Jurassic World
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Estamos ante una propuesta capaz de entusiasmar, emocionar y divertir casi tanto como lo hizo la película original. Creo que podemos considerar como un gran triunfo de Colin Trevorrow este resurgimiento de los dinosaurios. Las puertas se abren otra vez. Bienvenidos a… ‘Jurassic World’.

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Crítica de Jurassic World

Steven Spielberg seleccionó a Colin Trevorrow para encargarse de la revitalización de ‘Jurassic Park’. Anteriormente, Colin nos había sorprendido con su ópera prima, ‘Seguridad no garantizada’ (2011). Con ‘Jurassic World’ la revitalización y el éxito de los dinosaurios es innegable. Ahora bien, también es cierto que nos encontramos con el insalvable hándicap de la ausencia del efecto sorpresa. Es aquí donde el personaje interpretado por Bryce Dallas Howard recita un diálogo que representa a la perfección una interesante analogía entre el espectador de la sala de cine y los personajes del universo ficticio de la película. Estas frases vienen a decir algo así como: “Los visitantes del parque ya no se sorprenden con nuestros dinosaurios. Los niños vienen aquí como si fueran al zoo a montar en elefantes”.

En efecto, nosotros tampoco nos sorprendemos ya como antaño con los dinosaurios cinematográficos. Tampoco lo hacemos con los efectos CGI tan cotidianos hoy en día. Efectos que nos invaden desde que comenzaron a instaurarse en el cine gracias a cintas como Terminator 2 (James Cameron, 1991) o la propiaParque jurásico (Steven Spielberg, 1993). Por lo tanto, la premisa argumental de la película es muy intencionada por parte de Colin Trevorrow. El cineasta es consciente de que el espectador siente exactamente lo mismo que los visitantes del parque. Así pues, esto no es más que un modo de reconocer que una saga como ‘JP’ se encuentra narrativamente muy limitada como para volver a asombrar a un público que ya ha visto absolutamente todo en cines.

Teniendo en cuenta lo ya expuesto, y a sabiendas de que no podrá ofrecer más de lo que Spielberg nos brindó hace más de veinte años, Trevorrow demuestra una gran habilidad en este film. Gran habilidad para explotar uno de los pocos recursos viables con los que poder entusiasmar al curtido espectador. Me refiero al hecho de volver a las verdaderas raíces de la franquicia. Ahora bien, lo hace pero dando un valiente paso más allá y actualizándola a los tiempos que corren.

Así pues, aquí se nos ofrece aquello que deseábamos ver desde el estreno de la película original. Hablo de contemplar en pantalla el sueño de John Hammond hecho realidad. Es decir, introducir de lleno al espectador en un parque totalmente operativo y abierto al público. Un parque rebosante de todo tipo de especies de dinosaurio. Un gran recinto que se encuentra dotado de la tecnología más avanzada y de los recursos tecnológicos más actuales. Todo ello nos es mostrado a través de una puesta en escena realmente brillante.

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El realizador logra entusiasmarnos con un complejo parque temático. Esto lo consigue durante un primer acto dónde se nos presentarán los personajes. Esta vez sí personajes serios (aunque nunca exentos de sutiles y controladas gotas de humor), personajes íntegros con inquietudes y motivaciones. Estos protagonistas están asentados con unas ajustadas pero sólidas bases sobre las que se desarrollará la trama. Insisto, dentro de sus evidentes limitaciones narrativas. La polémica hibridación genética y la creación de un temible monstruo de laboratorio sirven como excusa para dar rienda suelta a la trama. Es cierto que quizás no sea lo más original posible. Incluso es utilizado por Trevorrow a modo de autoparodia a través del comentario de uno de los operarios de la sala de control. Sin embargo, es un pretexto que funciona para desencadenar los acontecimientos narrados a partir de su vibrante segundo acto.

Un segundo acto que hace hincapié en una serie de agresivas secuencias de acción que cortan la respiración. Estas set-pieces se mueven dentro del modus operandi del cine espectáculo actual. Me refiero al redundante uso del CGI (quizás más del que desearíamos), pero con resultados más satisfactorios y realistas de los que me esperaba. Algo que, por otra parte, Trevorrow consigue llevar a cabo con habilidad y ritmo trepidantes. Amén de no desatender factores esenciales como la creación de los protagonistas. Protagonistas que no consiguen emocionarnos como los de ‘JP’ pero que resultan convincentes como para crear empatía y conectar con el público. Esto último en buena parte gracias a un casting muy acertado. Aquí sobresalen Bryce Dallas Howard, Chris Pratt (y su interesante vínculo con los Velociraptores), Irrfan Ali Khan y Vincent D’Onofrio. Sin olvidar a los jóvenes Ty Simpkins y Nick Robinson.

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En cualquier caso, resulta imposible no añorar los brillantes efectos especiales tradicionales del film de 1993 y los increíbles animatronics con los que Spielberg deleitó al mundo entero, del mismo modo que aquel factor sorpresa resulta irrecuperable a día de hoy. Pero estamos en otros tiempos. No obstante, y pese a que el trasfondo de la película no ha cambiado en exceso con respecto al de sus predecesoras (humanos van a una isla a ver dinosaurios, dinosaurios escapan al control humano, humanos son devorados por dinosaurios), si que estamos hablando de un nuevo y revitalizador punto de partida. Un «reinicio» que, a su vez, no se esconde en absoluto a la hora de beber del primer film. Tampoco se esconde a la hora de aceptar una conmovedora vinculación con aquel. Factores como estos se convierten en uno de los mayores aciertos del director.

Todo lo anterior Trevorrow siempre lo consigue de manera inteligente. Para ello se sirve de constantes reminiscencias que tocarán la fibra sensible de los que crecimos con la primera película. Porque recurrir a la nostalgia y al pasado es un recurso que, manejado con la adecuada coherencia y agudeza, resulta tan válido como, por momentos, necesario. Además, el director demuestra una interesante fuerza narrativa y un potente estilo visual. Todo esto lo imprime a esta recomendable propuesta. Una película capaz de honrar con honestidad y de captar buena parte del espíritu de la original. Trevorrow también ofrece una nueva dirección filmada con pulso que actualizará una franquicia que nunca debió de estancarse.

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En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Jurassic World, una continuación de la saga que muestra una deliciosa simbiosis entre lo moderno y lo añejo. Ambos conceptos quedan equilibrados a la perfección a través de un producto tan sensible como vibrante y espectacular. Por tanto, la película se puede situar perfectamente en el segundo puesto de las mejores de la serie. Y todo pese a que Colin Trevorrow carezca de la habilidad creativa que Spielberg nos demostró en ‘Jurassic Park’. En definitiva, un triunfo y una de las superproducciones más interesantes y espectaculares de los últimos años.

Tráiler de Jurassic World

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