Nunca fuimos ángeles
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La suplantación de identidades siempre ha dado mucho juego, más aún cuando esta tiene que ver con instituciones a priori imponentes como la policía, política, o con tintes religiosos, ya sean con mujeres de mal vivir haciéndose pasar por monjas (‘Dos mulas y una mujer’) o por listillos pidiendo cobijo en la Casa del Señor, esto último es lo que hacen los protagonistas del film que hoy nos ocupa: Con la Iglesia hemos topado, Bienvenidos a ‘Nunca fuimos ángeles’.

“Da cobijo al extraño, pues todos fuimos extraños alguna vez”.

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Crítica de Nunca fuimos ángeles.
Plenamente distraída, y a ratos genial comedia de enredos este reboot (que no remake) del film homónimo de 1955 (en su día protagonizado por Humphrey Bogart & Peter Ustinov) que al mismo tiempo supuso el debut del irlandés Neil Jordan en territorio americano, debut que contó con dos sobresalientes actores como protagonistas: Robert De Niro y Sean Penn, dando vida a dos imposibles hermanos, reos a la fuga, y curas forzosos.

Estamos ante un film de evasión de los de toda la vida, que se puede disfrutar plenamente de vez en cuando (no cansa su visionado) para seguir riéndonos con las andanzas de los imposibles padres Brown y Riley, confundidos con eruditos de la Iglesia, y en realidad unos auténticos buscavidas con no muchas luces. Dos tipos magníficamente interpretados por los dos veces ganadores del Oscar de la Academia ya nombrados, un De Niro que ya había vestido sotana en 1981 junto a Robert Duvall en la muy interesante y menospreciada ‘Confesiones verdaderas’, y un joven pero ya despuntando Sean Penn, poco a poco ganándose su billete a la redención artística tras su divorcio harto polémico con Maddona.

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Vale la pena centrarse en esta crítica de Nunca fuimos ángeles en los aspectos positivos de la misma, que no son pocos: el uso de la imagen de la Iglesia, la fe, la redención, las diferentes religiones… Todo ello dentro de un diseño de producción realmente magistral con más de dos millones y medio de dólares que se gastaron en recrear el pueblo donde tiene lugar la mayor parte de la acción, en verdadero territorio Canadiense. Un poblado que tiene todo lo que se le presupone a una aldea perdida de la mano de Dios; por supuesto una Iglesia que lo corona, una típica venta, a la paria del pueblo (Demi Moore), una señora mayor altamente cascarrabias, un puente, y una profunda fe cristiana en la “Virgen de las lágrimas”, cuyo milagro no es otro que el de una gotera que le cae encima de las mejillas simulando que la figura llora.

Neil Jordan sabe dotar muy bien de un (muy agradecido) tono ligero todo lo que tiene que ver con la imagen de la Iglesia, atención a las frases y sentencias supuestamente profundas y cristianas del padre Brown (Penn) que se va inventando sobre la marcha, y sobre lo que lee en folletos de rifles de caza (¡!) y que causan la más absoluta perplejidad en sus compañeros. En cambio, el padre Riley (De Niro) no cesa en su empeño de buscar la manera más rápida de cruzar la frontera sin ser descubiertos, aunque sus planes siempre acaban resultando fallidos, siendo este un chiste recurrente durante gran parte del film; cada vez que vemos a los dos protagonistas enfilar el puente hacia la frontera, las risas dan comienzo, puesto que sus propias paranoias son mayores que la amenaza de unos distraídos guardias.

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Como parte del reparto encontramos a todo un habitual de los papeles cortos como villano o no acreditados: James Russo quien interpreta al peligroso reo Bobby, causante de todo el jaleo que desemboca en fuga de Ned & Jimmy, de una prisión, la de Black Ridge que es el mismo infierno en vida, una especie de mina para pecadores, condenados a morir deslomados por los trabajos forzosos, o a ser electrocutados por revelarse contra el tiránico alcaide. Toda una prisión de ambiente infernal que parece el mismo purgatorio en vida. También podemos ver a un joven John C. Reilly, que acabará siendo un títere de las locuras del padre Brown, y al mitiquísimo actor de ‘La princesa prometida’, Wallace Shawn, sí, el de inconcebible.

‘Nunca fuimos ángeles’ vio la luz por el empecinamiento del productor Art Linson y de Bob De Niro cuya carrera en los 80s bajó algunos escalones en cuanto a calidad, sobre todo, desde su Oscar por ‘Toro Salvaje’, siendo algunos de sus trabajos muy rescatables como ‘El rey de la comedia’ o ‘Huida a medianoche’, pero teniendo que ser rescatado de una serie de films intrascendentes de nuevo por Scorsese, a rebufo del repunte de ‘Los intocables’. Linson y De Niro encargaron el libreto a David Mamet con la idea de que este lo acabara dirigiendo, pero una vez escrito y entregado, Mamet prefirió ceder su puesto a Neil Jordan, al tiempo que Linson trajo a Penn al que ya había introducido enCorazones de hierro’, como bien explicamos en el Especial 10 curiosidades sobre Sean Penn’.

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‘Nunca fuimos ángeles’ fue una importante producción de 20 millones de $, que más tuvieron que ver con el sueldo que De Niro logró sacar tras la millonada que aceptaron pagarle por ‘Los intocables’, lo cual repercutió en su caché en los siguientes años, sólo rebajado para favores en films de amigos dentro de su círculo de confianza (y esto, el que haya visto ‘Los padres de ella’, sabrá a lo que me refiero). A pesar de su tremenda colección de medios, la película sólo logró amasar la mitad de su presupuesto, y lo peor, fue superada en fama por otra comedia, más ligera, y con rostros mucho menos conocidos, de muy parecida temática de 1990, ‘Monjas a la carrera’. Con el paso de los años, las reposiciones en televisión, y el formato físico, gran parte de los fans de De Niro y Penn, han redescubierto la cinta, pero claro, el daño en taquilla ya estaba hecho. Los dos actores tuvieron que esperar a los 90s para que el gran público se rindiera definitivamente ante ellos, De Niro con El cabo del miedo’, ‘Heat’ & ‘Casino’. Y Penn (en menor medida) con su conmovedora recreación de un reo esperando ejecución en ‘Pena de muerte’ y su consolidación como cineasta de la vieja escuela americana dirigiendo largometrajes de la talla deCruzando la oscuridado ‘El juramento’.

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En resumidas cuentas.
Una especie de placer culpable dentro de la filmografía de estos dos grandes intérpretes, en donde los actores protagonistas buscan que el público lo pase tan bien como ellos lo pasaron filmándola. Sirve además como introducción de un director como Neil Jordan que, salvo excepciones como ‘El buen ladrón’, dio lo mejor de sí mismo en los 90s. Divierte, entretiene, y resulta una historia de buscavidas y sobre encontrar tu lugar en el mundo, bastante bien hecha.