Sympathy for Mr. Vengeance
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Hace tiempo que me apetecía hablar sobre el director coreano Park Chan-wook y su «Trilogía de la venganza». A pesar de lo seductor que es el nombre no estamos ante películas de acción al uso. En el caso de este peculiar director se profundiza en los pensamientos más enfermizos y oscuros del ser humano. Y todo para ofrecernos una visión muy particular sobre el concepto de la venganza. Hoy  toca comentar la review de ‘Sympathy for Mr. Vengeance’.

Crítica de Sympathy for Mr. Vengeance

Park Chan-wook es un director atípico. Su forma de entender el cine y las historias que cuenta están más cerca del surrealismo que de la verosimilitud. En sus películas suele mezclar el romanticismo con la perversión. Lo enfermizo con lo dramático, y lo triste con lo melancólico. En cierta forma, podríamos decir que estamos ante un director tan genial como lunático. Un realizador que muy difícilmente seducirá a todos por igual. Y la verdad es que tuvo unos inicios poco prometedores con producciones que no tuvieron una buena acogida. Pero en el año 2000 estrenó una action movie titulada Joint Security Area’, todo un éxito de taquilla en Corea del Sur. Ese film fue el pistoletazo de salida a una carrera que le ha llevado a ser considerado como uno de los directores asiáticos más controvertidos.

Fruto de todo esto nació la «Trilogía de la Venganza». Si por algo se caracteriza esta “serie” es por ser un fiel retrato de las obsesiones y debilidades de este director. La primera película es la que nos ocupa. Hablamos de una historia sobrecogedora bajo la premisa de que el ser humano es capaz de hacer lo que sea cuando es llevado al límite, sin importarle las consecuencias ni los daños colaterales. Nos ofrece también una triste moraleja que gira alrededor de lo inútil y peligrosa que es la venganza. De cómo corremos el riesgo de adentrarnos en un círculo autodestructivo que difícilmente podremos parar. Sin duda podemos afirmar que la idea de Park Chan-wook al rodar esta película era mostrar que la violencia genera violencia. Y que de los actos más censurables surgen otros aún peores.

Es importante destacar que los personajes que protagonizan esta historia son personas aparentemente normales. Ryu es un sencillo obrero que trabaja en una fábrica. Su novia es una idealista revolucionaria como tantas otras. Y, finalmente, Park es el típico empresario acuciado por las deudas y las preocupaciones. Precisamente es esa normalidad la que facilita que el espectador enfatice con ellos. Incluso llegamos a sentir cierta lástima a pesar de las atrocidades que cometen. Al final son ellos mismos los que inician su propio descenso a los infiernos: un camino donde la violencia y la venganza serán la única luz en el túnel. El trabajo interpretativo es muy correcto, especialmente el de Kang-ho Song.

Quizás la mayor pega que podemos ponerle a esta película sea su peculiar ritmo narrativo y lo desesperadamente lenta que resulta en ocasiones. No es que sea un error. Esto es más bien algo propio del cine asiático que podemos encontrar en diversas producciones. No obstante, confieso que hubo momentos, durante la primera hora de película, donde se me hacía difícil mantener el interés. También añadiría que emplear la lógica o buscar explicaciones satisfactorias a lo que vemos en pantalla no siempre funcionará. Digo esto porque algunos comportamientos de los personajes, y algunas situaciones, carecen de sentido o razón. En cualquier caso, el trabajo de Park Chan-wook, la puesta en escena y el trabajo de planos son excelentes.

Es importante tener en cuenta que en las obras de Park Chan-wook predomina el mensaje visual por encima del diálogo. Algo que queda patente en el modo en que nos cuenta la vendetta orquestada por los personajes. Además, y en este caso, estamos ante una película violenta, retorcida e incómoda. Un film con escenas y elementos que en algún momento se tambalean y no acaban de convencer. Como tal, la película acaba despertando en el espectador varias y diversas sensaciones, generalmente ninguna buena… Quizás por ello estamos ante un film que se hace difícil de ver y de disfrutar.

Conclusión.
Termino esta crítica de Sympathy for Mr. Vengeance, una de esas películas que no suelo ver más de dos veces. Lo cierto es que una vez vista no me aporta lo suficiente como para repetir la experiencia. Una experiencia que para muchos espectadores será insatisfactoria, como se suele decir vulgarmente “un ladrillo”. En cualquier caso, queda claro que Park Chan-wook nos ofrece su peculiar visión sobre la venganza. Un lugar donde los malos no son tan malos como parecen, ni los buenos tan buenos como pensamos.

Tráiler de Sympathy for Mr. Vengeance

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