Alerta máxima 2
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Estuvo en Vietnam. Fue un Seal. Experto en lucha cuerpo a cuerpo y tácticas anti-terroristas. Instructor de élite en Fort Bragg. Tiene medallas tan secretas que ni siquiera las puede enseñar. Él es Casey Ryback, el héroe del USS Missouri y está de vuelta para hacer sonar otra ‘Alerta máxima 2’.

“Nadie me gana en la cocina” (Ryback)

Crítica de Alerta Máxima 2

En 1995 Steven Seagal apostó a caballo ganador para lograr un éxito de taquilla en su asociación con Warner Bros. La película objeto de esta reseña sería su séptima cinta de estudio y la elegida como su primera secuela: ‘Alerta Máxima 2’. La jugada le salió bien a medias. Se partió con un presupuesto de 50 millones de dólares de la época y logró recaudar 104 millones a nivel mundial. Así las cosas, quedó por debajo de la original y se le cerraron las puertas para una tercera entrega con un supuesto avión secuestrado.

El libreto original no fue escrito expresamente como una secuela, sino como una película independiente. Lo redactó el hoy bastante conocido Matt Reeves. Una vez que el guión de Reeves fue integrado dentro de la franquicia se contrató a Richard Hatem. Este último reescribió la historia para que fuera la secuela que todos conocemos y ciñéndose al gusto de Seagal. Convertir ‘Dark Territory’ (acabó quedándose como segundo título en su versión original) en la segunda parte de las aventuras de Casey Ryback conllevó el hecho de prescindir de uno de los actores ya contratados cuando el film se encontraba en estado embrionario. Me refiero a Gary Busey, que ya era uno de los malos del primer film. Busey tuvo que ser despedido e indemnizado por una cláusula en su contrato que le aseguraba cobrar sus honorarios aunque la película nunca se realizara.

El director elegido para “dirigir el tren” fue Geoff Murphy (1938-2018), un habitual director de segunda unidad. Aquí firmaría la película más conocida e importante de su carrera. En ‘Alerta máxima 2’ nos entrega un destacable trabajo en lo que tiene que ver con la acción. Además potencia los acercamientos en primer plano al rostro de Seagal para crear tensión. Acompañando a la acción tenemos la música del evento obra de Basil Poledouris. El inolvidable compositor obvia totalmente la score del primer film.

Lo más disfrutable de la película es ver a Casey Ryback midiendo los tiempos y trazando un plan para matar a todos los malos del tren de diferentes maneras. El body-count es mucho mayor que en la película original y se agradece muchísimo. Además, por sus características, los vagones de tren dan más juego cinematográficamente que un barco. Por su parte, el esqueleto argumental es calcado, pero eso da igual… Cuando uno se acerca a una película como esta ya sabe a lo que va y lo que quiere ver. En este aspecto la cinta cumple sobradamente. A destacar, sobre todo, sus últimos treinta minutos con Ryback totalmente desmelenado. En esa parte lo vemos pasando al ataque, fabricando sus míticas bombas caseras y diezmando a los villanos uno a uno sin arrugarse el traje.

Conviene decir que la saga pudo haber continuado de haber sido Seagal un poco menos cómodo firmando DTV sin parar y no pensando fríamente en su carrera. No obstante, durante años intentó sacar adelante una tercera parte para cines. Incluso fue anunciada durante la fiebre revival de Los mercenarios 2 (Simon West, 2012). Sin embargo, el anuncio fue perdiendo fuerza hasta el día de hoy. Sea como sea, ‘Alerta Máxima 1 & 2’ quedan dentro de las imprescindibles de la filmografía del maestro del Aikido. Ambas películas forman una destacable dupla de acción/evasión al puro estilo años noventa.

En el casting destaca ver los inicios de Katherine Heigl como Sarah, la sobrina de Casey Ryback. Heigl luce mucho más recatada que en su explosiva presentación adolescente en ‘Mi padre, ¡qué ligue!’ (Steve Miner, 1994), su tercera película y primera con cierto protagonismo. Conviene apuntar que, una vez empezó a ser conocida, Heigl quiso abanderar la causa feminista en Hollywood renegando de algunas de sus películas más comerciales. Según sus palabras “ponían a las mujeres en mal lugar”. Finalmente, ciertas declaraciones y su aire de diva la enviaron directamente a la televisión hasta el día de hoy.

Por otra parte, quien debe de cargar con la losa de ser el máximo rival físico de Seagal/Ryback en la cinta es Everett McGill. El actor interpreta a Penn, el tipo que debe liderar el escuadrón carnaza para Ryback. Cumple bastante bien McGill como tipo duro. Siempre me quedó grabado su look porque era calcado al que lucía Héctor Cuper, el entrenador de futbol. En el escuadrón de Penn veremos a secundarios emblemáticos del cine de acción como Patrick Kilpatrick o Peter Greene.

De la primera entrega regresan Nick Mancuso (Tom Breaker) y Andy Romano (Almirante Bates). También veremos la incorporación de un secundario emblemático del cine de los ochenta, Kurtwood Smith (General Cooper), en un rol muy cómodo de alto rango militar. El gerifalte que se encarga de ver cómo se cuece toda la conspiración desde el Pentágono.

Por último, uno que si debe de jugarse el pellejo unas cuantas veces es Morris Chestnut interpretando a Bobby, un mozo que acaba haciendo equipo con Ryback. Chestnut volvería a trabajar años después con Seagal en ‘Al filo de la muerte’ (Don Michael Paul, 2003). Entre lo peor del reparto se encuentra la patética y nunca aclarada, sí fue así de intencionada, interpretación de Eric Bogosian. El actor nacido en Boston encarna al supuestamente pérfido y súper-cerebro Travis Dane. En realidad un mindundi con un portátil que incluso patalea como un niño desconsolado cuando su ordenador se queda sin conexión.

“Tú ocúpate de tus tecno-mierdas y deja que yo me ocupe de Ryback. Voy a enfrentarme cara a cara con él” (Penn)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Alerta máxima 2, junto a su predecesora forma el díptico definitivo del personaje característico de Seagal. Me refiero a un ex-militar de pose imperturbable al que más vale no enfadar. Esta secuela avanza imparable por los raíles como un explosivo cóctel de acción servido a guantazo limpio.

Tráiler de Alerta máxima 2