Pearl Harbor
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Después de curtirse con tres taquillazos potentes durante los 90, el dúo Michael Bay & Jerry Bruckheimer apuntó alto a principios del 2000. Director y productor llevaron a la pantalla el famoso ataque japonés a Pearl Harbor. Ambos esperaban comerse la taquilla y conseguir muchos premios. Lo primero lo consiguieron pero no así lo segundo. Ahora, en su 20º aniversario, nos metemos en un avión junto con Ben Affleck y Josh Hartnett para redescubrir ‘Pearl Harbor’.

“Ayer fue 7 de diciembre de 1941, una fecha que vivirá en la infamia” (Presidente Roosevelt)

Crítica de Pearl Harbor

Durante los años 90, Michael Bay y Jerry Bruckheimer cosecharon tres éxitos con bastante publicidad (buena y mala). A Bay se le consideraba el anti-Cristo cinematográfico, un realizador cuyas películas eran siempre destrozadas por la crítica.Dos policías rebeldes (1995), La roca (1996) y Armageddon (1998) fueron tres grandes triunfos en taquilla. Pero las tres cosecharon gran cantidad de injustas críticas. Por su parte, Bruckheimer, tras quedarse sin Don Simpson, su compañero de fatigas, pensó que su estilo de producción no iba a ser duradero. Hablamos de un estilo basado en un tipo de cine blockbuster marcado por el fichaje de directores videocliperos para encargarse de proyectos cargados de adrenalina e imaginería épica. Pero ahora, Bruckheimer quería rascar algún premio gordo y meterse en cine de calidad. Para conseguirlo, en 2001, gestionó dos proyectos importantes: ‘Black Hawk derribado’ con Ridley Scott y ‘Pearl Harbor’ con Michael Bay.

‘Pearl Harbor’ fue uno de los rodajes más mastodónticos de Bay. En la producción, Bruckheimer no escatimó en nada consiguiendo rodar en Hawaii, un casting de primer nivel por aquel entonces e incluso aviones auténticos de la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, Bay logró que el ejército respaldase totalmente la producción y filmó auténticas explosiones en barcos reales. Además, ILM se encargó de todo el apartado de efectos visuales. Para la empresa de George Lucas este fue un trabajo muy exigente teniendo que recrear una enorme cantidad de aviones digitales en pantalla para una sola película.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el film alcanzó un presupuesto de 140 millones de $. En la taquilla internacional recaudó la enorme cifra de 440 millones de $. Algunos rumores dicen que Bay quiso estrenar en salas una versión clasificada R, pero se interpuso la Disney (propietaria de Buena Vista Productions) al considerar que estrenar aquella versión habría supuesto un revés comercial. Finalmente se estrenó un corte PG-13. Eso sí, el director se salió con la suya al conseguir que su edición sin censura saliera al mercado… aunque solo en Estados Unidos y en DVD. La crítica no fue benevolente y las intenciones de Bruckheimer y Bay de acariciar la Academia se fueron al traste. No obstante, consiguieron 4 nominaciones a los Oscars: Canción original, Mejores efectos visuales, Mejor sonido y Mejor edición de sonido. Tan sólo se consiguió la última estatuilla.

Después de haber pasado veinte años, uno mira ‘Pearl Harbor’ y se encuentra con una de las peores cintas de Michael Bay. No obstante, no es tan horrible y nefasta como se ha venido afirmando durante años. Es cierto que el Bay de ‘Pearl Harbor’ no tiene ni la mitad de ritmo y complicidad que tuvo posteriormente en otros films basados en hechos reales comoDolor y dinero (2013) y13 Horas: Los soldados secretos de Bengasi (2019). A mi juicio, esos films son la prueba de que Bay maduró a la hora de contar historias reales. Aquí se nota que la ambición le pudo queriendo hacer una especie de ‘Titanic’ (James Cameron, 1997) y bebiendo excesivamente de ella. Pese a todo, es de justicia afirmar que hay un cierto atisbo de hacer un film clásico, excesivo, pero clásico.

El guión fue obra de Randall Wallace y busca, desde el primer momento, un sabor a película romántica de tono épico e histórico. Creo que hay varios instantes donde esto se nota mucho. Y eso a pesar de que Bay impone varios de sus tics visuales videocliperos y muchos de ellos bastante impactantes (el momento de la bomba en el Arizona es un ejemplo de impacto visual puro y duro). La mezcla influyó también en la desmesurada duración de la película: 180 minutos. Y de todo este metraje unos 40-50 minutos se centran en el famoso bombardeo a Pearl Harbor. Ahí es donde Bay saca todo el caos, destrucción y épica a punta pala.

El verdadero punto fuerte de ‘Pearl Harbor’ son las titánicas set-pieces que Michael bay se saca de la manga. Hay que aplaudir la combinación entre efectos visuales (enorme labor de ILM), aviones auténticos (japoneses y americanos) volando de verdad sobre barcos destruidos, explosiones reales y el uso de la música de Hans Zimmer. Este último en el que es uno de sus mejores trabajos como compositor. Todo esto resulta fascinantemente brillante. Un espectáculo caótico pero milimétricamente medido. En esos minutos es cuando la película saca toda su fuerza (incluso dramática y escalofriante con los marineros atrapados entre los hierros de los barcos). Una lástima que el resto no esté tan a la altura de este espectáculo visual.

Por el contrario, uno de los mayores pecados del largometraje es su excesiva duración de tres horas. Esto la convierte en la película más larga de Bay. Este punto siempre ha llegado a ser, para los detractores del film, su verdadero “talón de Aquiles”. En este sentido estoy muy de acuerdo. Aquí la excesiva duración juega una mala pasada al film y al propio director. Bay se ve incapaz de mantener el ritmo adecuado a lo largo del gigantesco metraje. Tan es así que es como si hubiera tres films en uno: una historia romántica, una película bélica basada en hechos reales y otro film dedicado al bombardeo de Tokio como respuesta al ataque japonés.

En cuando al reparto se notan los esfuerzos de Ben Affleck y Josh Hartnett y la química que consiguen a pesar de que sus personajes (Rafe y Danny) no terminan de estar bien perfilados en cuanto a escritura. Por su parte, Kate Beckinsale (Evelyn) salva enormemente su papeleta de interés amoroso de Affleck y Hartnett. La actriz aprovechó la repercusión del film como lanzadera para posteriores producciones comerciales. Como curiosidad, comentar que aparece Jennifer Garner como una de las amigas enfermeras de Evelyn. En el casting también tenemos nombres fácilmente reconocibles como: William Fichter (cameo “expendable” al principio), Ewen Bremmer, Michael Shannon y Cuba Gooding Jr. antes de que su carrera le llevara por la senda del directo a video.

Párrafo al margen para los veteranos encabezados por Alec Baldwin en su papel de James Dolittle, una de las figuras históricas del contraataque sobre Tokio. Y, por supuesto, mención para Jon Voight como el presidente Roosevelt, probablemente uno de los “stand-outs” del film. Suyas son las frases más potentes. En el bando japonés tenemos al desaparecido Mako muy notablemente como el almirante Yamamoto. Finalmente nos encontramos con Cary Hiroyuki-Tagawa como el segundo al cargo de la operación de ataque. Esta parte japonesa es bastante curiosa dentro de la propuesta y apegada a lo que originalmente quería Yamamoto con su ataque sorpresa: dejar a Estados Unidos sin capacidad de respuesta.

En conclusión.
Termino esta crítica de Pearl Harbor, un fallido intento de Michael Bay por introducirse en un cine más serio. Aunque el resultado final no alcance los mínimos para considerarla una buena película, tampoco es la mayor chapuza realizada en la historia del cine. Se nota que, en esos años, Bay todavía no era un cineasta capacitado para metas oscarizables. Sin embargo, aprendió del error y mejoró mucho para sus futuras películas basadas en hechos reales.

Tráiler de Pearl Habor