Juana de Arco de Luc Besson
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Estamos en el siglo XV y sólo un milagro puede salvar a Francia del yugo inglés. Un milagro en forma de una niña que fue todo un símbolo de fe, valor y fuerza. Una niña tachada de fanática y hereje pero también reconocida como Santa. Hubo una época, un tiempo en el que una niña habló con Dios. Esa niña fue… ‘Juana de Arco de Luc Besson’.

“Sólo quiero que los ingleses ardan en el Infierno por siempre jamás” (Juana)

Crítica de Juana de Arco de Luc Besson

Jeanne d’Arc (1412-1431), la popularmente conocida en España como “Juana de Arco”, es una de esas figuras icónicas de la historia de la que se han vertido ríos de tinta. En el ámbito del espectáculo son innumerables las referencias a la Santa tanto en teatro, televisión como en cine. En este último arte quizás la más famosa sea la versión encarnada por Ingrid Bergman en ‘Juana de Arco’ (Victor Fleming, 1948). Por su parte, Luc Besson, el gran cineasta francés de los últimos tiempos, no podía dejar de rodar su propia versión. Para ello reclutó a Milla Jovovich, por aquellos tiempos su esposa, y la convirtió en la icónica figura en el film que hoy nos ocupa. Tanto Besson como Jovovich ya habían saboreado juntos las mieles del éxito en ‘El quinto elemento’ (1997) y con su ‘Juana de Arco’ volvieron a por más.

Como es habitual, el propio Besson escribió el libreto intentando ser lo más fiel posible a la tradición pero con sus toques habituales, entre ellos ciertos golpes de humor. Como curiosidad resaltar que Juana de Arco no sabía leer ni escribir. Sin embargo, parece que llegó a aprender a firmar. Precisamente es el estilo de las letras de esa firma la que se usó para elegir el rótulo del título de la película. También hay que destacar que en la parte del juicio se reproducen casi literalmente diálogos que tuvieron lugar realmente. Estas frases pudieron ser incorporadas por Besson gracias a que se han conservado en los archivos históricos.

Un acierto muy claro del libreto de Besson es situarnos rápidamente en el contexto histórico. Para ello se vale de una introducción explicativa de la situación en 1420 gracias a un texto y un mapa. De ahí, el guión nos lleva a conocer la infancia de Juana en la que ya queda reflejada su incansable fervor religioso. Posteriormente se produce un salto temporal que nos lleva directamente a la presentación de Juana ante Carlos VII. En adelante la historia va reproduciendo los principales acontecimientos de su vida hasta concluir en el juicio amañado que dictó su final.

La dirección de Luc Besson es de nivel top con un dinamismo y agilidad en la narración digna de aplauso. La película tan sólo pone una marcha menos, de manera lógica, en la parte del “proceso judicial”. Los 85 millones de coste lucen en pantalla hasta el último dólar. Nada más hay que ver la recreación de los castillos y los entornos, o el vestuario con las armaduras y las cotas de malla para nada impolutas. La película llevó unos seis meses de producción y fue rodada entre Francia y la República Checa.

Respecto a las batallas, el lucimiento de Besson es total sabiendo mover y colocar la cámara sin ningún tipo de “espasmos”. En pantalla presenciaremos asedios a castillos, peleas espada en mano, catapultas, “puercoespines”… Además, el realizador francés no se corta y nos ofrece decapitaciones, amputaciones de miembros, sangre, barro, aceite hirviendo,… en fin, todo el salvajismo que imperaba en la época medieval. Para muestra del nivel de detalle valen estos datos de la batalla de Orleans (1429) en la que se emplearon 1500 extras, 1700 cascos, 900 pares de guantes y 2000 pares de botas. En definitiva, un trabajo que te lleva a una época en la que el cine era “de verdad”.

La banda sonora la puso el francés Eric Serra, colaborador habitual de Luc Besson. El compositor consigue una gran score trabajando con la orquesta de Londres. En la misma mezcla sintetizadores con música clásica, orquestas y coros. El resultado son unos pasajes musicales épicos, religiosos, misteriosos y expectantes que cuadran a la perfección con las imágenes de Besson. Destacar que en los créditos finales podremos escuchar el tema “My heart calling” interpretado por la artista israelí conocida como Noa.

“No esperemos milagros”. La dama blanca.

La auténtica líder del film es Milla Jovovich encarnando a Juana de Arco. A nivel personal creo que estamos ante una de sus mejores interpretaciones. La gama de sentimientos que Jovovich saca a relucir es total. La veremos en éxtasis, nerviosa hasta más allá del límite, fanática, autoritaria y firme pero también hundida y dubitativa. Ahora bien, por encima de todas estas características sobresale su temperamento y carisma. Características estas que la convierten en toda una líder a la que, sin duda, seguiríamos a la batalla. En este sentido, ojo a la firmeza de todos los discursos que lanza sin titubear y creyendo realmente lo que dice. Y todo rodeada de hombres rudos y curtidos en mil batallas. Jovovich da a su Juana un halo superior. Verla a caballo con armadura y portando el estandarte blanco ya te vale por toda la película.

Escoltando a Milla Jovovich tenemos a “los tres mosqueteros de Juana”. Me refiero a Aulon, Gilles de Rais y La Hire. Este peculiar trío es interpretado por Desmond Harrington, Vincent Cassel y Richard Ridings. El primero entrega a un joven y educado arquero que parece estar enamorado de Juana. El segundo recrea al típico sanguinario que disfruta con la batalla y que trata de hacer ver a Juana que, a lo mejor, no todo es cómo ella lo ve. Por último, Riddings retrata al típico botarate orondo como un oso que quiere a la Santa como a su propia hija. Los tres actores tienen una caracterización e interpretaciones muy notables siendo el complemento perfecto para Jovovich. También es justo destacar a Tchéky Karyo como el capitán Dunois, un hombre que no cree en los milagros de Juana. Suya es la frase: “No esperemos milagros”.

Entre los nobles franceses destacan dos nombres importantes: En primer lugar tenemos a John Malkovich interpretando a Carlos VII, el delfín de Francia. El famoso actor se luce con un personaje que le da pie a poner todas las caras y expresiones posibles. Al final retrata a su personaje más cómo un político traidor que como un rey. En segundo lugar nos encontramos con Faye Dunaway como la suegra de Carlos VII. Lo cierto es que Faye no sale mucho pero marca cada aparición suya con una personalidad tremebunda y controladora reforzada por su estrambótico vestuario negro que la hace parecer casi un monstruo.

De los nobles y soldados ingleses cabría destacar la presencia y personalidad de actores como David Gant, Robert Goodman, Vincent Regan y Phil McKee. Cada cual a su estilo (noble o guerrero) llena por completo a su personaje. Muy bueno es también el papel y la presencia de Timothy West como Cauchon, el grueso y rico obispo que trata de salvar a Juana de los ingleses. Por último es obligatorio citar a Dustin Hoffman en un rol que genera dudas y desconcierto en Juana. El personaje de Hoffman como tal sólo existe en la mente de la joven menoscabando su fe y haciéndola replantearse todo lo vivido. La interpretación de Hoffman es intencionadamente hierática e imperturbable, casi como una estatua parlante. Para terminar el repaso al elenco, si se fijan bien podrán ver a Toby Jones como uno de los inquisidores de la farsa que organizan los ingleses como juicio.

“Que Dios perdone tu blasfemia. Yo no lo haré. No lo haré” (Juana)

En conclusión.
Termino esta crítica de Juana de Arco de Luc Besson, una película a la altura de las grandes producciones medievales de las décadas 70, 80 y 90. Un film en el que todos y cada uno de sus apartados brillan a un nivel altísimo. Si usted, tal y como es mi caso, disfruta con el cine “de verdad” y alejado del CGI, debería considerar el darle una oportunidad que, sin duda, merece.

Tráiler de Juana de Arco de Luc Besson