Ghost Rider: Espíritu de venganza
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Si el mayor problema de ‘Ghost Rider’ (2007) fue su innegable tono juvenil, light y falto de tensión y de garra, con esta nueva adaptación se intentaron corregir los errores del pasado. Aquí se nos ofrece una mejor aproximación al “Motorista Fantasma” del cómic. Además se nos deleita con unos efectos especiales superiores a los del primer film. Ghost Rider: Espíritu de venganza’ enmienda, en parte, el anterior trabajo de Mark Steven Johnson. Esta cinta creo que puede gustar tanto a los detractores como a aquellos que toleraron la primera adaptación cinematográfica de este siniestro superhéroe Marvel.

Ghost Rider

Crítica de Ghost Rider: Espíritu de venganza

Cuando comenté la primera adaptación a la gran pantalla deGhost Rider de la mano de Mark Steven Johnson (en esta ocasión en labores de productor ejecutivo) expuse que, a pesar de tratarse de un film entretenido y por momentos espectacular, pecaba de ser una propuesta excesivamente infantil y descafeinada. La película convertía al personaje (interpretado por un sobreactuado Nicolas Cage) en una parodia de sí mismo. A ello le sumábamos unos efectos especiales que, si bien resultaban bastante convincentes, se antojaban ligeramente mediocres en lo referente a la visualización de la calavera llameante. En consecuencia, todo eso y algo más provocó que tuviéramos como resultado un simple producto divertido y palomitero. Un film alejado del verdadero universo y esencia del “Motorista Fantasma”.

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Para empezar, hay que aclarar que ‘Ghost Rider: Espíritu de venganza’ no es una secuela en el sentido más estricto de la palabra. Esto ya se dejaba entrever a tenor de las informaciones difundidas desde antes de su estreno en cines. Sin embargo, nos encontramos ante una evidente continuidad con respecto a la adaptación anterior. Por ejemplo, nuevamente tenemos la presencia de un más convincente y comedido Nicolas Cage en el reparto repitiendo el papel de Blaze. Así pues, esto quiere decir que la película pretende ser más bien un híbrido entre secuela y re-interpretación del personaje que un reboot absoluto.

Aquí ocurre algo así como ya sucedió con El increíble Hulk (Louis Leterrier, 2008), cinta que básicamente comenzaba donde lo dejó la anterior… pero que, al mismo tiempo, narraba en su prólogo un origen distinto del personaje y se alejaba por completo del estilo de aquella. Esta estrategia también es usada por Neveldine y Taylor para este ‘Ghost Rider’. Así pues, tras unos instantes iniciales donde se nos narra (de un modo bastante original y atractivo) este nuevo nacimiento del motorista fantasma, nos encontramos con una película ambientada temporalmente unos años después desde que Johnny Blaze contrajera su maldición. La cinta logra alejarse así y casi en su totalidad del estilo light y concepto de la película de 2007.

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En esta ocasión, David S. Goyer, que repite labores de guionista, dota al relato de un tono mucho más oscuro y siniestro. El guionista consigue que esta nueva adaptación sea bastante más cercana al personaje de las viñetas y de su verdadera mitología. De hecho, esta visión más oscura del motorista procede de la miniserie de cómics ‘Ghost Rider: Autopista al infierno’, que la película toma como referencia. Destaca como en este film todas y cada una de las intervenciones del “motorista fantasma” resultan verdaderamente imponentes y contundentes. Eso sí, nunca sin dejar de lado ciertos aspectos de humor negro (que nunca paródico) y violencia (aunque menos de la deseada). Aspectos estos de los que hacía gala la citada miniserie de cómics.

Teniendo en cuenta lo anterior, tenemos entre manos una cinta mucho mejor que la primera versión. Un film más fiel y mejor adaptado de lo que fue su predecesora. Aunque, insisto, se echa en falta algo más de violencia, sobre todo, teniendo en cuenta que la película vino firmada bajo el sello de Marvel Knights, productora que ya se hizo cargo de la ultra-violentaPunisher: War Zone (Lexi Alexander, 2008).

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Uno de los puntos fuertes de la película son sus efectos especiales. Resulta cuanto menos curioso que, con un presupuesto de 75 millones de dólares, los efectos digitales resulten notablemente más creíbles y convincentes que los de la primera cinta, la cual rondaba los 110 millones de presupuesto. Y aunque el 3D resulta bastante prescindible, las secuencias de acción (y todas aquellas en las que aparece la calavera en llamas) son notablemente superiores en lo referente a credibilidad y realismo. Si en la primera ocasión la calavera ardiente dejaba bastante que desear (en determinados momentos) en esta “secuela” el nuevo motorista fantasma luce como un verdadero espectro infernal de ropa y calavera chamuscadas debido a las llamas. Además, su cráneo calcinado goza de un aspecto infinitamente más verosímil y poderoso.

Este rediseño también resulta aplicado a la motocicleta de Blaze. La moto para nada resalta en la pantalla por su elegancia y belleza (como sí sucedió con al anterior). En esta ocasión destaca por su estilo sucio, tétrico y quemado. También el fuego acapara un alto grado de protagonismo. Esto es algo que también se echaba de menos en el film de Johnson y que queda patente en la secuencia nocturna más espectacular de la película.

Como apuntes más negativos del asunto nos encontramos con su guión. Un script quizás excesivamente plano y simple pero mucho más serio y adulto que el libreto del primer Ghost Rider. También resaltar que aquí nos encontramos ante una banda sonora un tanto aparatosa y molesta en determinadas secuencias. Respecto a las 3D decir que no aportan nada verdaderamente nuevo.

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Espíritu de venganza’ fue filmada en Europa del Este, siendo esto clave a la hora de ahorrar gastos. Recordemos que rodar en esos territorios es mucho más económico que hacerlo en EEUU. No obstante, y aunque con esto tengamos la impresión de que podamos estar ante un film menos comercial y vistoso, lo cierto es que no se resiente en absoluto con el recorte presupuestario. Tampoco la hace de menos el cambio de ambientes y localizaciones. Para todos aquellos amantes del puro blockbuster de Serie A, ‘Ghost Rider: Espíritu de venganza’ se acerca más a la Serie B que al ya habitual modelo de “cine palomitero” de mayor rango comercial. Esto es lógico si tenemos en cuenta que el motorista es un personaje de menor status en el Universo Marvel. Así pues, encaja mejor en un film más modesto como el presente que en una pretenciosa superproducción.

En el reparto encontramos a gente como Ciarán Hinds, Idris Elba o Christopher Lambert. Este último en un papel tan curioso y extraño como su look. El villano de la función es Johnny Whitworth que interpreta a Roarke Carrigan, un malo con mucha más entidad y presencia que el Blackheart de la “primera parte”.

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En resumidas cuentas.
Concluyo esta crítica de Ghost Rider: Espíritu de venganza, los que quedaron altamente defraudados con la primera película verán en esta segunda entrega un remiendo más que interesante y decente. Y si os gustó la primera (a pesar de ser conscientes de sus limitaciones) esta “segunda” os gustará aún más. Que los detractores de la descerebrada ‘Crank’ (2006) no se alarmen porque en esta ocasión los realizadores Mark Neveldine y Brian Taylor saben contenerse y alejarse de las parafernalias y excesos de aquella. Afortunadamente.

Tráiler de Ghost Rider: Espíritu de Venganza