Eddie el Águila
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En los JJOO de invierno de Calgary 88 destacaron dos hazañas que pusieron de manifiesto el verdadero significado por el que fueron creados los Juegos modernos. Unos juegos surgidos gracias al impulso del Barón de Coubertin. Esas hazañas fueron la del equipo jamaicano de bobsleigh y la de un tipo llamado… ‘Eddie el Águila’.

“Lo más importante del deporte no es ganar, sino participar. Lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo” (Pierre de Coubertin)

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Crítica de Eddie el Águila

Esta película está basada en la historia real de Michael «Eddie» Edwards, un inglés que para nada daba el pego como atleta. Hablamos de un tipo bajito, fuera de forma, muy torpe y con una gran miopía que le condenaba a llevar siempre las gafas puestas. Sin embargo, Eddie tuvo un sueño y luchó al máximo por ello. Eddie quería ser olímpico y competir en la espectacular y arriesgada disciplina de los saltos de esquí. El resto de su historia la podéis ver en esta película que viene a ser un biopic muy amable, divertido y entrañable sobre su figura.

Como easter-egg relevante decir que en un momento del film se puede escuchar por una radio una breve referencia al equipo jamaicano de bobsleigh. Un peculiar equipo que también puso la nota exótica en los JJOO de Calgary 88. Su historia fue recreada en la cinta ‘Elegidos para el triunfo’ (Jon Turteltaub, 1993).

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Con respecto al libreto del film, escrito por los novatos en estas lides Sean Macaulay y Simon Kelton, no hay mucho que contar. Salvo presentarnos la vida de Michael Edwards, todo lo demás ya lo hemos visto muchas veces. Ya sabéis a lo que me puedo referir: la historia de un hombre ninguneado por todos y por su propio físico que, sin embargo, se alza por encima de los obstáculos y trabas en pos de conseguir su sueño.

El toque de originalidad lo pone el hecho de centrar la trama en el mundo del esquí y de los JJOO de invierno. De esta forma, seremos testigos de los esfuerzos y entrenamientos de Eddie para ir superando barreras deportivas (15 metros, 40 metros,…) y barreras impuestas por su propio comité y compañeros olímpicos. En este sentido, el film es una delicia porque el personaje de Eddie realmente te llega y sufrimos con él todos sus avatares. Es un tipo tan inocente, ingenuo y puro que quieres por encima de todo verlo conseguir su sueño.

En la dirección hay que llamar la atención al respecto de lo bien trabajada que está la película en todos sus aspectos. Detrás de las cámaras sobresale así la labor de Dexter Fletcher, un actor metido a director que ya cuenta (contando esta) con cuatro películas en su haber. Sobre todo, destaca lo bien que se han rodado los saltos de esquí desde muy diferentes perspectivas: el vértigo de la subida, las vistas desde abajo, las tomas desde el casco del saltador o las tomas aéreas. Bien, muy bien.

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“¿Cuál es la paradoja del salto?”… ¡Bienvenidos a Calgary 88!

Dos son los protagonistas exclusivos de la propuesta. En primer lugar tenemos a Taron Egerton convirtiéndose en Michael Edwards alias Eddie “el Águila”. Taron lo recrea de manera muy notable entregando un personaje cuya tremenda ingenuidad (rayando algún tipo de “deficiencia”) gana por completo al espectador. A esto también ayuda mucho el hecho de que el realizador, Dexter Fletcher, nos lo muestre ya desde pequeñito con sus obsesiones olímpicas.

Para prepararse para el papel, Taron se reunió con el verdadero Eddie, lo que le ayudó a perfilar su interpretación. “Eddie es un tipo afable, muy razonable y agradable. Es muy optimista y está centrado. Hay aspectos de Eddie que son verdaderamente heroicos”. Además, el joven actor también aprendió a esquiar y así poder imitar las posiciones necesarias para el salto de esquí: desde la posición de descenso (la primera posición que adopta el saltador de esquí mientras baja por la rampa) hasta la posición de despegue y la «telemark» (que permite al saltador aterrizar con un pie delante del otro).

Por su parte, Hugh Jackman interpreta a Bronson Peary, un antiguo saltador americano cuya carrera quedó “congelada”. Jackman es un actor que llena la pantalla con su sola presencia. Esto es algo que una vez más queda patente cuando lo vemos por primera vez en el film bajando de un quitanieves en vaqueros y botas de cowboy. La pareja que logra formar junto a Taron Egerton es genial. Vale que son personajes típicos (el alumno torpe y novato, y el “entrenador” acabado) pero lo cierto es que ambos intérpretes saben dotar muy bien de alma a sus personajes (dos perdedores de la vida) y logran conectar entre ellos sabiendo transmitir toda su química al público. Resaltar que Bronson Peary no existió en la realidad. Es un personaje ficticio creado para la película siendo un resumen de los diferentes entrenadores que tuvo Eddie en pos de su sueño.

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Otros intérpretes con cierta relevancia en la película son Jo Hartley y Keith Allen como los padres de Eddie. Jo Hartley da vida de manera muy agradable a Jannett, la madre de Eddie que confía en los sueños de su hijo y siempre le apoya. Keith Allen es Terry, el padre que trabaja como escayolista que sólo quiere hacerle ver a su retoño la realidad y que el tema del olimpismo es un sueño imposible. La verdad es que entre Jo Hartley, Keith Allen y Taron Egerton componen una divertida familia de caracteres contrapuestos. Una familia donde destaca la opuesta relación entre Eddie y su madre contra el cabeza de familia que no gana para “disgustos”.

Hacer mención también a la actriz alemana Iris Berben como Petra, una mujer madura y dueña del restaurante del centro de alto rendimiento de saltos de esquí en Alemania. Y, finalmente, breve pero destacada aparición de Christopher Walken como Warren Sharp, un antiguo seleccionador y entrenador del equipo olímpico de saltos de esquí norteamericano.

“Bo Derek. Todo o nada” (Bronson Peary)

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En conclusión.
Termino esta crítica de Eddie el Águila, una película que te hace sentir bien y no me importa que esto lo ponga el póster americano del film porque así es como sentí al terminar de verla. Es un film muy amable de visionar y que además juega con la baza de mezclar dos protagonistas de caracteres totalmente diferentes pero ambos entrañables, cada uno a su manera. Dos perfectos perdedores que te ganan por completo el corazón y te transmiten todas sus buenas sensaciones. Lo que te queda tras verla es una sonrisa en tu rostro que no se paga con dinero.

Tráiler de Eddie el Águila