El ultimátum de Bourne
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«Puedo ver sus caras… a todos los que maté, pero no recuerdo sus nombres. Marie intentaba ayudarme a recordar los nombres. He intentado pedir perdón por lo que hice, por lo que soy, nada de eso me alivia». Es el momento de la verdad. Llega la hora de recordar lo que eres, lo que fuiste y lo que siempre serás. Esto es… ‘El ultimátum de Bourne’.

«Aquí empezó a cambiar mi vida y aquí acabará» (Bourne)

Crítica de El ultimátum de Bourne

‘El ultimátum de Bourne’ fue anunciada, en su día, como el acto final de las aventuras del espía desmemoriado. Un agente encubierto que lanzó al estrellato a Matt Damon. Tanto el actor de la saga, como su director, Paul Greengrass, dejaron bien claro que con este film terminaban de contar todo lo que querían sobre Jason Bourne, el personaje literario creado por Robert Ludlum. A pesar de ello, los productores y la Universal les siguieron insistiendo hasta que en 2016 llegó una nueva entrega. Mientras eso sucedía, la Universal «reinició» la saga con un nuevo director, Tony Gilroy (guionista habitual de la serie), y con el ascendente Jeremy Renner como protagonista. Pero esa es otra historia…

Personalmente nunca he sido un gran fan de los films de Jason Bourne. Quizás es por ello que veo esta trilogía con los ojos más «limpios» que los seguidores más acérrimos del personaje. En mi opinión, tanto El caso Bourne (Doug Liman, 2002) como El mito de Bourne (Paul Greengrass, 2004) y esta tercera parte, contienen lo mejor y lo peor del cine de acción moderno. Igualmente es justo reconocer que las tres mantienen los niveles de intriga a una altura notable. No obstante, el punto álgido se da en esta tercera entrega. Aquí descubriremos, por fin, quien es realmente Jason Bourne. También es de justicia remarcar que las persecuciones automovilísticas de la saga son de lo más espectacular que se puede encontrar en las cintas del género de los últimos diez años.

Reconocido lo anterior, también hay que dejar claro que todos y cado uno de los enfrentamientos físicos entre personajes están totalmente desaprovechados. Esto es así por la cansina manía actual de filmarlos «cámara en mano» y con un movimiento constante que hace imposible ver con nitidez lo que acontece delante de nuestros ojos. Algo que, irremediablemente, lastra el resultado final del conjunto. En esta línea, la aparición de Scott Adkins se despacha de la manera más simple y absurda posible. También Paul Greengrass se carga él solito el que debería ser el combate más espectacular de la franquicia. Me refiero a aquel que enfrenta a Bourne contra Desh.

Por otro lado, la cinta llega a alcanzar cotas fugaces de intriga realmente dignas del mejor Brian De Palma. Atención a la escena en la terminal donde un gran número de agentes de paisano acosan a Bourne. También aquella en donde Bourne traza un plan maestro para sacar a todos los jefazos de la CIA del edificio de operaciones encubiertas para poder entrar en él como «Pedro por su casa». Ambas set pieces son realmente magistrales, tanto en su realización (en donde la cámara en movimiento sí está completamente justificada) como en el montaje y planificación. Especialmente destaca la primera, una especie de coreografía de baile cinematográfico memorable.

Jason Bourne

Valorando el film como si la serie fuera una película dividida en tres capítulos es también justo reconocer que este tercer acto cierra inteligentemente todos los frentes abiertos por las anteriores. Este film lleva al espectador de la mano del protagonista, sabiendo nosotros lo mismo que va averiguando Bourne. Siendo el descubrimiento final sobre su pasado más impactante por la forma en que está planificado… que por lo que realmente descubrimos. Dicho esto, pasemos a valorar las actuaciones del plantel de actores.

Aquí tenemos a intérpretes de una calidad espectacular, sobre todo dentro del clan de secundarios. Ese equipo está formado por grandes como Scott Glenn (tomando el testigo de Brian Cox), Albert Finney y David Strathairn. Sin olvidar a una actriz tan infrautilizada en la industria como es Joan Allen. También hace acto de aparición Julia Stiles, cuyo personaje guarda muchos secretos de Bourne. Aquí el rol de Stiles muta físicamente hasta parecerse sospechosamente a la Marie que dio vida Franka Potente.

El ultimátum de Bourne

Por supuesto el gran protagonista de la función es Matt Damon. El famoso actor encontró en Jason Bourne al personaje perfecto para sus cualidades interpretativas. Este es un rol que potencia sus puntos fuertes: su rostro de americano-medio que encaja a la perfección con el del héroe metido en problemas que le sobrepasan y su sempiterna inexpresividad. Todas estas características encajan de lujo en el papel. Y en el apartado que tiene que ver con esfuerzo físico, Damon se mueve hábilmente, o todo lo hábilmente que el director deja ver.

El apartado musical corre a cargo de John Powell. Sus partituras musicales siguen las notas de la banda sonora de la saga. También hay que decir que se cuenta con el inevitable “Extreme Ways” de Moby. El tema suena en los créditos finales.

«No te elegimos nosotros, te ofreciste tú» (Doctor Albert Hirsch)

El ultimátum de Bourne

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de El ultimátum de Bourne, un cierre que no decepcionará a los fans del personaje. La película funciona mejor en el apartado de la intriga que en el de la acción física. Y es que, a pesar de contener ráfagas de brillantez como la icónica persecución por los tejados en Tánger, la acción filmada por Greengrass merma al conjunto final, sobre todo por no saber cuándo parar quieta la cámara. Entiendo que el film pudo haber sido mucho mejor con un director que hubiese sabido contenerse. Un realizador que apartara su personalidad de la ecuación para dejar que el guión y los actores tomaran todo el protagonismo.

Tráiler de El ultimátum de Bourne