Rocky II
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Tres años después del estreno de ‘Rocky’, el actor y director Sylvester Stallone presentaba la continuación. La segunda parte de una historia de superación que había marcado un antes y un después en su carrera. Una continuación que no es otra cosa que un segundo asalto decisivo para la vida personal y pugilística de Rocky Balboa. Bienvenidos a la Superfight II de ‘Rocky II’.

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Crítica de Rocky II

Como rezaba el cartel de ‘Rocky Balboa’… «Nada termina hasta que sientes que termina». Paradójicamente, esto es algo que puede aplicarse perfectamente a esta segunda película de la saga. Cuando Stallone terminó Rocky tenía muy claro que el potro italiano aún no había dicho su última palabra. Precisamente, en la reseña de esa primera película, escrita por nuestro compañero David González, quedan reflejados el espíritu y la esencia de esta saga. Un equilibrio perfecto entre la pasión y el drama que envuelven la historia de Rocky.

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No soy muy amigo de las secuelas, pero cuando vi por primera vez a Rocky sobre la lona y asistí a su épico combate contra Apollo Creed tuve muy claro que quería más. Eso mismo debió pensar Stallone al escribir este guión. Un libreto que, a grandes rasgos, prosigue en la misma línea. Aquí se nos sigue mostrando con sentimiento y cariño a Rocky. Ahora, «el potro» está alejado del ring y busca desesperadamente un trabajo con el que mantener a su mujer y su futuro hijo. No obstante, la historia de Rocky es la historia de un perdedor, y como tal regresa al anonimato sin encontrar a nadie que le apoye. Así termina dejándose el lomo en un matadero para ganar cuatro perras.

Por el contrario, Apollo le recuerda a diario acosado por cartas donde se burlan de él. Al campeón le recuerdan que no pudo derrotar a un don nadie. Carl Weathers vuelve a interpretar con solvencia al campeón invicto, cuyo único objetivo es conseguir llevar a Rocky de nuevo al ring. Allí piensa desacreditarlo dándole una paliza que jamás pueda olvidar. Es quizás en esta nueva orientación de los personajes, más basados en la venganza que en la superación, donde Stallone marca un punto de inflexión en la saga. Porque también el antiguo Rocky se desdibuja un poco. Al principio es un tipo que sólo boxearía si lo necesitara. Sin embargo, cuando llega el momento del enfrentamiento estamos ante otra cosa más visceral y competitiva.

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Bill Conti sigue aportando un tono épico a la película con unos temas ya inolvidables. Para ejemplo la escena donde Rocky corre por las calles de Philadelphia con cientos de personas acompañándole mientras suena el mítico “Gonna Fly Now”. Este es un claro mensaje que nos retrotrae a la primera película, cuando Rocky era un pobre diablo al que nadie respetaba.

En el reparto también contamos con el tremendo trabajo de Burgess Meredith, que repite nuevamente como Mickey, el entrañable entrenador. Mickey acepta preparar a Rocky para el enfrentamiento contra Apollo intentando compensar sus carencias técnicas como púgil. Y Talia Shire vuelve a ponerse en la piel de Adrian. En esta ocasión no sólo es el apoyo de Rocky, sino el motivo por el que nuestro protagonista se muestra reticente a enfrentarse a Apollo. Eso sí, a diferencia de la primera película, ya no es tan tierna ni frágil. Esto es algo que en las siguientes películas se acrecentaría todavía más. También merece una mención especial Tony Burton, que una vez más debe frenar las ansias y arrebatos de Apollo en su camino al éxito.

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El momento álgido de la película es el enfrentamiento final contra Apollo. Durante quince durísimos asaltos Rocky y Apollo se enzarzan en un tremendo combate. Los golpes son colosales y amenazan con tumbarles en la lona una y otra vez. El castigo recibido por Rocky es enorme. Su cara sangra y parece por momentos una hamburguesa. Sin embargo, su coraje y determinación le impulsan como ya lo hicieron en el anterior enfrentamiento. Sólo uno puede quedar en pie, pero no será en esta crítica de Rocky II donde desvelemos el final.

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Conclusión.
‘Rocky II’ no está al mismo nivel que ‘Rocky’, pero como continuación de la historia es un producto tremendamente digno. Es obvio que no se trata de una película de boxeo realista en el aspecto puramente pugilístico, pero tampoco lo pretende. Aquí tenemos una historia humana de dramas y pasiones, esperanzas y sueños. Estamos ante una revancha. Estamos ante una película de Rocky y como tal hemos de valorarla. Y en lo que a mí respecta, ya sólo por el épico y tremebundo combate final merece mucho la pena verla.

Tráiler de Rocky II