Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket
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El director Brad Silberling se atreve a adentrarse en el mundo de fantasía de Lemony Snicket para contarnos las desventuras de los hermanos Baudelaire. Tres hermanitos con grandes capacidades que deberán hacer frente a un camaleónico Jim Carrey de dibujos animados que les provocará… ‘Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket’.

“Niños, desgraciadamente debo informaros de una catastrófica desdicha”.-Mister Poe.

Crítica de Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket

Para aquellos que lo desconozcan, conviene empezar aclarando que Lemony Snicket es un pseudónimo, un autor ficticio creado por el escritor norteamericano Daniel Handler para firmar algunas de sus obras e incluso hacerlo protagonista de sus propias historias. Salvando las distancias, una especie de Xavier Sardà y Sr. Casamajor

La obra más importante de Handler es la saga de libros conocida como ‘Una serie de catastróficas desdichas’ (A Series of Unfortunate Events). Precisamente este es el título del film que hoy nos ocupa y que viene a englobar los tres primeros libros de las aventuras de los hermanitos Baudelaire. Aventuras que son seguidas y contadas por el investigador, periodista y autor ya citado, Lemony Snicket. Teniendo en cuenta esto, la película se encuentra narrada por el propio Snicket (voz de Jude Law) que va escribiendo/investigando la historia mientras la vemos avanzar en pantalla.

Ahondando ya en la película, nadie que la vea puede negar su excelente acabado y diseño de producción. En estos aspectos estamos ante un film cuidado y mimado hasta el más mínimo detalle y cuya calidad es innegable. Delante de nuestros ojos nos encontramos con un mundo cuya ambientación Steampunk la hace sobresalir, mezclando elementos de diferentes épocas (el vestuario, los vehículos, los mecanismos que vemos,…) y con una muy variada escenografía. Tampoco podemos negar como el director, Brad Silberling, “imita” con increíble éxito los mundos de fantasía gótica de Tim Burton y su peculiar sentido del humor con esos personajes y situaciones oscuras, estrafalarias y pintorescas.

Para alcanzar este impecable aspecto resulta obligatorio alabar cuatro aspectos fundamentales del film: la labor artística y de producción de Rick Heinrichs (precisamente colaborador habitual Tim Burton y ganador del Oscar por ‘Sleepy Hollow’, de la que esta película bebe bastante en cuanto a diseño), la fotografía del triple ganador del Oscar Emmanuel Lubezki con sus contrastes de colores y juegos de luces y sombras, el vestuario de Colleen Atwood y, finalmente, el maquillaje obra de Valli O’Reilly y Bill Corso (premiados con el Oscar 2005 por su labor en esta película). Amén de ganar el citado Oscar por el maquillaje, ‘Una serie de catastróficas desdichas’ fue nominada en otras tres categorías: Diseño de producción, Vestuario y BSO para Thomas Newman. Estos premios y nominaciones hablan bien a las claras de la perfección del mundo recreado aquí por el realizador Brad Silberling.

Respecto al argumento, cabe decir que el guión fue escrito por Robert Gordon adaptando, tal y como expuse antes, los tres primeros libros de la saga, esto es: ‘Un mal principio’ (The Bad Beginning, 1999), ‘La habitación de los reptiles’ (The Reptile Room, 1999) y ‘El ventanal’ (The Wide Window, 2000).

El libreto de Gordon mezcla, acertadamente, la comedia negra con el misterio, sin embargo, este último queda un poco cojo porque claramente hay elementos que sólo se tocan en su superficie, por ejemplo: la historia de los padres de los Baudelaire y la sociedad secreta que lideraban (la VFD). En este sentido, queda claro que el film (a pesar de tener un final) aspiraba a continuar la historia de los pequeños en futuras entregas. Entregas que, tristemente, no llegaron a la gran pantalla… y una probable razón de que no llegaran sería el elevadísimo coste del film (140 millones) que no fue lo suficientemente amortizado (209 en todo el mundo). Sin embargo, la historia continuaría en la serie homónima estrenada por Netflix en 2017 y protagonizada por Neil Patrick Harris.

Por otro lado, la BSO de Thomas Newman es de esas que gozan de personalidad propia e individualizan claramente a la película. En la misma encontramos una gran variedad de composiciones: inspiradoras y mágicas cuando Violet entra en acción, exóticas en la visita a la casa del tío Monty, o misteriosas según nos acercamos a la cueva sombría.

“Una inventora, un lector y una mordedora”. Los huérfanos Baudelaire.

Si hay alguien que marca a toda la película nada más que aparece en pantalla ese es el genial Jim Carrey dando vida al Conde Olaf, un tipo absolutamente excéntrico, egocéntrico y malvado que sólo acepta a los Baudelaire para poder hacerse con la fortuna que han heredado, y para ello estará dispuesto a todo… Carrey se convierte aquí en un auténtico dibujo animado de los Looney Tunes con un inenarrable repertorio de gestos, muecas, disfraces y ocurrencias. Un disfrute cómico y malvado en su máxima expresión.

De interpretar a los hermanos huérfanos se ocupan Emily Browning (Violet, la brillante inventora siempre capaz de hallar una salida en las situaciones más imposibles), Liam Aiken (Klaus, el ávido lector capaz de retener en su memoria fotográfica toda la información que lee) y las gemelas Kara y Shelby Hoffman como Sunny (la bebé mordedora). De los tres quien mejor desempeña su papel es Emily Browning, que muestra un mayor abanico de emociones y complicidad con la película y con lo que le pide su personaje. Por su parte, Liam Aiken resulta algo inexpresivo… y las gemelas poco hacen más que estar en pantalla sin hablar y siendo el aporte divertido y curioso.

Finalmente, otros intérpretes que conviene destacar son un muy agradable Billy Connolly como el aventurero tío Monty, una desesperada y miedosa Meryl Streep que borda su papel de tía Josephine, y un muy correcto Timothy Spall como Mister Poe, el banquero encargado de los pequeños. A modo de cameos con más o menos minutos quedan Catherine O’Hara, Luis Guzmán, Jamie Harris y Cedric the Entertainer. Finalmente, aparición en la parte final de Dustin Hoffman.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket, un film visualmente impecable que además cuenta con un disparatado Jim Carrey disfrutando cada minuto de su rol del malvado Conde Olaf. Si os gustan las aventuras que se desarrollan en ambientes Steampunk podéis darle una oportunidad que su logradísima escenografía y puesta en escena bien merecen.

Tráiler de Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket