Excalibur
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La edad oscura. La tierra estaba dividida y sin un rey. En esos siglos lejanos surgió una leyenda: la del mago Merlín, la llegada de un rey, la de la espada del poder… En 1981 el director y guionista John Boorman alcanzó la máxima cima de su carrera al forjar ‘Excalibur’.

“Admirad la espada del poder: Excalibur. Forjada cuando el mundo era joven y pájaros y bestias y flores eran como el hombre… y se tenía a la muerte por un sueño” (Merlín)

Crítica de Excalibur

John Boorman llegó a la dirección de ‘Excalibur’ después del desastre que le supuso ‘El exorcista II: El hereje’ (1977). Esa secuela del mítico e insuperable film de William Friedkin prácticamente enterró el crédito de Boorman en Estados Unidos. El director inglés necesitaba un golpe de efecto y pensó en rodar ‘El señor de los anillos’. Al descartarse esa opción se centró totalmente en el mito artúrico. Sin embargo, y tras el estreno un 10 de abril de 1981, las cosas no mejoraron y ‘Excalibur’ no fue aceptada ni por crítica ni por público. Curiosamente, y como suele suceder con las grandes obras, fue a posteriori cuando la película recibió todo su reconocimiento. En esta línea, ‘Excalibur’ se alzó como todo un film de culto y el cenit de John Boorman como director.

La película es una obra absolutamente personal de Boorman que llegó a rodar un montaje de más de 180 minutos. Finalmente, el corte definitivo se estableció en 140 minutos. La película combina la luz y la oscuridad a todos los niveles. No hay más que ver el contraste del comienzo con la oscura traición de Uther y la luz y la esperanza que luego supone ver a Arturo sacar la espada de la roca. Así las cosas, Boorman va alternando sentimientos y hechos positivos con otros negativos, muy negativos. La cúspide de ambos tendrá lugar en el tramo final con varios e importantes sucesos que no desvelaré.

En la filmación destaca mucho la apuesta de Boorman por los ambientes y escenarios naturales de la República de Irlanda. Los bellos bosques de lugares como los condados de Wicklow, Kerry y Tipperary resaltan todavía más el carácter fantástico y medieval de la producción. Sobresale especialmente el color verde de los árboles, la hierba, el musgo… atención a las escenas de amor en el bosque y a la partida de Arturo y sus hombres para la batalla final con la tierra renaciendo a la belleza. Además resulta imposible no fijarse en el verde fluorescente que vemos en Excalibur, la espada, y en su mágico reflejo. Todo esto conseguido con varias escenas iluminadas a contraluz.

Otro aspecto sobre el que me gustaría llamar la atención son las armaduras que veremos en la película. En esta cinta se sienten verdaderamente pesadas, tal cual debía ser en la realidad. Esto da lugar a unos combates muy toscos y realistas con los actores y especialistas teniendo los movimientos muy limitados. También destacan las variantes de las armaduras: sucias y tétricas, resplandecientes (las de los caballeros de Arturo) e incluso la fastuosa armadura dorada que lucirá Mordred. Todas ellas fueron realizadas por Terry English, un armero británico. English llegó a usar reflectores para dar el máximo brillo a las armaduras de los caballeros y a la “virginal” de Lanzarote.

El guión también fue obra del propio John Boorman con la colaboración de su amigo Rospo Pallenberg. Ambos adaptan, a su manera, la obra ‘La muerte de Arturo’ escrita por Thomas Malory (1416-1471). El citado libro recogía las historias propias de Malory y también las ajenas sobre la leyenda del Rey Arturo. Toda esta mitología se plasma en el guión a través de un sinfín de diálogos antológicos sobre el honor, la mística, los reyes, la magia, la sociedad,… Incontables son las frases que escucharemos y que son dignas de repetir una y otra vez. Presten mucha atención a las palabras de Merlín que ligan el destino del propio Arturo a la tierra que gobernará. Unas palabras que resultarán claves, sobre todo, en el tramo final cuando su secreto le sea revelado al caballero Perceval.

Naturalmente, la práctica totalidad de elementos de las leyendas artúricas están en el film. Aquí presenciaremos la aparición de Excalibur, la espada en la piedra, la coronación de Arturo, Camelot y la mítica tabla redonda. También nos fascinaremos con la manifestación de la Dama del Lago, la maldición de Lanzarote, la rivalidad entre Merlín y Morgana, la búsqueda del Santo Grial o el destino final del propio Arturo. Todo esto perfectamente unido y expuesto en pantalla de manera totalmente natural. No creo que haya libreto más completo sobre todas estas historias reales o míticas que el escrito por John Boorman y Rospo Pallenberg.

En la banda sonora encontramos a Trevor Jones en la que fue su primera partitura importante para cines. Su trabajo es otro apartado del film que merece sendos párrafos al margen y que alcanza la excelencia. Su música es sublime, operística y majestuosa con un tema principal y final grandiosos. Las notas del compositor llegan a emocionar al espectador con su épica, mística, belleza y memorabilidad. También encontraremos aquí pasajes sensuales y fantásticos que acentúan todavía más la experiencia musical.

Para conseguir todo lo anterior, Jones contó con la colaboración de la Orquesta Filarmónica de Londres y con los coros de la Radio Orquesta Sinfónica de Leipzig para recrear las míticas obras de toda una leyenda como Richard Wagner (1813-1883). En consecuencia, la score de ‘Excalibur’ es una total pieza de coleccionista. Una BSO equiparable o superior en belleza y calidad a la que compuso Basil Poledouris paraConan, el bárbaro (John Milius, 1982).

“Aquel que arranque la espada de la piedra se proclamará rey”. El primer caballero.

En el reparto lo primero que hay que aplaudir es la excelente labor de maquillaje que logra que varios actores pasen por diferentes etapas de la vida. Este es el caso de Nigel Terry. El actor tenía 35 años cuando encarnó a Arturo y, sin embargo, pasa perfectamente por un jovenzuelo, un rey maduro en su esplendor y, finalmente, un monarca deprimido y enfermo. Al margen del maquillaje, gran trabajo en todas estas etapas por Nigel Terry. A su lado está casi siempre Nicol Williamson, un auténtico roba-escenas en su rol de Merlín. Su sabiduría, excentricidad, repertorio de grandes frases y choques con Morgana le hacen sobresalir. Y hablando de Morgana… a esta la encarna una sembradora de cizaña y poderosa Helen Mirren. Atención a su tramo final como una auténtica tigresa (con rugido y todo) vestida con su propia armadura.

La pareja del film es, sin duda, la formada por Nicholas Clay y Cherie Lunghi en sus roles de Lanzarote y Ginebra. Su irresistible amor será el detonante de la depresión de Arturo y, en consecuencia, del hundimiento de Camelot. Tanto Clay como Lunghi destacan mucho la primera vez que aparecen en pantalla. Él con su blanca armadura y desafiando a los caballeros de Arturo con su maldición de invencibilidad. Y ella, escudo en mano, luchando al lado de su padre en la defensa de su castillo. Ojo también a cuando los vemos en la parte final absolutamente irreconocibles.

En el resto del casting encontramos nombres muy reconocidos en papeles más o menos importantes y breves. Patrick Stewart es Leondegrance, un corajudo caballero y padre de Ginebra siendo el primero en ponerse a favor de un joven y desconocido Arturo. Por su parte, Gabriel Byrne carga con el desagradable papel de Uther, el rey que mancilla su honor y su legado por un momento de lujuria. Liam Neeson aparece como Gawain, el caballero que acusa a Ginebra de adulterio influenciado por Morgana. Para Paul Geoffrey va el muy agradecido rol del noble y valiente Perceval. Y, finalmente, Ciarán Hinds debutó aquí con una breve aparición encarnando a Lot, un furioso y barbado caballero opuesto a que Arturo reine.

“Has hecho pedazos lo irrompible. Has roto la esperanza” (Merlín)

En conclusión.
Concluyo esta crítica de Excalibur, la auténtica obra maestra de John Boorman y pieza ineludible del mito del Rey Arturo. Si no la han visto todavía sepan que se están perdiendo un espectáculo cinematográfico y “operístico” de primer nivel. Una cinta que nunca debe caer en el olvido porque como diría Merlín: “la perdición del hombre es el olvido”.

Tráiler de Excalibur