Al final del túnel
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De la mano de Rodrigo Grande tenemos esta destacada película. Una coproducción hispano-argentina que cuenta en sus filas con Leonardo Sbaraglia, Clara Lago y Pablo Echarri. Es hora de ponerse manos a la obra, fijar bien los pilares de madera y echar un vistazo… ‘Al final del túnel’.

“Al final todo depende de la mina o de la suerte”.

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Crítica de Al final del túnel

Rodrigo Grande, director y guionista argentino, es el responsable principal de este thriller de robos y atracos. Un film con el que pasaremos unos muy entretenidos 120 minutos. Cierto es que a lo mejor el metraje resulta un poco excesivo, pero el ritmo no decae en ningún momento y en todo instante se despierta nuestro interés por lo que pasa en pantalla.

Y en pantalla pasarán muchas cosas… ‘Al final del túnel’ no se limita a incidir solamente en la temática del robo. Esta temática es la principal, pero colgando de ella tenemos otras interesantes como pueden ser: La soledad (encarnada en Joaquín, el personaje de Leonardo Sbaraglia). El “voyeurismo” (nuevamente se hace presente en Joaquín y en su labor de espía a los ladrones). Las nuevas relaciones (representada en la relación que se establece entre Joaquín y Berta, interpretada por Clara Lago). Los niños con problemas (presente en Betty, la hija pequeña de Berta). Y también las sospechas y traiciones… Como digo, estos y otros temas cuelgan del principal, se desarrollan a la par, van dando lugar a esperados o inesperados giros y, llegado el momento, se irán resolviendo culminando en un intenso y tremendo final.

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Es inevitable destacar o llamar la atención al respecto de lo bien ejecutadas que están todas las secuencias que tienen lugar en el interior del túnel que los ladrones construyen para asaltar el banco. La ambientación de las mismas y, sobre todo, la tensión por lo que puede suceder allí son muy grandes cada vez que los personajes se introducen en su interior. Además del túnel, la casa pasa a convertirse en el otro gran escenario del film. Una casa que conoció tiempos mejores y en el que la rampa/ascensor que conduce al sótano juega otro destacado papel. Rodrigo Grande consigue hacer una destacada labor con tan sólo dos escenarios con los que nos atrapa en el film.

También sobresale el juego de la confianza/desconfianza entre el equipo de los ladrones. La misma viene provocada por la presión de ejecutar bien el golpe y por cómo, desde fuera (y sin ellos saberlo, lógicamente), Joaquín va recogiendo valiosa información que puede cambiarlo todo y ayudar a este paralítico técnico a intentar sacar tajada… Esto se ve aderezando también por la relación entre Joaquín y Berta. Por supuesto también influye la aparición de nuevos personajes como el interpretado por Federico Luppi.

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“747 y 748 no se tocan”… En el interior del túnel.

Si todo lo anterior ya comentado era bueno… las interpretaciones directamente son lo mejor. De hecho, son el pilar básico de la cinta. En este sentido, todos los protagonistas logran unas actuaciones de gran nivel. El reparto principal lo forman: Leonardo Sbaraglia, Clara Lago, Pablo Echarri y Federico Luppi.

Empiezo con Leonardo Sbaraglia que da vida a Joaquín, un paralítico y triste técnico informático. Joaquín vive en soledad y con la única compañía de su fiel perrillo ya viejo y enfermo. Sbaraglia da una exhibición de talento haciéndote totalmente cómplice de su personaje y haciéndote creer en todo momento que en la vida real sea paralítico. Joaquín termina cayendo bien a pesar de algunas acciones que se ve obligado a cometer.

Por su parte, Clara Lago destaca en su rol de Berta, un joven bailarina de streptease con niña pequeña a cuestas. Berta entra en escena cuando Joaquín le alquila una habitación. El ver cómo va evolucionando esta relación a la vez que Joaquín espía a los ladrones es otro de los focos de interés. Clara Lago está muy bien y aporta un gran carácter y desparpajo a su personaje. Inclusive hay que resaltar su interés por marcar el acento argentino de Berta.

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La némesis de Sbaraglia es Pablo Echarri como Galereto, el jefe de los ladrones. Galereto es un tipo de esos con personalidad dominadora, no conoce la piedad y cuánto más vamos sabiendo de él más lo vamos a aborreciendo. Echarri dota de gran carácter a su personaje y se hace el amo cada vez que sale en escena. Del resto de compinches destacar a Facundo Nahuel Giménez como “Schwarzenegger”, la mano derecha de Galereto y un hombre que, fiel a su apodo, reparte tremebundos trompazos. También mención para el madrileño Javier Cotino que interpreta al español del grupo del que “Schwarzenegger” no se termina de fiar.

Mención aparte merece la aparición del gran Federico Luppi en un rol en el que no conviene ahondar mucho para evitar “spoilear” algunas sorpresas. Al igual que Pablo Echarri, Federico también se hace el amo cuando aparece en escena. Destaca especialmente en la parte final. Atención ahí a sus escenas sentado en la oscuridad observando con la sola luz de un pitillo encendido.

“Yo te juro que le voy a arruinar la vida. ¿Qué te crees, que no puedo ganarle?”.-Joaquín.

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En conclusión.
Finalizo esta crítica de Al final del túnel, un buen material para pasar un rato de entretenida evasión. Un material bien armado y estructurado por Rodrigo Grande y mejor ejecutado por Leonardo Sbaraglia, Clara Lago y Pablo Echarri. Todos ellos se puede decir que, al final, han dado el golpe que tanto han buscado en las dos horas de metraje.

Tráiler de Al final del túnel