Candyman
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En 1992 Bernard Rose convirtió a Tony Todd en todo un icono del cine de género adaptando ‘The Forbbiden’, un relato corto de Clive Barker. Estando ahora en una época en la que todo vuelve, el mito del hombre negro cruelmente linchado y con un garfio por mano, era inevitable que también regresara. ¿Recordáis su nombre? Se llamaba ‘Candyman’.

“Di mi nombre” (Anthony)

Crítica de Candyman

Empezamos esta review comentando que estamos ante la segunda película detrás de las cámaras de la realizadora Nia DaCosta. Recordemos que Nia debutó en 2018 escribiendo y dirigiendo ‘Little Woods’. Ahora toma las riendas de la “secuela espiritual” de todo un film de culto de los años 90. Me refiero a Candyman (El dominio de la mente) (Bernard Rose, 1992). El término “secuela espiritual” es el que se ha acuñado por la propia producción del film. Y no lo veo mal, puesto que esta nueva cinta se refiere a personajes y sucesos ocurridos en la película original para, a partir de ahí, construir su propia historia.

Respecto a DaCosta, decir que en su filmación se aleja de los ambientes empobrecidos y repletos de roña que nos mostró Bernard Rose en su película. En ‘Candyman’, salvo algunas visitas a las viviendas sociales, nos adentramos en el elitista mundo de las galerías de arte de Chicago. Esto hace que muchos escenarios sean coloridos, vanguardistas, modernos y de alto nivel económico. Incluso lo que tendría que lucir sucio (las citadas viviendas sociales) aparece demasiado limpio. No terminé de encajar bien este cambio de escenario porque creo que es demasiado rupturista con el original. Ahora bien, la filmación es muy elegante ¡qué duda cabe! Tema distinto es que valga para un film como este.

Y dentro de esa filmación es obligado destacar las escenas recreadas con sombras chinescas. Estas peculiares secuencias son empleadas por DaCosta para narrar mitos y leyendas urbanas pasadas, es decir, hechos en flashbacks. De esta forma se nos recordará, por ejemplo, la dramática historia de Candyman y Helen Lyle. Quizás sean estas secuencias las más perturbadoras de todo el film por el aspecto inquietante de los propios títeres.

En el libreto encontramos tres nombres: Jordan Peele, Win Rosenfeld, y la propia Nia DaCosta. Sin embargo, queda claro que Jordan Peele ha llevado la voz cantante en el guión. De hecho, tiene crédito como productor junto a su amigo Rosenfeld con el que ya trabajó en The Twilight Zone’. Así las cosas, ya sabemos lo que podemos esperar. Y sabemos lo que esperar porque Peele ya no engaña a nadie y se dedica a usar las películas y/o series como un medio para difundir su ideología. Una ideología en la que todos los hombres blancos (y casi todas las mujeres blancas) son estúpidos, engreídos, abusadores, maltratadores y asesinos.

Desde que Peele fue consagrado como nuevo gurú de lo fantástico es casi imposible coger una de sus producciones y rescatar un personaje blanco que tenga algo bueno o merezca la pena. El discurso de Jordan Peele es el que es, le viene bien mantenerlo en estos momentos y me sorprendería muchísimo que lo cambiara… sobre todo porque vive del mismo y no parece que pueda ofrecer otra cosa. Quizás el asunto cambie en ‘Nope’ pero lo dudo. Aun así habrá que esperar y ver…

Básicamente, Peele coge el elemento racista del film original para llevarlo al extremo más fanático que no fantástico. El discurso “raza blanca mala y raza negra buena” está presente en esta nueva película desde el principio y hasta el final. Incluyendo una referencia a una web de “Justicia Racial” al termino de todos los créditos. No hay ni un solo personaje blanco que pueda ser salvado (quizás el novio de Troy pero es tan irrelevante que no cuenta) y por el camino nos encontraremos con la “gentrificación blanca”, policías blancos asesinos, chicas blancas tontas y abusadoras, críticas de arte engreídas y frases del tipo: “Les gusta lo que hacemos pero no les gustamos nosotros”. Ideología de manual.

No obstante lo anterior, hay puntos francamente interesantes en la trama. Precisamente estos aspectos surgen cuando se deja la ideología de lado y el film se centra en la cinta original o en elementos fantásticos. Por un lado me refiero al recordatorio de las investigaciones y dramática historia de Helen Lyle. Y, por otro, a conceptos muy interesantes como “la transformación”, el espejo como una puerta (concepto “tomado prestado” de Poltergeist III) o la idea de “la colmena”. Lástima que este último también reciba sus buenas dosis de ideología…

En cuanto a los efectos especiales, disfraces, trucajes y demás poco hay que comentar. Las apariciones de “Candyman” son contadas con los dedos de una mano y prácticamente todas son “fantasmales” y relacionadas con los espejos. Hay muy pocos crímenes y tan sólo uno es grabado en primer plano. Y con respecto al gore prometido hay muy poco. Por si fuera poco, la sangre derramada no se nota demasiado real y si CGI. Y todo esto es así por la naturaleza propia de la cinta que ya he expuesto al tratar el script. Así las cosas, lo más siniestro del film es “la transformación” y las inquietantes sombras chinescas.

“¿Quieres otra historia de miedo?”. El hombre de los caramelos 2.

Pasamos ahora al elenco en el que nos encontramos con Yahya Abdul-Mateen II como Anthony, un artista en horas bajas que busca inspiración en la vieja leyenda urbana de Candyman. Yahya tiene un físico imponente y quizás se le sienta un tanto perdido en este papel que requiere de cierta debilidad. Aun así creo que cumple. Y ojo a su personaje porque tiene conexión con la cinta de 1992. Su novia, y principal valedora, es Brianna interpretada con más acierto por Teyonah Parris. No es que Teyonah esté mejor o peor que Yahya, simplemente está mejor elegida para su papel. Un papel que la lleva a tratar con los gestores de las grandes galerías de Chicago.

Formando parte de la familia de Brianna tenemos a Nathan Stewart-Jarrett como Troy y a su novio interpretado por Kyle Kaminsky. En este caso el que más sobresale es Nathan con una performance a la que aplica tonos simpáticos. Por su parte, Kyle pasa sin pena ni gloria y si no estuviera nadie lo echaría de menos. Por otro lado tenemos a Colman Domingo encarnando a William, un tipo obsesionado con el mito de Candyman y que lee a Clive Barker mientras lava la ropa. Colman reside en las viviendas sociales convirtiéndose en una fuente de información para Anthony. Atención a la locura que abraza en cierta parte del metraje. Y ya por último queda una simple aparición para Vanessa Williams repitiendo su rol del primer film y sirviendo también de conexión con lo allí sucedido.

“Para invocar a Candyman mira al espejo y di su nombre cinco veces” (Anthony)

En conclusión.
Termino esta crítica Candyman, un film que queda muy lejos de la cinta original de Bernard Rose y de la icónica figura recreada por Tony Todd. Creo que acierto al decir que esta “secuela espiritual” encaja más dentro del cine de denuncia social que del cine de género o fantástico. Por último, aquí no veníamos a recibir un discurso ideológico por parte de Jordan Peele, veníamos a otra cosa… en consecuencia, estamos ante una gran oportunidad desaprovechada para traer al presente a todo un icono del horror.

Tráiler de Candyman

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