El ultimátum de Bourne
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Puedo ver sus caras… a todos los que maté, pero no recuerdo sus nombres. Marie intentaba ayudarme a recordar los nombres. He intentado pedir perdón por lo que hice, por lo que soy, nada de eso me alivia. Es el momento de la verdad, llega la hora de recordar lo que eres, lo que fuiste y lo que siempre serás. Es… ‘El ultimátum de Bourne’.

Matt Damon como Jason Bourne

El argumento de ‘El ultimátum de Bourne’. “Cometieron dos errores: Entrenarle y Traicionarle”.
Jason Bourne (Matt Damon) sigue su particular camino en busca de la verdad sobre su pasado, camino que le llevará desde Moscú (en donde terminaba el film precedente) a Francia, para encontrarse con Martin (Daniel Brühl), hermano de Marie (Franka Potente), la novia fallecida de Bourne.
Tras ello, no tardará en ponerse de nuevo en marcha y viajar hasta Inglaterra, donde entrará en contacto con un periodista local, Simon Ross (Paddy Considine), que parece saber mucho del pasado del agente desmemoriado. Las pesquisas de este llevarán a Bourne hasta Madrid. En la capital de España buscará a Neil Daniels (Colin Stintop) que parece ser uno de los rostros que despierta más recuerdos en el agente amnésico. Será aquí donde Jason se reencontrará con Nikki Parsons (Julia Stiles) quien ya le ayudó en el pasado…
Paralelamente, la CIA sigue teniendo a Bourne como objetivo prioritario, desde el jefazo de la agencia, Ezra Kramer (Scott Glenn), hasta el jefe de operaciones encubiertas, Noah Vosen (David Strathairn). Todos quieren cazar a Bourne a cualquier precio. Solamente Pamela Landy (Joan Allen) cree que Bourne es la punta del iceberg de algo muy grande que salpica a los altos cargos de la agencia, y que por ello quieren quitar de en medio a Bourne antes de que recuerde demasiado de su pasado. Vosen es quién más ansía eliminar a Bourne de la ecuación y para tal misión manda a una serie de letales asesinos tras él, desde Paz (Edgar Ramirez) a Desh (Joey Asnah). Sus órdenes: eliminar a Bourne y a todo aquel que colabore con él.

Jason Bourne

Crítica de El ultimátum de Bourne.
‘El ultimátum de Bourne’ fue anunciada, en su día, como el acto final de las aventuras del espía desmemoriado que lanzó al estrellato a Matt Damon, y tanto este, como su director Paul Greengrass, dejaron bien claro por activa y por pasiva que con este film terminaban de contar todo lo que querían sobre Jason Bourne, el personaje literario creado por Robert Ludlum. A pesar de ello, los productores y la Universal siguieron insistiendo a ambos (dos de los grandes estandartes de la franquicia) de que volvieran a ponerse en marcha, pero el dinero no fue suficiente (o eso parecía hasta el año pasado)… Esto llevó a la Universal a reiniciar la saga con un nuevo director: Tony Gilroy (guionista habitual de la serie) y el ascendente Jeremy Renner (Los Vengadores). Pero esa ya es otra historia…

Personalmente nunca he sido un gran fan de los films de Jason Bourne, y quizás es por ello que veo esta trilogía con los ojos más “limpios” que los seguidores más acérrimos del personaje. En mi opinión, tanto El caso Bourne (dirigida por Doug Liman, que luego declinó firmar la segunda parte creyendo que tras aquella se iba a comer el mundo) como El mito de Bourne y esta tercera parte, contienen lo mejor y lo peor del cine de acción moderno.
Igualmente es justo reconocer que las tres mantienen los niveles de intriga a una altura notable, viviendo su punto álgido en esta tercera entrega, donde descubriremos por fin quien es Jason Bourne. También es de justicia remarcar que las persecuciones automovilísticas de la saga son de lo más espectacular que se puede encontrar en las cintas del género de los últimos diez años…

…Pero también que todos y cado uno de los enfrentamientos físicos entre personajes están totalmente desaprovechados, por la cansina manía actual de filmarlos “cámara en mano” y con un movimiento constante que hace imposible ver con nitidez lo que acontece delante de nuestros ojos. Algo que, irremediablemente, lastra el resultado final del conjunto a pesar de que la cinta llegue a alcanzar cotas fugaces de intriga realmente dignas del mejor Brian De Palma: atención a la escena en la terminal donde un gran número de agentes de paisano acosan a Bourne y persiguen al periodista Simon Ross; o aquella en donde Bourne traza un plan maestro para sacar a todos los jefazos de la CIA del edificio de operaciones encubiertas para poder entrar en él como “Pedro por su casa”. Ambas set pieces son realmente magistrales tanto en su realización (en donde la cámara en movimiento sí está completamente justificada) como en el montaje y planificación, siendo sobre todo la primera, una especie de coreografía de baile cinematográfica memorable.
Pero luego, tenemos que cargar con que los combates son todos y cada uno de ellos desesperadamente confusos, atención especial a como se mal aprovecha la aparición de Scott Adkins, siendo su personaje despachado de la manera más simple y absurda posible; o como Greengrass (engullido por su propio ego) se carga él solito el que debería ser el combate más espectacular de la franquicia, aquel que enfrenta a Bourne Vs Desh (el eliminador marroquí enviado a matarle y que demuestra tanta o más astucia que el propio Bourne en sus actos).

El ultimátum de Bourne

Y es que, si bien dentro una cinta que juega con el suspense y la intriga (y que contiene un sólido guión que lo sustenta todo), Greengrass sabe manejarse con habilidad, dentro del cine de acción puro y duro, y sobre todo en el plano que tiene que ver con los combates de lucha, se hunde, demostrando que firmar secuencias de acción de calidad con personalidad propia no es tan fácil como puede parecer cuando no cuentas en el set con un director de segunda unidad especialista en el género que lo haga por ti… o directamente has nacido para ello, como los grandes Sam Peckinpah, Walter Hill o John Mctiernan, o directores actuales como James Gray, Simon West y Joe Carnahan.

Valorando el film como si la serie fuera una película divida en tres capítulos es también justo reconocer que este tercer acto cierra inteligentemente todos los frentes abiertos por las anteriores, llevando al espectador de la mano del protagonista, sabiendo nosotros lo mismo que va conociendo Bourne. Siendo el descubrimiento final sobre su pasado más impactante por la forma en cómo tanto Tony Gilroy en labores de guionista como Grenngrass detrás de la cámara, lo planifican que por lo que realmente descubrimos.

Dicho esto pasemos a valorar las actuaciones del plantel de actores, todos ellos intérpretes de una calidad espectacular, sobre todo dentro del clan de secundarios donde hayamos a colosos como Scott Glenn (tomando el testigo de un titán como Brian Cox), Albert Finney, David Strathairn y, sobre todo, una actriz tan infrautilizada en la industria como Joan Allen. También hace acto de aparición Julia Stiles, cuyo personaje guarda muchos secretos de Bourne ya que ella también formaba parte del proyecto TreadStone, aquí el rol de Stiles muta físicamente hasta parecerse sospechosamente a la Marie que dio vida Franka Potente.
Pero ¡cómo no! el gran protagonista de la función es Matt Damon que en Jason Bourne encontró al personaje perfecto para sus cualidades interpretativas, un rol que potencia sus puntos fuertes: su rostro de americano-medio que encaja a la perfección con el del héroe metido en problemas que le sobrepasan y su sempiterna inexpresividad encajan de lujo en el papel. Y en el apartado que tiene que ver con esfuerzo físico, Damon se movió hábilmente, o todo lo hábilmente que el director dejó ver.

El apartado musical corrió a cargo de John Powell, siguiendo las notas de la banda sonora de la saga, y contando como el inevitable tema de Moby “Extreme Ways” que suena en los créditos finales.

El ultimátum de Bourne

En resumidas cuentas.
Un cierre que no decepcionará a los fans del personaje y que funciona mejor en el apartado de la intriga que en el de la acción física. Y es que, a pesar de contener ráfagas de brillantez como la icónica persecución por los tejados en Tánger… la acción filmada por Greengrass merma el conjunto final, sobre todo por no saber cuándo parar quieta la cámara. En definitiva y como cierre de esta crítica de El ultimátum de Bourne, entiendo que pudo ser mucho mejor con un director que hubiese sabido contenerse, y apartar su personalidad de la ecuación para dejar que el guión y los actores tomaran todo el protagonismo.

El plano: Sus instantes finales en el agua.
La escena: El encuentro entre Bourne y el Doctor Hirsch y la frase final que el primero le dedica cuando el segundo le pregunta si va a matarle.
La secuencia: Bourne recorriendo las azoteas de Tánger a la caza del agente Desh enviado para matarle a él y a Nikki.

Frases memorables:
Huir no es tan duro (Bourne).
Aquí empezó mi vida a cambiar y aquí acabará (Bourne).
Una república vive en el filo de la navaja… Cuando terminemos contigo no volverás a ser David Webb… es posible que ni siquiera recuerdes quien eras (Doctor Albert Hirsch).
No te elegimos nosotros, te ofreciste tú (Doctor Albert Hirsch).