Steve McQueen: Marca Registrada
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Steve McQueen

El amo de todo: Coches, mujeres y fama.

Pocos actores han sido capaces de traspasar con su mirada la pantalla como Steve McQueen, un auténtico icono universal. Amado por las mujeres y admirado por los hombres. Idealizado después de su trágica y temprana pérdida con sólo cincuenta años por culpa de un maldito cáncer. McQueen devolvió la pose de rebelde a la industria del cine y redefinió por siempre el concepto de lo cool. Y eso que a decir verdad no es que fuera un grandísimo actor, más bien era un intérprete limitado que en su marcado y masculino rostro y su imponente pose forjó una leyenda. Repasemos algunas de las anécdotas que nos dejó su vida. Bienvenidos a Steve McQueen: Marca Registrada.

Capítulo I: Las mujeres.

McQueen y MacGraw

De Steve McQueen cuentan que sobre todo que tenía dos grandes pasiones: las mujeres y los coches. Estando casado tres veces, el matrimonio de Queen que más polémica desató fue su segundo enlace con la también actriz Ali MacGraw (una mujer de una belleza perturbadora, de esas que harían perder la cabeza a cualquier hombre que se le pusiera delante) y es que la forma en como se fraguó su enlace merece ser recordada.

Ambos se conocieron durante el rodaje en El Paso (Texas) de La huida (ese clásico atemporal de Sam Peckinpah). Lo curioso del asunto, por decirlo de algún modo, es que cuando iniciaron su romance (al poco de comenzar el rodaje del film, en donde ambos compartían la mayoría de escenas) es que los dos estaban casados. Él con su primera esposa Neile Adams y ella con Robert Evans (productor, ex-actor, playboy y alma mater por aquellos años de la Paramount, para la cual produjo films de la talla de ‘Love Story’, ‘El Padrino’, ‘Chinatown’ o ‘Marathon Man’). El primero de los dos cónyuges que se enteró del romance entre ambos fue Evans como el mismo narra en el (muy recomendable y fascinante ) documental auto-biográfico ‘El chico que conquistó Hollywood’: “En 1971 yo me encontraba en París. Supervisando el doblaje de ‘El Padrino’ al francés, italiano y español. Desde allí llamé a Ali al plató de rodaje de ‘La huida’. Nadie cogió el teléfono. Al despertarme empapado en sudor después de una pesadilla volví a llamar, pero el teléfono sonó y sonó y nadie contestaba. Oh, me dije a mi mismo, no es posible. Esa misma tarde pude hablar con ella. ¿Dónde demonios estabas nena? (le dije), Me quedé dormida en el camerino… Mientes Ali (le repliqué), ¿Estabas con McQueen, verdad? Es cierto (contestó) Espérame en el El Paso mañana. Es demasiado tarde Evans (me cortó ella) hace mucho que perdiste el avión”.
“Esa misma noche volé a Texas. En el aeropuerto me recibieron mi hijo Joshua y su niñera. Pero Ali no estaba. Me registré en un hotel a 30 kilómetros de la ciudad. Y tragándome las lágrimas jugué con mi hijo durante horas. Ali llegó a las nueve de la noche. Lo último que quería era pasar la noche conmigo. Pero lo hizo. A la noche siguiente no regresó. A la mañana siguiente reuní el valor para dar la cara e ir hasta el hotel en donde Ali se hospedaba”. 

Deja que termine la película y lo piense. Hagámoslo por el bien de Joshua. “En el avión de vuelta a Los Ángeles, mire el reloj. ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Un vuelo de una hora que nunca antes había tomado, hasta que la infidelidad me hizo levantarme. Hacía meses que Ali y McQueen tenían una aventura. Pero era yo quien tenía la culpa. Ali me pidió el divorcio, y meses después se casó con McQueen. Yo pasé a ser el padre de los fines de semana”.
«Cuando una mujer te deja, no es fácil, nunca lo es. Pero cuando esa mujer te deja por el actor más grande del mundo, digamos que te sientes muy pequeño».

Capítulo II: Los coches.

Steve McQueen

McQueen era un confeso adicto a la adrenalina, amante de los deportes de riesgo, habitual prácticamente de artes marciales (fue amigo de Bruce Lee, incluso llegó a entrenar con él y estuvo presente en su funeral en 1973). Pero, sobre todo, lo que le hacía perder la cabeza eran los coches (tenía una amplia colección de todos los modelos) y las motos.
Durante el rodaje de ‘La gran evasión’ se empeñó en hacer él mismo las escenas de riesgo a bordo de la moto BMW que en un determinado momento su (memorable) personaje roba a los nazis. Si bien sólo acabó rodando los primeros planos de la misma (debido a que los productores y aseguradoras se negaron en rotundo a que hiciera las tomas de riesgo), McQueen se pudo quitar la espinita cuando el director John Sturges le ofreció la posibilidad de ser uno de los perseguidores de su personaje, cuyas acrobacias eran de menor riesgo que las suyas. De esta forma, finalmente en dicha persecución tenemos doble presencia del King of Cool (apodo con el que se conocía popularmente al actor).

No contento con su pequeño aperitivo, McQueen se propuso producir & protagonizar su propio film sobre carreras de coches. Su título, ‘Las 24 horas de Le Mans’ (1971). La cinta no pasa de ser un vehículo para el lucimiento y la diversión del actor. McQueen se encaprichó en controlar en exceso todos los aspectos del film, lo que llevó a directores del nivel de John Sturges o John Frankerheimer a desentenderse del mismo. Al final lo firmó un auténtico desconocido del oficio como Lee H. Katzin. Katzin no fue más que una marioneta a las órdenes de la estrella de la función. A pesar de tener un punto de partida novedoso y con muchas posibilidades, la cinta no pasa de ser una curiosidad /capricho de estrella.

Otra anécdota que vincula a McQueen con la velocidad no es tan agradable, y fue la que le unió con el director Roman Polanski. Según relata el firmante de ‘La semilla del diablo’, durante un fin de semana en Palm Springs y pasando unos días de relax en el rancho propiedad de Frank Sinatra (que por aquel entonces aún estaba casado con Mia Farrow y que también era gran amigo de McQueen) conoció a McQueen, el cual se ofreció a llevarle a él, a su mujer Sharon Tate y la misma Farrow a dar un paseo por las dunas a bordo del Land Roover propiedad de McQueen.
Cuando este último llegó con el vehículo al lugar en donde estaban los tres, Polanski dice que empezó a temerse lo peor cuando vio que el poderoso todo-terreno llevaba ruedas de avión (¿?). McQueen invitó a Polanski y su esposa a pasar a la parte de atrás, en donde había colocado unos colchones para que se asentaran cómodamente, Farrow se colocó en el asiento del copiloto. Así las cosas empezó el improvisado Rally de McQueen (siempre según los hechos narrados por Polanski) que comenzó a correr a toda velocidad por en medio de una oscuridad absoluta entre masas de arbustos y por encima de tremendos montículos desde donde el coche era lanzado hacia el vacío, en lo que este describe como la sensación de volar a ciegas a través de una tormenta de arena.
Al cabo de un rato de la travesía comenzaron a escucharse risitas infantiles, pero luego Polanski al oír el relato de las damas, llegó a la conclusión de que en realidad eran gritos de pánico. Aun así, el director no le dijo absolutamente nada a la estrella (pensando que puesto que era un viejo amigo de Mia y Sharon, no quería dejarlo en mal lugar en presencia de ambas) pero más tarde el ver los moratones que la escapadita por las dunas había producido en el cuerpo de Sharon, este se convenció de que McQueen era un auténtico imbécil. Esto sin embargo, no fue obstáculo para que Sharon Tate (aprovechando que su marido no se encontraba en el país) invitara unos años más tarde a McQueen a su casa, con motivo de una fiesta organizada por el peluquero de las estrellas (y a la vez amante de Tate) Jay Sebring. Da la casualidad de que en último momento McQueen no pudo asistir a la fiesta (las malas lenguas hablan de que le surgió un ligue de última hora). Sea esto verdad o no, lo cierto es que McQueen debió de sentirse renacer al día siguiente, puesto que en esa misma fiesta y esa misma noche, el (tristemente) celebre Charles Manson llevó a cabo una matanza en la casa donde tuvo lugar la fiesta. Matanza que pasó a la posteridad y conmocionó a Hollywood y al mundo. Tal tragedia se cobró siete vidas. A partir de aquel suceso McQueen se compró un arma para su protección.

Capítulo III: La fama.

Steve McQueen

En líneas generales, Steve McQueen siempre supo lidiar bien con el estrellato y nunca dio pie a escándalos, más allá de sus amoríos. Si bien, en diversos momentos de su carrera se le pudo acusar de divo (ser el hombre más deseado del planeta tiene sus peros), siempre fue un actor muy respetuoso con sus compañeros de reparto (revisó el guión de El coloso en llamas y exigió que recortaran sus líneas de dialogo para que fueran las mismas que las de Newman porque no quería ventajas artísticas, puesto que confiaba muy seriamente en sus posibilidades interpretativas para brillar por encima del primero por si solo). Además nunca rehusó compartir pantalla con actores mejor considerados en el terreno interpretativo (ahí están como muestras sus co-protagonismos con Yul Brynner, Eli Wallach, James Coburn, Dustin Hoffman o Richard Farnsworth, entre muchos otros).

Debido a su posición de privilegio en la industria Steve McQueen era siempre una de las primeras opciones para los grandes papeles en los films con pretensiones. Así fue como durante años labró una carrera de éxitos y cintas de indiscutible calidad (a pesar de ser un actor con un talento menor a contemporáneos como Paul Newman, Kirk Douglas o Marlon Brando). Papeles en films que no acabó haciendo por unos motivos u otros los hay de todos los géneros. A continuación repasaremos algunos de ellos y los motivos por los cuales no pudo interpretarlos:

1º.-Antes de co-protagonizar El coloso en llamas estuvo a punto de ser compañero de armas con Paul Newman en ‘Dos hombres y un destino’ (1969). Finalmente no pudo ser y el papel cayó en manos de Robert Redford. En 1974 se quitaría la espina rodando el anteriormente citado film del gigantesco rascacielos en llamas. Eso si, después de firmar un contrato plagado de cláusulas (el nombre de los dos actores tenía que ser igual de grande en los títulos de crédito y promoción de la cinta, ambos tenían que tener el mismo número de escenas en pantalla) y cobrando ambos el mismo sueldo.

2º.-Rechazó entre 1975 y 1980 (su época de mayor esplendor como súper-estrella) los papeles protagonistas en ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’, ‘Encuentros en la tercera fase’, ‘Carga maldita’, ‘Un puente lejano’ y ‘Apocalipse Now’, siendo esta la segunda vez que le decía «NO» a Francis Ford Coppola (antes había sido tanteado para el papel de Sonny Corleone en ‘El Padrino’).

3º.-Suya fue la idea principal para el film ‘El guardaespaldas’, el cual se convirtió en casi una obsesión personal desde 1976 hasta la fecha de su muerte en 1980. En 1992, Kevin Costner fue el protagonista del film con Withney Houston como la co-protagonista. También estuvo a punto de comprar los derechos de la obra de David Morrell “First Blood”, que luego daría pie al film protagonizado por Sylvester Stallone y que en nuestro país se tituló Acorralado‘.

Fuera del ámbito artístico, uno de los peores y más escandalosos titulares que dio McQueen fue cuando fue detenido por la policía (cuya imagen reproducimos en la foto de abajo).

Steve McQueen

Los motivos nunca fueron demasiado claros. Según algunas fuentes, la detención de McQueen pudo ser por conducir a alta velocidad o por estar en posesión de marihuana y cocaína. De todos modos, el hecho quedó como una anécdota, y un paso más allá del propio actor en agrandar su leyenda de chico rebelde.

Y esto ha sido todo por hoy desde Hollywood Boulevard. Un saludo desde Los Ángeles, con una taza de café fría y rancia en la mesa y un cigarrillo quemándome la yema de los dedos en mi mano izquierda. La vida del escritor taciturno es lo que tiene…

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