Antebellum
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Raymond Mansfield y Sean McKittrick, productores de Jordan Peele en ‘Déjame salir’ (2017) y ‘Nosotros’ (2019), apadrinan ahora a Gerard Bush y Christopher Renz en su primera película para cines. De nuevo el horror del racismo salta a la gran pantalla con esta nueva historia. Un relato en el que pasado y presente se funden en una sola realidad conocida como ‘Antebellum’.

“El pasado nunca está muerto. Ni siquiera es pasado” (William Faulkner)

Crítica de Antebellum

Gerard Bush y Christopher Renz son una pareja interracial de cortometrajistas que llevan trabajando juntos desde 2016. Ahora se lanzan a su primera gran aventura en cines, su ópera prima, con el estreno de ‘Antebellum’. Eso sí, por culpa del coronavirus la cinta no ha podido ser lanzada en las grandes salas norteamericanas recalando directamente en VOD. Sin embargo, en otros países como el nuestro tenemos la fortuna de poder disfrutarla en cines.

Bush y Renz demuestran un gran dominio de la cámara y de los ambientes en este debut. Basta para ello con presenciar los primeros minutos de la película. Un comienzo con un impecable plano secuencia mostrando la enorme diferencia entre la opulenta finca confederada y las pobres chabolas esclavistas. Así hasta llegar a una escena sobrecogedora en la que presenciamos, a cámara lenta, la captura de una pareja de esclavos dados a la fuga. En todo ese tiempo apenas hay alguna que otra palabra y todo queda en poder del impacto visual acompañado de la música de Roman GianArthur y Nate Wonder que va in crescendo hasta convertirse en algo tremebundo… Este impacto visual se vuelve repetir en sus rabiosas secuencias finales, en primer plano, y también filmadas a cámara lenta.

Dos son los escenarios en los que los cineastas plantean toda la acción. El primero es la ya referenciada finca confederada. Me refiero a una rica hacienda en la que no puede faltar su típica y aborrecible plantación de algodón con horno crematorio incluido. Estos escenarios, y lo que en ellos sucede, nos retrotraen claramente a films recientes como 12 años de esclavitud (Steve McQueen, 2013). El segundo escenario es la actualidad destacando la modernidad, pulcritud y elegancia de los ambientes por los que se mueve Verónica. Básicamente es cómo presenciar dos películas al precio de una.

Respecto a la trama decir que el guión también es obra de Gerard Bush y Christopher Renz. Ambos nos plantean una historia con un gran misterio que resolver y con el racismo como telón de fondo monstruoso. En este sentido, Bush y Renz se suman al carro de cineastas como Jordan Peele o Spike Lee para denunciar cómo la bestia del racismo, que dominó el pasado de Norteamérica, sigue ahí suelta. Así las cosas, ojo a la sentenciadora frase de un determinado personaje: “No estamos en ningún lugar y estamos en todos”. También la cita de William Faulkner escogida como presentación del film va en esa línea. Una cita que usó el mismísimo Barack Obama en alguno de sus discursos sobre la integración racial.

En relación al guión va ligado el terror que nos vende ‘Antebellum’. En este punto hay que tener mucho cuidado. Con esto quiero decir que no estamos ante un film de género puro y duro, más bien estamos ante un drama racial con un gran enigma. Me refiero al misterio que liga las dos historias de la sinopsis: la de Eden y la de Verónica. En ambos casos estamos hablando de terror y monstruos humanos, más en el primer caso que en el segundo. En consecuencia, no esperéis encontrar aquí jumpscares, seres infernales, gore o cualquier otro recurso propio del cine de género. Lo que el film ofrece no va por ahí… pero bueno, no hay mayor monstruo que el ser humano y las aberraciones que es capaz de cometer contra lo que le rodea. Que todo esto conste en acta para que luego no haya berrinches.

Insistiendo en el gran misterio de la propuesta decir que todo el enigma funciona estupendamente gracias al gran montaje de John Axelrad, un reputado editor que ya ha montado films importantes para directores como James Gray. En ‘Antebellum’ destaca por ir alternando en pantalla la historia del pasado y la del presente. Bien puedo decir que la película no funcionaría (o sería otra distinta) con un montaje diferente. Además este trabajo de edición te incita a ver el film un mínimo de dos veces.

“Di tu nombre, chica”. Dejadnos salir.

Entrando en el elenco decir que todo el peso lo lleva Janelle Monáe en su doble rol de Eden y Verónica. La cantante y actriz hace un gran trabajo, sobre todo en lo relativo al sufrimiento de Eden y a la dura coraza con la que tiene que recrearla para soportar lo insoportable. En lo relativo a Verónica, lógicamente, hace una interpretación mucho más amable, elegante y erudita. No en vano hablamos de una versada y sofisticada doctora en Historia, activista y madre de una hija pequeña (la jovencita London Boyce en su debut).

Al lado de Eden y Verónica encontramos a Tongayi Chirisa también en un doble papel. En el pasado interpreta a un esclavo denominado como “Profesor” y en el presente a Eli, el marido de Verónica. En ambos papeles Tongayi destaca. Atención a su escena de rabia absoluta en el horno crematorio. Tampoco pasa desapercibida Gabourey Sidibe como Dawn, la mejor amiga de Verónica. Decir que su personaje presenta ciertos toques maleducados, es muy echada para delante y aporta algunas dosis de humor. Menos ruido hace Lily Cowles como Sarah, la amiga blanca y rubia que sale de juerga con Verónica y Dawn.

Finalmente nos quedan los villanos encarnados por Jena Malone, Jack Huston y Eric Lange. Los tres resultan absolutamente aborrecibles tanto por sus actos como por lo que dicen. Jena y Jack interpretan al matrimonio confederado dueño de la plantación esclavista. La primera es una mujer altiva y que se considera claramente superior a los negros a los que considera meros objetos. Por su parte, Jack directamente es un maltratador bajo su uniforme de capitán de la confederación. Finalmente, Eric Lange encarna a un alto mando que se pasa de vez en cuando por el lugar para abusar de Eden. Como vemos, un auténtico trío de seres despreciables.

“Todo lo que eráis antes… se acabó” (Capitán Jasper)

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Antebellum, una cinta centrada en el horror del racismo y la esclavitud más que en el terror puro y duro. Visionarla pensando en encontrarse un típico film de género es un completo error que puede llevar a una gran frustración. Por lo demás, estamos ante un film bastante bien trabajado en la mayor parte de sus aspectos y que nos recuerda que los fantasmas del pasado no se desvanecen nunca…

Tráiler de Antebellum