Benidorm 2017
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En esta situación que estamos viviendo, más que nunca, nos damos cuenta que la realidad supera a la ficción. De repente te encuentras con películas, series, cortos,… que se han hecho hace años, pero parece que estén hechos con un sexto sentido. Un sexto sentido que indicaba que todo esto iba a pasar. Y eso me pasó a mí con ‘Benidorm 2017’.

Crítica de Benidorm 2017

Supongo que la visión de las películas, series, cortometrajes y las artes en general, cambia mucho dependiendo del momento vital en que las veas. Hace un par de días estaba viendo un directo de Instagram tan recurrentes ahora en época de confinamiento. Era un directo de la Academia de Cine en colaboración con Isabel Coixet. En el mismo, y en un momento dado, Isabel dijo que Benidorm era una gran ciudad donde rodar. De hecho, ella ha rodado allí su último largometraje aún no estrenado. Tirando de ese mismo hilo, nuestra famosa directora recomendó ver ‘Benidorm 2017’, así que tomé nota.

‘Benidorm 2017’ es un cortometraje de Claudia Costafreda estrenado el año pasado en el Festival de Málaga. Para quienes no la conozcan decir que Claudia se graduó en la ESCAC en 2016 con ‘Néboa’, su proyecto final de grado. Hablamos de un cortometraje que obtuvo reconocimientos como, entre otros, el premio al mejor cortometraje en el festival de Huesca, la selección en el Festival de Málaga o la candidatura a los premios Goya 2018. Un año más tarde, junto a ESCAC films y la ayuda del ICAA, rodó ‘Benidorm 2017’, su segundo cortometraje. Actualmente combina el trabajo de realizadora con el desarrollo de su ópera prima. Con estos antecedentes me dispuse a ver su segundo trabajo protagonizado por Yolanda Ramos y Tamar Novas. ¡Para nada me esperaba lo que ‘Benidorm 2017’ me iba a revelar sobre la situación actual!

Todo comienza con una premisa apocalíptica. Benidorm está desierta porque se aproxima un tsunami de grandes magnitudes. Yolanda Ramos es la dueña de un hotel que se ha quedado sin clientes por este hecho. En estas circunstancias es visitada por su hijo, el personaje de Tamar Novas, un ex concursante de un talent show musical que se enfrenta al trauma del “juguete roto”. Durante la primera noche se nos cuenta la relación de una madre con su hijo. Dos personas que se reencuentran tras mucho tiempo. A nivel personal, considero que en esta primera noche se desarrolla la mejor escena de la historia.

En el corto llama la atención que no hay prácticamente efectos sonoros o musicales. Esto hace que la situación te parezca mucho más apocalíptica, mucho más vacía. Y entre tanta calle vacía, tanto silencio, tanto apocalipsis teñido de tranquilidad,… llega ¡la escena! A través de un video del talent show en el que él participó, Yolanda y Tamar empiezan a bailar “Alegría de vivir”, el volumen sube y el resto de sonidos desaparecen. Por un momento te olvidas del resto de las circunstancias. Un poco como nuestro “Resistiré”.

Después de la explosión de alegría de esa noche, llega la mañana siguiente. Con la correspondiente resaca y discusión, Tamar confiesa que ha ido a buscar a su madre por la preocupación del tsunami. Por su parte, Yolanda se muestra escéptica y dice que “se lleva hablando de este tsunami cuatro años y luego nunca pasa nada”. Imagino que en pleno apocalipsis siempre encuentras estas dos posturas. Tras varios reproches, pasamos a una escena de reconciliación, de nuevo, completamente en silencio.

Para pelearse hay que decir mucho… pero para volver a quererse ¡todo está dicho! Es un poco lo que yo interpreté del corto. Además vemos reflejados los cambios de humor repentinos y extremos que se pueden vivir en una situación límite. Una situación como puede ser un tsunami o una pandemia mundial. Finalmente, cuatro horas antes del tsunami, nos llega la escena más tranquila de todo el cortometraje. Sin querer revelar nada, tan solo puedo decir que antes de la tormenta también está la calma.

Conclusión.
Termino esta crítica de Benidorm 2017, un trabajo que refleja todo el caos que estamos viviendo. Las relaciones familiares con las que nos estamos reencontrando y todas esas preocupaciones están teñidas de una cierta “tranquilidad”, de cierto silencio que se rompe al ritmo de una música ensordecedora que intenta aliviar todo el dolor que llevamos por dentro.