El coloso en llamas
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Si hay un género en el cine que nunca va a desaparecer es el de catástrofes. El ser humano, violento y morboso por naturaleza, siempre ha sentido fascinación por los desastres sazonados con muerte y destrucción. Y la industria del cine hace tiempo que se dio cuenta del filón que esto representaba. Desde películas ya memorables como ‘Cuando los mundos chocan’ o ‘Meteoro’ hasta otras más actuales como ArmageddonoEl día de mañana, si algo caracteriza a este tipo de películas es la lucha incansable por sobrevivir a una muerte aparentemente inevitable. Concretamente hay una que desde bien pequeño me causó una honda impresión ya que era algo que podía ocurrir perfectamente en el mundo real. Bienvenidos a ‘El coloso en llamas’, una superproducción incombustible y todo un icono del género.

“Un día de éstos van a morir 10.000 personas en esas ratoneras y yo seguiré tragando humo, sacando cadáveres hasta que alguien nos consulte para construirlos”.-O’Hallorhan.

El coloso en llamas

Crítica de El coloso en llamas.
Quizás el nombre de Irwin Allen no le suene a mucha gente, pero si digo que dirigió ‘La aventura del Poseidón’ la cosa ya cambia. Fue una película que dos años antes había fascinado al público narrando el trágico naufragio de un trasatlántico y las vicisitudes de los supervivientes por salir vivos de él. Una película que en el año 2006 vio su remake de manos de Wolfgang Petersen bajo el título dePoseidon‘. ¿Podría superarse el espectáculo ofrecido con dicha película?… La respuesta la tenemos aquí, ‘El coloso en llamas’ es una superproducción que, por méritos propios, se ha convertido con los años en el mayor clásico dentro del cine de catástrofes. Y es que no podemos olvidar que con esta película se consiguió aglutinar a algunos de los mayores astros del celuloide, empezando por la díscola pareja rival formada por Steve McQueen y Paul Newman, los cuales aceptaron participar siempre y cuando sus nombres salieran en los créditos iniciales al mismo tiempo. Y al lado de estas dos superestrellas se reunió un plantel de actores salidos tanto del cine como de la televisión, en un esfuerzo por convertir esta producción en una glamourosa aventura, entre ellos y por ejemplo, los otros dos nombres importantes del póster: Faye Dunaway y William Holden como Jim Ducan, uno de los “ideólogos” de la torre.

La premisa es muy sencilla: un edificio en llamas que amenaza con achicharrar vivos a sus ocupantes y la incansable labor de los bomberos para tratar de rescatarlos del infierno. Sencillo y directo, aparte de estar lo suficientemente bien llevado para que el invento pueda alargarse casi tres horas. ¿Cómo? con la receta perfecta en este tipo de películas, que no es otra que conseguir la empatía del público.

Steve McQueen

En efecto, lo que fácilmente podría haber sido un metraje de hora y media se alarga hasta casi el doble mediante la inclusión en la trama de pequeñas historias paralelas que ayudan a despertar la simpatía o aversión del espectador hacia los personajes. Eso sí, sin caer en excesos como ocurriera en películas como ‘Aeropuerto’, donde dichas historias tenían demasiado peso. Y es que lo vital en este tipo de películas no es cómo se inicia el incendio o cómo se apaga, ni siquiera conocer la vida y milagros de las víctimas. No, lo realmente importante es cómo muere la gente y, sobre todo, saber liquidar al personaje apropiado para lograr sacudir al público en sus asientos. En ‘El coloso en llamas’ se contrató a dos directores: Irwin Allen se encargó de rodar las escenas de acción mientras John Guillermin se centraba en el resto del metraje. En este aspecto, los directores juegan de forma inteligente con los sentimientos que despiertan los protagonistas: el vejete que se enamora de la ricachona, el chorizo que trata de escapar de las llamas, el mártir que consigue salvar a la chica a costa de dejarse el pellejo… Pequeños episodios que unidos consiguen convertir el incendio en un trágico escenario de corruptelas y cotilleos donde el espectador se siente como pez en el agua. También es interesante destacar que los personajes mueren en función del caché del actor. Es decir, cuanto mayor es el caché más tiempo vive el protagonista. A fin de cuentas no olvidemos que en los años setenta es lo que se llevaba, eran otros tiempos y además el bueno ganaba y el malo perdía.

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Es evidente que la intención no era conseguir una película afianzada en soberbias interpretaciones y en un guión magistral. Simplemente se buscaba lo mismo que los productores, una cinta catastrofista de acción y suspense donde los momentos de angustia y sacrificio se sucedieran cuánto más seguidos mejor para deleite del público. Y creo que lo consiguieron con creces, respaldados por unos efectos visuales superiores incluso a otras películas como ‘Terremoto’. Unos efectos que dan perfectamente el pego, ya que en resumidas cuentas sólo se trataba de quemar decorados y achicharrar especialistas, pero que no caen en los excesos de hoy en día. Es lógico pensar que el trabajo de los actores refuerza el conjunto, no en vano hablamos de profesionales de primer nivel. Pero la verdad es que aportar el talento necesario para poder interpretar estos papeles no debió suponer demasiado esfuerzo para McQueen y Newman, dos actorazos ya consolidados que se subieron al tren con la única intención de hacer caja pero que desprendían una evidente química. Los demás están también a la altura, aportando su buen hacer en la medida de lo posible, ya que repito que lo interesante en esta película es disfrutar de los momentos de tensión y hacer quinielas acerca de quién será el próximo en palmar. Por cierto, caso curioso el de Fred Astaire, que con esta película consiguió la única nominación al Oscar de toda su carrera.

El guión corrió a cargo de Sterling Silliphant, que ya había colaborado con Irwin Allen en ‘La aventura del Poseidón’, y está basado en dos novelas bastante parecidas. Los derechos de una de ellas, ‘The Tower’, fueron comprados por la Warner; la otra novela, ‘The Glass Inferno’, era adquirido por el propio Irwin Allen. Al final se decidieron a hacer un mix entre las dos, tomando ideas de una y de otra para componer el guión. La verdad es que no es una maravilla y se resiente de ciertos fallos, pero consigue enlazar las diferentes escenas sin atropellos y manteniendo el interés en la mayor parte del tiempo. La banda sonora es sin duda un apartado memorable, sobre todo el tema principal compuesto por John Williams, aunque el compositor consigue un magnífico climax hacia el final.

Paul Newman

Conclusión.
No descubro nada nuevo si digo que el cine de catástrofes se apoya principalmente en los efectos visuales, algo que ha ido a más con los años y que siempre le ha lastrado a la hora de ser valorado por la crítica. Y esta película no es una excepción, ya que mientras el drama y las situaciones personales de los personajes son de agradecer, lo realmente importante son las dos horas de lucha desenfrenada contra el fuego. Escaleras que se derrumban, personas envueltas en llamas, rescates imposibles, ascensores colgantes… Un compendio de situaciones trágicas que sin duda nos mantienen pegados a la pantalla y que consiguen mantener vivo nuestro interés pese a ciertos altibajos. No puedo acabar esta crítica de El coloso en llamas sin decir que sentarse a ver una película de este tipo implica cierto sacrificio. Un sacrificio que pasa por perdonar ciertos fallos de interpretación y de guión en beneficio de la acción y el despliegue visual. No seré yo quién diga si este tipo de cine es mejor o peor, pero no hay duda de que ofrece diversión asegurada para los que sean capaces de disfrutar de lo que ofrece. Ver ‘El coloso en llamas’ significa viajar en el tiempo a una década donde el cine de catástrofes alcanzó su máximo exponente. Lo único que hay que hacer es sentarse con un buen bol de palomitas y disfrutar del espectáculo.