubrirlo en esta crítica de Frío como el acero.

“Imagínate el futuro… porque no lo vas a ver” (Stone).

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Crítica de Frío como el acero

En 1991, el antiguo jugador de la NFL, Brian Bosworth protagonizaría ‘Frío como el acero’ (Stone Cold), una de las grandes odas al cine de acción más macarra de la década. En este film, Bosworth era un poli de Alabama que mientras estaba cumpliendo una suspensión de tres semanas por insubordinación, recibía una propuesta del FBI para infiltrarse en una banda de moteros que acaba de cruzar la línea. Esa banda estaba capitaneada por Chains (Lance Henriksen) y Ice (William Fortsythe).

El director Craig R. Baxley ya había avisado de su particular visión del cine de acción en cintas clásicas de la serie B como Acción Jackson oDark Angel’, y para este film buscaba confirmar lo mostrado en aquellas elevándolo a su máxima potencia. Ahora bien, la cinta, en primera instancia, iba a ser menos excesiva y más rutinaria, esta era la visión de Bruce Malmuth (firmante de ‘Los halcones de la noche’ o ‘Difícil de matar’) que chocaba con las intenciones de Bosworth (estrella de la función)…

En este sentido, lo rodado antes de que Baxley llegara al set sustituyendo a Malmuth iba sobre “un policía con mujer e hija que mueren a manos de ‘La hermandad’. Con el paso de los años el poli regresaba para infiltrarse en la banda, destruirla desde dentro y cumplir su venganza”. Todo eso quedó desechado y se optó por una idea mucho más básica y exagerada, a saber: “el poli, de nombre John Huff, se convierte en el ex-convicto John Stone, se gana la confianza a base de curtirse el lomo con quien se le ponga por delante, y tras unos encargos de rutina se convierte en uno de los fuertes de la banda, con el apoyo de Chains y la desconfianza de Ice”.

Al parecer, el despido de Bruce Malmuth llevó consigo el desentendimiento de Michael Douglas en sus labores de producción, las cuales cedió por completo a Yorem Ben Ami, quien también fue el gran hacedor de ‘Doble impacto’ (Sheldon Lettich, 1990) protagonizada por partida doble por Jean-Claude Van Damme.

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‘Frío como el acero’ tuvo un presupuesto estimado entre 15 y 17 millones de dólares y una recaudación en cines de USA de sólo 9 millones. En 1996, por lo menos para España, se estrenó una secuela bastarda dirigida por Kurt Wimmer, su título: ‘Frío como el acero: Buscando venganza’. En realidad esto era un telefilm que nada tenía que ver con el original, sólo que Bosworth era el protagonista y la historia podía colar como continuación, con ciertas licencias en el doblaje al castellano.

Por otro lado, en 1992 se estrenaría un film con cierto parecido protagonizado por Charlie Sheen: ‘Recuerdos que matan’ (‘Fixing the Shadow’, Larry Ferguson), este film venía co-protagonizado por Michael Madsen y Linda Fiorentino. Ahora bien, también es de justicia admitir que ‘Frío como el acero’ vendría a ser una repetición del esquema narrativo de Cobra, el brazo fuerte de la Ley (George Pan Cosmatos, 1986) pero en lugar de que el protagonista huya de los malos para proteger a su testigo, va hacia ellos de forma kamikaze. Su comienzo con asalto a un supermercado 24 horas ya presenta claramente sus intenciones.

Sin lugar a dudas que con este film estamos ante una de las grandes macarradas de los años 90. Una película que uno tiene que ver sin tomársela en serio y disfrutar de las flipaciones que inundan el metraje, con momentos de enaltecimiento de la hombría realmente míticos y muertes totalmente brutales con barra libre de dinamita. Craig R. Baxley, como buen coordinador de stunt´s, se concentra más en ir hilvanando lo mejor que se le da, esto es: escenas de peleas, ambientes de bar y muertes explosivas sin contemplaciones. De esta forma, su interés por la historia es simple y se queda, como debe ser en estos films, al servicio de la acción. Su labor en general quedaría (en opinión del que esto escribe) por encima de Acción Jackson’, pero no consigue las cotas de inigualable pastiche históricas deDark Angel’, claro que en aquella tenía a dos grandes de la serie B como Dolph Lundgren y Matthias Hues en el mismo ambiente macarra, pero con poli vs un alienígena. Aquello fue su techo, ya no se podía superar.

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En realidad ‘Frío como el acero’ es un duelo de machos entre Bosworth, Henriksen y Fortsythe, los tres dan el pego como tipos duros y se lo pasan en grande, aunque siempre da la sensación de que más los dos últimos que un Bosworth demasiado serio y con un peinado inenarrable, y un notable y convenientemente explotado parecido con Bam-Bam (el de hijo de “Los Picapiedra”).

Brian Bosworth aguanta con prácticamente la misma expresión todo el metraje, tenga una mujer desnuda en la cama, o acabe de zurrarse a muerte con un gigante. Sin duda sus mejores minutos llegan en el asalto en plan un hombre solo vs un ejército, donde totalmente ensangrentado se dedica a repartir plomo sin prácticamente decir nada.
Por su parte, Lance Henriksen demuestra de nuevo que en estos papeles se engrandecía, y su caricatura de líder de banda que se cree directamente un Mesías sentenciador es apoteósica, sus one-liners son de lo mejor del film, ojo a cuando se disfraza de sacerdote porque ya es simple y llanamente el over the top.
Otro que siempre lo bordaba cuando hacía de sádico sin más era William Fortsythe, sus cara a cara continuos con el personaje de Bosworth son oro puro. Destacar también el pequeño aporte de Paulo Tocha en el rol de un boliviano que se las tendrá tiesas con Stone, al que en un momento dado le suelta: “Lo que se va, siempre vuelve”.

“Dios perdona, la hermandad no” (Chains).

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En resumidas cuentas.
Termino ya esta crítica de Frío como el acero, un monumento a la vertiente más macarra del cine de acción de los 90 que gana, sobre todo, por lo desatado de sus dos villanos: Henriksen y Fortsythe. Bosworth capitanea el asunto con una chulería que le valdría para unos fugaces años de fama.