Gattaca
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¿Qué ocurriría si la sociedad estuviera dividida entre individuos genéticamente perfectos y ciudadanos con imperfecciones congénitas? ¿Y si el simple hecho de tener miopía nos relegara a trabajos indignos destinados a castas sociales inferiores? Son preguntas complejas a las que ‘Gattaca’ trata de dar respuesta a través de dos personas que unen sus destinos de un modo que jamás hubieran imaginado.

«Nunca entenderé lo que empujó a mi madre a poner su fe en las manos de Dios y no en las de su genetista» (Vincent Freeman)

Crítica de Gattaca

Andrew Niccol es un director y guionista neozelandés muy poco prolífico. Sin embargo, ha trabajado en historias y guiones de producciones importantes como La terminal’ (Steven Spielberg, 2004) o ‘El show de Truman’ (Peter Weir, 1998). La película que comentamos en esta review significó su trampolín hacia la fama. Aunque en su filmografía encontramos títulos correctos como ‘S1mone’ (2002), o la más reciente In Time’ (2011),  afirmo que ‘Gattaca’ es su película más redonda.

A pesar de que este film puede englobarse en el género de la ciencia-ficción, el escenario que dibuja no es nada difícil de imaginar. Y menos aún si tenemos en cuenta las tendencias humanas en aspectos sociales. Aquí que se nos presenta una realidad distópica en la que la sociedad ha avanzado hacia la discriminación genética. De esta manera se ha creado una especie de apartheid que separa a los ciudadanos genéticamente perfectos de los demás. Quizás sea éste uno de los aspectos más interesantes de la película porque, sin abandonar la ficción, nos propone un debate actual acerca de adónde se dirige la sociedad moderna.

El propio Niccol se encargó de escribir el guión de un modo claramente lineal, a pesar de contar con algún que otro flashback puntual. Es un guión bastante sólido que nos guía a través de la difícil vida de Vincent, retratando sus frustraciones y anhelos. Así hasta que finalmente decide hacer algo drástico para cambiar su vida y luchar por lo que quiere. Esta decisión no sólo le llevará a cambiar de vida… sino también de identidad. Así es como emprenderá un camino sin retorno donde se enfrentará al sistema y a si mismo. Esa determinación para conseguir hacer realidad sus sueños es el eje principal de la historia. Aunque al mismo tiempo se nos plantean otros dilemas: la inmortalidad del alma o la autorrealización gracias a los logros de otra persona. Esto último es lo que persigue el personaje de Jerome, encadenado a una silla de ruedas.

En el reparto Vincent está interpretado por un joven Ethan Hawke. Por aquella época ya era un rostro conocido gracias a varias películas. Su rostro, por aquel entonces frágil pero a la vez fuerte, le va como anillo al dedo a Vincent. Se trata de un hombre con esperanza de vida incierta que vive atrapado entre el miedo y la necesidad de realizarse. En el otro lado del espectro tenemos al personaje interpretado por un tremendo Jude Law. El actor aporta su faceta de canalla y seductor que le sienta de maravilla a Jerome. En esta caso hablamos de un gran atleta que, tras quedarse paralítico y ser apartado de la sociedad, afronta el paso del tiempo sumido en una actitud autodestructiva. En una extraña simbiosis, estas dos personas tan opuestas consiguen encontrar un nexo de unión y forjar una sólida amistad.

También hay otros personajes con cierta importancia que ayudan a completar el film. Tenemos a Anton Freeman, el hermano biológico de Vincent interpretado por Loren Dean, que siempre consideró inferior a su hermano. A lo largo de la película terminará entendiendo que la determinación y el deseo de superarse son mucho más importantes que un porcentaje en una analítica. También está Ernest Borgnine como el viejo César, ese individuo conformista y resignado que existe en toda sociedad. Y, curiosamente, el personaje más flojo es el que interpreta Uma Thurman. La actriz no consigue dotar a Irene de la emoción necesaria. Y es una lástima porque en una historia como esta la parte romántica podría haber funcionado mucho mejor.

Por otro lado, la película cuenta con un buen diseño de producción. Los diferentes escenarios consiguen recrear con bastante realismo esa sociedad distópica donde la sofisticación y la pulcritud extrema son rasgos identificativos de los ciudadanos genéticamente perfectos, mientras que a los parias se les prohíbe la entrada en espacios públicos y sólo pueden acceder a puestos de trabajo que nadie quiere desempeñar. Por cierto, también hay una subtrama de fondo meramente policíaca. Es aquella centrada en los esfuerzos de la policía para encontrar a un delincuente que ha suplantado la identidad de un ciudadano válido. En medio de esa investigación, entre análisis de sangre y ADN, Vincent deberá sortear hábilmente a las autoridades para mantener su secreto a salvo.

Conclusión.
Concluyo esta crítica de Gattaca, un film que no es nuevo porque se han hecho muchas películas que plantean un futuro más negro que el carbón. Pero en este caso no sólo se trata de eso, sino que estamos ante una bella historia de amor, amistad y superación personal. En un momento determinado, Vincent le explica a su hermano que la clave para hacer realidad tus sueños y vencer ante lo imposible consiste en no reservarse nada, en darlo todo hasta el último aliento. Sin duda, una buena moraleja.

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