Shin Godzilla

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El rey de los monstruos vuelve a su patria… Hideaki Anno y Shinji Higuchi, padres de ‘Evangelion’, traen a “Big G” a su país de origen en la más “experimental” de las películas del gigante atómico. Una película que rompe con los esquemas de una saga con más de 60 años a sus espaldas. Para bien o para mal, una fuerza imparable entra en escena, entra… ‘Shin Godzilla’.

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Crítica de Shin Godzilla.
No resulta sorprendente que, al poco tiempo de que Legendary y Warner Bros tuvieran éxito en su resurrección del gigante atómico en tierras americanas, los mandamases de la Toho, viendo el resurgir de la moda de los monstruos gigantes (o daikaiju, como se le conoce en el país del sol naciente), trajeran de regreso a su personaje más popular y tesoro nacional en Japón, Godzilla.

Lo más sorprendente es que para esta tarea, Toho encargó a Hideaki Anno y Shinji Higuchi la labor de volver a traer al lagarto nuclear de nuevo al status que se merecía, aunque claro, la mancha japonesa era también grande o peor que la que hizo Emmerich en 1998. En mi opinión, que ‘Godzilla: Final Wars’ (Riuhei Kitamura, 2004) fuese el film más caro de la Toho, el más largo en cuanto a duración y el más repleto en cuanto a monstruos se refería, no lo hizo mejor (fue fracaso en taquilla y los fans/críticos tampoco se portaron bien con la propuesta), al contrario, hundió la saga… más si cabe, que la cinta de Emmerich en 1998.

Tengamos en cuenta que Toho nunca ha sido una productora que haya dejado libertad creativa a sus respectivos directores, estas han sido contadas excepciones como a Ishiro Honda en Mothra contra Godzilla‘, a Shusuke Kaneko en ‘Godzilla, Mothra and King Ghidorah: All Monsters Out Attack’ o a Ohmori en varias películas dentro de “la era Heisei”. Sin embargo, algunos fracasos en taquilla, como el que protagonizó Riuhei Kitamura en la cinta del 50ª Aniversario del personaje, dolieron profundamente, tanto a las arcas de la productora japonesa como al fanbase nacional/internacional. Teniendo en cuenta este precedente, se les dio libertad creativa a Higuchi y Anno para pergeñar el film que tenían entre manos.

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En primer lugar, Shinji Higuchi abandonó la idea del suitmation (técnica de introducir a una persona en un traje y filmarlo a velocidad más lenta, para dar la sensación de pesadez de la criatura) y optó por crear un Godzilla 100% CGI, creado por ordenador y siendo el primer Godzilla generado de esta forma en su historia nipona. Por su parte, Hideaki Anno abandonó el concepto del versus (Godzilla enfrentándose a otra criatura) y se empeñó en devolver al monstruo a los terrenos metafóricos que, en su momento, tan bien hicieron Honda, Hashimoto o Kaneko en algunas de las entregas del monstruo. Todo esto con un presupuesto de 15 millones de dólares (5 menos con los que contó Kitamura en la película que filmó hace 12 años).

En consecuencia, ‘Shin Godzilla’ retrotrae al Godzilla más metafórico, inclusive, la controversia que se ha creado en torno al film ha sido abrumadora, sobre todo, en torno a la idea de un Godzilla que difiere en cuanto a elementos catárticos al personaje que se ideó en 1954.
Ahora bien, Hideaki Anno y Shinji Higuchi entregan un film muy sólido y con un reparto de actores solvente. Una cinta filmada de manera notable, un film que recuerda a ‘Evangelion’ en cuanto a componer planos de los ataques del monstruo, y que incluso le hace algún guiño a Gareth Edwards a la hora de perpetrar algunos momentos en cuanto al punto de vista de los personajes para el descomunal tamaño de Godzilla (el más grande hasta el momento). Amén de contener ciertos guiños/homenajes a la saga en general.

¡Aviso a navegantes! Este film no es precisamente trepidante, digamos que un 95% del metraje son diálogos entre los diferentes miembros del gobierno japonés sobre como atacar o solventar la situación con Godzilla… y el 5% restante es Godzilla destruyendo a su paso la ciudad de Tokio, pero créanme cuando les digo que es sencillamente escalofriante y abrumador ver a un Godzilla tan poco emocional, casi como una catástrofe natural, avanzando por la urbe japonesa sin mostrar ningún tipo de comportamiento animal.

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Sorprende el uso de algunos de los efectos de sonido de la franquicia en los 60s y la reutilización de la música de Akira Ifukube durante aquella época, con temas sacados desde ‘King Kong contra Godzilla’ (Ishiro Honda, 1963), ‘Godzilla contra MechaGodzilla’ (idem, 1974) y hasta ‘Godzilla contra MechaGodzilla 2’ (Takao Okawara, 1993).

El film critica la ineptitud del gobierno nipón durante el tristemente famoso suceso de Fukushima, en el cual, la situación se les fue de las manos ante un desastre para el que el gobierno fue incapaz de lograr una respuesta rápida y efectiva de control. Anno satiriza (aunque no del todo) al gobierno, dejándolos como unos peleles incapaces de solventar la situación. No obstante, muestra la fuerza del país con sus respectivas medidas, ejemplo: las Fuerzas de Autodefensa no pueden ejecutar un ataque militar a no ser que los civiles hayan despejado el área, o que el Primer Ministro autorice el ataque cuando el invasor haya atacado primero. Desde luego, estamos ante el film más político dentro de la saga, deudor absoluto de la cinta de Hashimoto, El retorno de Godzilla (Koji Hashimoto, 1984). Así pues, el guion de Anno se centra en presentar a un gobierno que se ve abrumado por una situación tan poco convencional, y donde los diversos personajes deliberan sobre cómo detener al temible monstruo.

En relación a lo anterior es cuando surge la naturaleza controvertida del film, con una friolera de hasta 100 personajes que se encuentran en pantalla (algunos más desarrollados que otros) aunque los dos más centrados (y los que podemos denominar como protagonistas) son Hiroki Hasegawa como Rando Yaguchi y Satomo Ishihara como Kayoko Ann Paterson, quienes tienen más peso y sensación de llevar los mandos de la propuesta. Aunque el reparto en general cumple de manera bastante buena, sobre todo, Ren Ohsugi (Primer Ministro) o Kengo Kôra en el rol del amigo de Yaguchi y Ministro de Defensa.

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Finalmente, hay cierto empeño en el film de Anno y Higuchi con el sobreabuso de subtítulos para presentar personajes, vehículos, lugares, localizaciones… esto llega a ser cargante (imagínense ver una cinta durante dos horas con subtítulos saltando constantemente diciéndole al espectador donde está, que vehículo está viendo, o que personaje está hablando). Esto en una serie se podría entender, pero en el cine, que es un medio visual narrativamente hablando, no existe necesidad alguna de hacerlo. El otro problema de ‘Shin Godzilla’ es que se trata de la cinta más política del personaje (como ya he expuesto antes) para bien y para mal, porque la crítica es sólida… pero en ciertos puntos se denota que el material resulta cansino y repetitivo, sobre todo cuando se tiende a presentar a los Estados Unidos de manera tan pedante, e inservibles en la narración. En mi parecer, y aun con los defectos que aquella tenía, en ‘El retorno de Godzilla’ quedaba más patente la idea de un USA más oscuro (con razón, la Guerra Fría) que en este film.

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En conclusión.
Finalizo esta crítica de Shin Godzilla, un film que retrotrae al leviatán atómico al terreno donde realmente está mejor: en la crítica y metáfora. No obstante, esta película queda algunos peldaños por debajo del film de Ishiro Honda (su cinta era descorazonadora hasta el extremo y filmada con un realismo escalofriante gracias a la fotografía en B/N). Ahora bien, Anno y Higuchi entregan un film sólido, entretenido y bien interpretado. Al igual que Gareth Edwards lo logró en los USA, Hideaki Anno y Shinji Higuchi consiguen un buen retorno de “el rey de los monstruos” al país nipón.