El príncipe de Zamunda
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“Me siento feliz al estar aquí esta noche. ¡Un aplauso para todos ustedes! ¡Qué público tan estupendo, son encantadores! ¡Todo el mundo es encantador! Bien, ahora que están tan dispuestos a aplaudir… me gustaría que le dieran un aplauso a mi grupo: ¡Chocolate sexy! ¡Chocolate sexy!… ¡¡¡CHOCOLATE SEXY!!!”. Eddie Murphy es ‘El príncipe de Zamunda’.

Crítica de El príncipe de Zamunda

En 1988, y tras los dos éxitos de taquilla de ‘El chico de oro’ (Michael Ritchie, 1986) y Superdetective en Hollywood II (Tony Scott, 1987), uno de los cómicos del momento en Hollywood era Eddie Murphy. El divertido actor tenía el suficiente poder como para protagonizar y producir sus propias películas, basadas en historias ideadas por él mismo, y eligiendo al reparto-director que quisiera. Así fue cómo surgió ‘Coming to America’, en español titulada como ‘El príncipe de Zamunda’, una comedia en donde Murphy hacía y deshacía a su antojo, tiraba de crítica al modo de vida americano (los estadounidenses vistos como los amos del mundo dentro de su propia ignorancia) y de paso presentaba un vistazo tremendamente sarcástico de las dinastías del continente africano, donde la realeza es extremadamente rica, tanto que no saben ni qué hacer con el dinero.

El elegido como director por parte de Murphy fue John Landis (en la que era la segunda colaboración entre ambos), un director que poca presentación necesita, ya que cualquiera que sea fan de la comedia lo conocerá de sobra y podrá citarle tras las cámaras de un puñado de films míticos. Aquí Landis se muestra fiel a sí mismo y a su personal uso del humor, con especial predilección por los maquillajes y prótesis (algo que, en parte, instauró con la escena cumbre de la transformación en lobo del protagonista enUn hombre lobo americano en Londres).

Junto a Murphy, sobresalía su compañero de fechorías, Arsenio Hall (Semmi), quien igual que el protagonista, también interpreta a varios personajes del film, gracias al uso del maquillaje. En el resto del reparto nos encontramos con James Earl Jones dando vida al padre de Akeem, el rey Joffer, con ciertas reminiscencias a su personaje de Mufasa en El rey león (1994). Para Frankie Faison va el papel del casero del mugriento Motel donde se hospedan Akeem y Semmi. John Amos (el jefe tras las gafas con las patillas transparentes de ‘Encerrado’) es el propietario de la hamburguesería McDowell (¡no confundir con McDonalds!).

En el elenco femenino encontramos a Shari Headley y Allison Dean como las hijas de McDowell, Patrice y Lisa. Por su parte, Eriq La Salle (inolvidable permanente incluida) interpreta al novio sanguijuela de Lisa. Y mucho ojo a los innumerables cameos, de entre ellos sobresalen el ganador del Oscar Cuba Gooding Jr (el chico de la barbería), Don Ameche y Ralph Bellamy (estos dos roban uno de los grandes momentos del film volviendo como sus mitiquísimos personajes de ‘Entre pillos anda el juego’, dirigida en 1983 por John Landis) o Samuel L. Jackson como un atracador de poca monta.

Pasando a lo que tiene que ver con el film y su contenido cinematográfico puro y duro, siempre consideré a ‘El príncipe de Zamunda’ una película para ver en Navidad, lo que se dice “un film navideño”, ya que todos los ingredientes que presenta dan pie a ello, por eso, cuando miré su fecha de lanzamiento en USA no la situaba abriendo la temporada estival en la cartelera de su época… Pero a fe que lo hizo, y con un éxito atronador y una calificación para mayores de 16 años. El film se estrenó el 29 de junio de 1988, siendo nº1 de taquilla durante tres semanas consecutivas… para ser destronada a la cuarta por ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988). Al finalizar el año de su estreno, ‘El príncipe de Zamunda’ terminaría como la tercera película más taquillera y tan sólo por detrás de la cinta de animación/imagen real dirigida por Zemeckis y de la gran ganadora de los premios de la Academia en 1989, ‘Rain Man’ (Barry Levinson, 1988).

‘El príncipe de Zamunda’ es una comedia descacharrante en la que Eddie Murphy se burla de todo y de todos, y lo hace tirando de su mejor humor, sin necesidad de chabacanerías ni disfraces de gordos o mujeres. En pantalla tenemos al mejor Eddie Murphy entregando lo mejor de su repertorio, y el público supo apreciarlo.

Se nota tras las cámaras la mano de Landis, ojo al tremebundo cambio de escenarios entre el país imaginario de Zamunda y Nueva York y Queens. Los momentos cómicos del film vienen por el contrapunto costumbrista que presentan al llevar a un príncipe y a su mimado ayudante a una auténtica cloaca urbana como (nos hacen ver que es) Queens. De ahí, y de cómo serán tratados (en clave de inmigrantes que solo quieren ganarse la vida) vendrán todos los gags, muchos de ellos realmente inolvidables.

El personaje que más da para momentos cómicos es el engrandecido Cleo McDowell (John Amos), un tipo hecho a sí mismo que cree poseer un imperio con su hamburguesería familiar. Uno de los contrapuntos más recordados será cuando la familia de Akeem llegue a USA y Cleo se dé cuenta de lo pequeño que es a su lado. Otros que roban cada momento en donde aparecen son los “americanos auténticos” de la barbería, en realidad de nuevo Eddie Murphy & Arsenio Hall maquillados como los típicos ancianos que lo saben todo de la vida, ojo a sus conversaciones sobre quién fue el mejor boxeador de la historia o al chiste final de la sopa. Estos son momentos realmente históricos que recuerdan al Eddie Murphy que se dio a conocer con sus irreverentes shows.

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de El príncipe de Zamunda, una insuperable comedia de Eddie Murphy, un film imprescindible de su filmografía y también una cinta ineludible los ochenta con todo lo que representó esa década. Además, exhibe un humor sin tapujos, pedos, eructos ni chistes sobre miembros fálicos. Un humor hecho sobre situaciones reales y llevado a lo rocambolesco y lo satírico. Sí quieren ver una película que les haga reír ¡esta es una de ellas! y seguro que repiten.