Los pájaros
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Alfred Hitchcock ya nos había impactado anteriormente con Psicosis‘, un recorrido por el lado más oscuro del ser humano. Pero en esta ocasión optó por abordar el género de terror desde una vertiente externa, focalizada en el miedo a lo desconocido. Los pájaros, esos hermosos animalitos que nos alegran con su canto, se convierten aquí en el instrumento del caos y el horror.

“Cuesta creer que unos cuantos pájaros puedan acabar con el mundo…”.-Mrs. Bundy.

Los pájaros

Crítica de Los pájaros.
Para realizar esta película Alfred Hitchcock partió de una novela corta escrita por Daphne du Maurier, autora también del relato en que se inspiró para dirigir Rebeca‘. Inicialmente iba a ser un episodio de su famosa serie televisiva “Alfred Hitchcock presenta”, pero finalmente y tras tres años de trabajo consiguió convertirlo en un largometraje. Al director le fascinaba sobre todo que los pájaros de la novela fueran aves comunes, algo que le permitía profundizar en el concepto del miedo de un modo muy particular. La imagen de esos pequeños y adorables pajaritos arrancándole la carne y los ojos a la gente es poderosa, tanto a nivel visual como conceptual. Obviamente el comportamiento agresivo de las aves y otros animales tiene un origen común en la rabia, pero eso carecía de misterio y magia, así que Hitchcock optó por no dar explicación alguna al fenómeno, manteniendo la historia en un aura de fantasía e irrealidad.

El guión es bastante sólido, siempre fiel a la costumbre de Hitchcock de no anticipar demasiados datos al espectador para mantenerle atento a la historia de los personajes. Y uno de los principales elementos que sustentan la trama es el escepticismo de la población ante algo que no es normal ni lógico que ocurra. Hitchcock nunca daba puntada sin hilo, así que se sacó de la manga un personaje interesante a pesar de los pocos minutos de que goza. Hablamos de Mrs. Bundy, una anciana ornitóloga bastante reaccionaria interpretada con solvencia por la veterana Ethel Griffies que en todo momento intenta convencer a los demás de las bondades innatas de las aves. Es una secuencia que transcurre en un bar y que sirve de interludio más que otra cosa, pero lo importante es plasmar ese escepticismo arrogante del ser humano que en no pocas ocasiones es causa de su propia desgracia.

A pesar de que el guión funcionaba, Hitchcock se encontró con algo a lo que no estaba acostumbrado. Siempre había sido un director que no leía el guión mientras rodaba, no lo necesitaba y además no se sentía nada cómodo improvisando. Pero durante el rodaje de ‘Los Pájaros’ se dio cuenta de que estaba intranquilo, agitado, algo no le gustaba. Así que por primera vez releyó el guión y se encontró con distintas imperfecciones y errores que se vio impulsado a corregir. Quizás la explicación sea que inicialmente se había trabajado en el guión como si se tratara de una comedia romántica que paulatinamente iba oscureciéndose. Sea como fuera esto conllevó una serie de improvisaciones y cambios, tanto en el comportamiento de los personajes como los diálogos. Incluso modificó secuencias enteras como el ataque a la casa de los Brenner, transformando a los personajes en ratas que intentan huir sin orden ni concierto de sus presas. Una sutil metáfora que invierte el papel del ser humano y el pájaro, convirtiendo al cazador en presa.

Los pájaros

Y es que el uso de metáforas es un recurso que encontramos en toda la filmografía de Hitchcock. Por ejemplo, en esta película juega hábilmente con el concepto de “jaula”. El personaje de Melanie es visto a ojos de Mitch como un pájaro de bello plumaje encerrado en una jaula dorada, algo muy propio de la alta sociedad. O cuando Melanie queda atrapada en la cabina telefónica y es asediada por los pájaros, en ese momento es el ser humano quien está encerrado en una jaula y no los pájaros. Es un juego conceptual que puede pasar por alto pero que en si mismo encierra las claves de la personalidad de Melanie: primero la jaula dorada que le proporciona su estatus social y después esa cabina cochambrosa donde sólo hay lugar para el miedo.

El trabajo interpretativo de Rod Taylor y Tippi Hedren es muy correcto, aunque alejado de las grandes interpretaciones de otras películas de Hitchcock. Pero sobre Tippi Hedren podríamos hablar largo y tendido porque su experiencia al rodar esta película fue traumática. Hitchcock siempre mantuvo una relación tormentosa y podríamos decir que obsesiva con sus actrices rubias, las veía como elementos artísticos en una obra mucho mayor, y para alcanzar la perfección no escatimaba esfuerzos ni crueldades. Por ejemplo la lucha de Melanie en el ático de la casa, donde es atacada por los pájaros, tardó en rodarse una semana. La actriz sufrió heridas porque hubo que utilizar pájaros de verdad y Hitchcock quería plasmar auténtico pánico en su cara, baste con decir que tras rodar esta película tuvo que ser hospitalizada. A todo eso hay que sumar el constante acoso sexual que sufrió por parte del director británico, pero de esto ya hablaremos en otra ocasión.

Rod Taylor y Tippi Hedren

Dejando a un lado todo lo que llevo comentado, no hemos de olvidar que simplemente estamos ante una película de terror que utiliza el suspense como iniciador. El suspense, ese elemento vital en la filmografía de Hitchcock y que obviamente también es palpable en esta película. Quizás el ejemplo más poderoso sea el ataque de los cuervos a la escuela, cómo se van congregando las aves y con qué habilidad se juega con las cámaras y los planos para rodar el ataque. En otros momentos el suspense se logra manipulando la escena y el tempo, una muestra sería el ataque a la gasolinera. En esa secuencia Hitchcock utiliza la puesta en escena para dilatar el tiempo y poder jugar con el reguero de gasolina que amenaza con incendiarlo todo. Es un modo de trabajar el suspense que difiere sustancialmente del empleado en películas anteriores, pero que forma parte del proceso evolutivo que sufrió Hitchcock a lo largo de su carrera.

Finalmente me gustaría decir unas palabras sobre el apartado sonoro, ya que en esta película no encontramos música de fondo, sino que son los sonidos de los propios pájaros los que conforman la macabra banda sonora. El compositor Bernard Herrmann había trabajado para Hitchcock desde que en 1955 rodara ‘¿Pero quién mató a Harry?’. En este caso el encargo que recibió era inusual, en lugar de música debía supervisar un apartado sonoro basado en los ruidos que hacen los músicos al afinar sus instrumentos. El resultado es sobrecogedor, y una muestra más del genio creador de Alfred Hitchcock.

Los pájaros

Conclusión.
Al igual que sucediera con Psicosis estamos ante una obra tremendamente popular, ambigua y polémica que ha inspirado a un buen número de películas. La pareja protagonista mantiene en todo momento una química excelente, y la pequeña historia de amor que subyace tras la trama se mantiene gracias a personajes secundarios como el de Suzanne Pleshette, que interpreta a la antigua novia del protagonista. Pero en realidad es todo un artificio al servicio del terror, que es en primera instancia lo que Hitchcock pretendía conseguir con esta película. Pero no cualquier terror, sino un terror a lo desconocido, a lo que no podemos comprender ni explicar, y sobre todo focalizado en unas criaturas de las que jamás podríamos sospechar.
Sin ser una película redonda, y sin poder considerarla como una de sus mejores producciones, sin duda me atrevo a decir en esta crítica de Los pájaros que estamos ante un film imprescindible y que tras verlo por primera nunca vuelves a mirar igual a los pájaros.