Godzilla: El planeta de los monstruos
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Los fans de Gojira estamos de enhorabuena: aquí tenemos la primera película animada hecha íntegramente hecha en Japón de uno de los monstruos más populares de la historia. Esta cinta fue estrenada en cines nipones y llegó a recaudar tres millones de yenes, en el resto del mundo se estrenó a través de Netflix. El film, a priori, pintaba bien… sin embargo, “no es oro todo lo que reluce”. Hoy os invitamos a visitar… ‘Godzilla: El planeta de los monstruos’.

Crítica de Godzilla: El planeta de los monstruos

Tras el fracaso taquillero de ‘Godzilla: Final Wars’ (Ryûhei Kitamura, 2004), Toho congeló a su mítico personaje… hasta que los americanos de Legendary lo trajeron de regreso en la destacadaGodzilla (Gareth Edwards, 2014). Siguiendo su ejemplo, la compañía japonesa lo resucitó en la también recomendableShin Godzilla (Hideaki Anno/Shinji Higuchi, 2016). Estos films provocaron que la “Godzillamania” volviera con fuerza que nunca después de haber estado años sepultada por la ambición de la propia Toho.

Pero no lancemos las campanas al vuelo. El éxito de ‘Shin Godzilla’ trajo consigo un avivamiento en el estudio nipón. Una fiebre de esas que solían pulular en las décadas de los 60 y 70, especialmente referidas a la producción en masa de las diversas (y algunas muy variopintas) secuelas del coloso nuclear… pero aquí Toho tenía un dilema: su contrato con Legendary les prohibía realizar una película hasta el estreno de la siguiente por parte del estudio norteamericano (pensaban lanzar un nuevo film para el 2018 pero finalmente lo retrasaron al 2019, amén de un crossover con King Kong). Así las cosas, la compañía japonesa estaba atada contractualmente y no podía producir otra película del monstruo… a no ser que la pasasen directamente a su división de animación sin las ataduras contractuales que les ligaban con Legendary.

Y así llegamos a ‘Godizlla: El planeta de los monstruos’, un film que no se puede calificar sino de sumamente decepcionante. Estamos ante una de las películas más flojas y más “automáticas” de la franquicia del coloso. Uno denota, desde los primeros minutos, que sus responsables han querido aprovecharse del rebufo del resucitamiento de la saga, tanto de manera nacional como internacional, y han planteado una trilogía (la siguiente llega a los cines nipones en mayo de este mismo año) que en esta primera parte resulta un inicio deficiente… y como otra entrega más de la larga franquicia fracasa.

Uno de los mayores defectos es que la película es “un simple concepto”, no hay un desarrollo narrativo que implique emocionalmente al espectador con lo que sucede en pantalla y, a pesar de que dura menos de hora y media, hay ratos bastante aburridos… Esto también se resume en los personajes, seamos claros: la saga de Godzilla no es que haya tenido personajes dignos de Oscar o premios similares, sin embargo, sí que habían conseguido (a veces) un mínimo desarrollo o carisma de los protagonistas. Por desgracia, esto aquí no sucede porque la historia se podría decir que es prácticamente nula, lo que impide un mínimo de trabajo de los guionistas sobre sus protagonistas. De esta manera, resulta denigrante que el personaje principal, Haruo, sea un mero “corta y pega” de otro personaje de otra franquicia bastante popular en Japón como es ‘Ataque a los Titanes’, concretamente recuerda mucho al Eren Yaeger de aquel material. El resto prácticamente son meros “bocetos”…

Del propio Godzilla también hay “peros”, muchos “peros”. En primera instancia, estamos, sin lugar a dudas, ante el Godzilla más soso y vago en lo que respecta a su diseño que hemos visto en mucho tiempo. Se aprecia que los diseñadores han querido implantarle un aspecto sospechosamente similar al Godzilla de Gareth Edwards (las diferencias son mínimas) y con ciertos elementos similares al monstruo ideado por Hideaki Anno y Shinji Higuchi (el aliento atómico de este Godzilla es casi un láser, como el del monstruo del más reciente film de la Toho). Por otro lado, el coloso atómico ha sido vendido también como el más grande hasta la fecha (mide 300 metros de altura pero hay truco… que no desvelaré por ser un spoiler), ahora bien, resulta tan brutalmente exagerado que pierde su realismo, ferocidad y el sello icónico que tenía hasta el momento (y esto no lo digo a la ligera, teniendo en cuenta que existen diseños del “rey de los monstruos” bastante malos).

Sin embargo, y a pesar de todo lo comentado… el film cuenta con dos aspectos positivos: La animación, a pesar de que no soy tan fan de coger dibujos en 2D para posteriormente convertirlos en personajes 3D, hay que reconocer que Polygon Studios logra una animación bastante lograda y que consigue dar el pego. El otro aspecto es la música de Takayuki Hattori, veterano de la franquicia, pues compuso la música de ‘Godzilla contra SpaceGodzilla’ (Kensho Yamashita, 1994) y Godzilla 2000 (Takao Okawara, 1999), quien consigue levantar un tanto el vuelo al dotar al film de una partitura bastante enérgica y orquestal para ser fiel a las imágenes de la pantalla.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Godzilla: El planeta de los monstruos, una película que resulta, a todas luces, una de las mayores decepciones de la saga en sus más de sesenta años de historia. Su salto a la animación se ha traducido en un producto hecho con prisas y que no termina de ser lo que pretendían. Al final nos queda un inicio de una trilogía bastante flojo, con una falta monumental de memorabilidad y carisma en lo que concierne a la historia y a sus personajes. Amén de un Godzilla que se encuentra a años luz de la iconicidad y ferocidad de la que el personaje hizo gala en sus últimas dos películas, la de Gareth Edwards y la de Hideaki Anno/Shinji Higuchi.

Tráiler de Godzilla: El planeta de los monstruos