Yo soy Sam
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Por suerte para todos, el cine es tan amplio y está plagado de tantos géneros que siempre existe una película para cada momento. Si queremos sentirnos como héroes siempre podremos recurrir al (buen) cine de acción, si queremos pasar miedo al género del terror… y así con cada emoción que queramos experimentar en cada momento. Pero pocas películas logran trasmitir más allá de la inmediatez de su visionado. Sólo unas pocas quedan por siempre en nuestra memoria cinéfila, sea por la razón que sea. Del mismo modo que pocos largometrajes logran hacernos llorar al mismo tiempo que nos saca una sonrisa, por ello, cuando encuentras un film que lo consigue dejarlo escapar es todo un pecado. Y por eso mismo una película como la que hoy toca reseñar es tan valiosa. Bienvenidos a ‘Yo soy Sam’.

Yo soy Sam

Crítica de Yo soy Sam.
‘Yo soy Sam’ es sobre todo una película mágica que versa sobre el amor, y como el ser humano a veces antepone sus prejuicios y la supuesta sensatez, a lo que verdaderamente importa que son los sentimientos. Y sentimiento es lo que brota por los cuatro costados de este film. Una cinta que retrata de manera maravillosa (y pocas veces visto antes en la gran pantalla) el amor incondicional de un padre hacia su hija, y el inmenso cariño y amor recíproco que una hija siente hacia su padre. Por ello, ver un largometraje de las características de ‘Yo soy Sam’ siempre es una experiencia enriquecedora y plenamente disfrutable. Un film que emociona y llena plenamente con la inmediatez de una obra teatral, ya que una cinta que trata con tan buenas formas temas como: el amor, el abandono, el miedo a los que no son iguales a nosotros (en este caso los disminuidos mentales), la marginación de la sociedad al diferente o la hipocresía del sistema legal y judicial en el que vivimos, un sistema en el que abogados defienden a culpables y atacan a inocentes por dinero, y consiguen dormir tranquilos, a pesar de ser conscientes de que el trabajo que desempeñan es aberrante y carente de la mas mínima moralidad.

Apoyado en un guión simple pero que emana cariño y respeto por el tema a tratar, escrito a cuatro manos por Jessie Nelson y Kristine Johnson (con constantes referencias a ‘Kramer contra Kramer’) sobresale Sean Penn.
Penn es uno de los mejores actores/directores que ha dado Hollywood en los últimos 40 años. Su (único) problema reside en  que por sus declaraciones públicas se le haya acabado metiendo en el saco de los “mal vistos” actores políticos, junto a Tim Robbins, Susan Sarandon o George Clonney. Aquí, Penn logra una interpretación prodigiosa, en un papel que fácilmente pudo haber caído en el mayor de los ridículos. Una performance llena de matices, en la que el espectador llega a olvidar que el actor que está viendo en pantalla es el protagonista de la brutal ‘El clan de los irlandeses’, y acaba creyendo que realmente sufre esa discapacidad. Y es que no hay palabras suficientes para definir una actuación como la que Penn nos ofrece (sensible, tierno, emotivo, vulnerable, conmovedor, inocente, indefenso… son sólo algunas de ellas). Como dato curioso decir que el papel de Sam Dawson, Penn lo consiguió mientras se encontraba de vacaciones en Milán, a donde también había viajado a pasar unos días con su familia el director Jessie Nelson. Ambos quedaron para hablar del proyecto y mientras Penn le contaba a Nelson una idea que tenía para una escena se puso de pie y, según Nelson, “caminó exactamente como lo haría Sam. Pensé, Dios mío, es demasiado bueno para ser verdad. En ese momento y en esa forma de andar vi claramente toda la película”. También decir que Penn fue nominado al Oscar como mejor actor pero final e injustamente no lo logró.

Yo soy Sam

De otro lado del reparto encontramos a dos actrices de diferentes generaciones, pero con talento para dar y regalar, una con un futuro que parecía prometedor en Hollywood: Dakota Fanning; la otra, la bellísima (y mejor actriz de su generación) Michelle Pfeiffer, actriz que desde que fue madre se prodiga muy poco en cines, para desgracia de sus fans (entre los que me incluyo) y del cine en general. Ambas logran dar la réplica a Penn con un trabajo magnífico en dos papeles nada fáciles. Pfeiffer como una abogada, estresada y de vida frenética, con graves problemas sentimentales y afectivos, que se toma el caso de Sam como una obra de beneficencia. La otra, Fanning, como la hija de Sam, llamada Lucy Diamonds Dawson en uno de los innumerables guiños Beatlesnianos del film. Fanning no sólo logra sacar adelante un papel dificilísimo, sino que lo borda en una interpretación asombrosa si tenemos en cuenta su edad cuando se rodó la cinta: 6 años. Tampoco debemos olvidar el trabajo interpretativo de Dianne West, Laura Dern y Richard Schiff, habituales y excelentes secundarios de lujo.

Para completar esta crítica de Yo soy Sam toca hacer una parada en su dirección. Jessie Nelson se apunta al estilo más indie con multitud de primeros planos de los actores, sobre todo, cuando Sean Penn aparece en pantalla, aunque cuando cree necesario aparca el zoom y nos ofrece una dirección eficiente y con una fotografía amable (como no podía ser de otra forma). Finalmente, la cinta se apoya en una partitura musical llena de canciones de “Los Beatles” interpretadas por varios artistas expresamente para la ocasión, todo ello dirigido por el siempre acertado John Powell.

Yo soy Sam

En resumidas cuentas. 
Una joya a descubrir con un Penn en estado de gracia, que emociona y hace reír al mismo tiempo. Una cinta de emociones para todos los públicos, aunque llegará al fondo del corazón de todo aquel que haya sido padre o madre. Una oda al amor. Amable y cruda, bella, conmovedora y con momentos de gran cine. En definitiva, una película para tener en tu colección particular y visionar siempre que el mundo te presione y quieras ver que todos debemos de ser como Sam… un niño de 7 años para siempre.