Marathon Man
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Si uno ha visto esta película resulta inevitable pensar en ella cuando nos sentamos en la silla del dentista. Una escena y una frase pueden bastar para trascender. Y este es el caso de este clásico setentero que pasamos a revisitar ahora mismo. Hace ¡45 años! que Dustin Hoffman se convirtió en todo un ‘Marathon Man’ respondiendo a la siguiente pregunta…

“¿Están a salvo?” (Szell)

Crítica de Marathon Man

Hasta que falleció en el año 2003, el actor y oscarizado director John Schlesinger nos legó grandes obras detrás de las cámaras o, al menos, películas por todos conocidas. Me refiero a cintas como: ‘Darling’ (1965), ‘Cowboy de medianoche’ (1969), ‘Yanquis’ (1979) o ‘Los creyentes’ (1987). Y de entre todos sus films, el más destacado fue, sin duda, ‘Marathon Man’, su primer gran thriller. Como aspecto técnico hay que dejar constancia que este film fue el primero en usar en un estreno en cines la steadicam inventada por Garrett Brown. La misma se empleó en las persecuciones y carreras por las calles de Nueva York para evitar “tembleques” y movimientos bruscos.

‘Marathon Man’ está basada en la novela homónima de William Goldman y publicada en 1974. La película se estrenó en Estados Unidos tan sólo 2 años después: el 6 de octubre de 1976 con su premier en Nueva York. El propio Goldman escribió el guión del film. Aquí tenemos un libreto totalmente conspiranóico que envuelve al protagonista en una situación realmente kafkiana. Digo esto porque Babe, el joven graduado en Historia, se verá envuelto en una situación que le sobrepasa, de la que no tiene ni idea y que, para colmo, amenaza con acabar con su vida. Una vida que da un giro de 180º cuando Babe estaba en su mejor momento: escribiendo su tesis y recién conquistada una guapa y joven universitaria.

En esta ocasión, la intrigante trama se ve favorecida por el montaje del film obra de Jim Clark. En los primeros minutos se nos van presentando a una serie de personajes que, aparentemente, no tienen ninguna relación entre sí. Sin embargo, según va avanzando el metraje, los protagonistas van entrando todos en relación y el puzle empieza a encajar poco a poco. Así hasta que todo estalla para Babe cuando su hermano, Doc, acude malherido a su pobre y sucio apartamento. Ese será el punto de no-retorno para Babe y también el punto en el que a nosotros, como espectadores, se nos ofrecerá una información vital que completa la que ya teníamos. Eso sí, bien haremos en no fiarnos de nadie… porque en la película varios jugadores juegan a dos y hasta tres bandas.

Para completar un poco la trama, y sin spoilear nada importante, resaltar que en ‘Marathon Man’ se mezclan temas ciertamente interesantes. Entre ellos tenemos el pasado familiar, las oscuras agencias que manejan los trapos sucios gubernamentales y, sobre todo, el siempre sugerente aporte de los criminales nazis escapados de la Justicia. Criminales que se refugiaron en países sudamericanos y en el propio Estados Unidos cambiando sus identidades y comerciando con suculenta información. Todo a la vez que sobrevivían a base de grandes riquezas arrebatadas a los judíos.

Todo lo comentando hace que la película nos ofrezca grandes escenas que ya han pasado a la historia del cine. Entre ellas cabe recordar la inhumana carrera de Babe corriendo por su vida casi desnudo por las calles de Nueva York en una noche fría y tenebrosa. La pelea a muerte entre Doc y un siniestro individuo en la habitación de un hotel de lujo en París. El recorrido de Szell por las joyerías judías de Nueva York. El final en la depuradora de agua como guiño a ‘El tercer hombre’ (Carol Reed, 1949). Y, por supuesto, la mítica y kafkiana “visita” al dentista que hace Babe. Una “visita” que da paso a una martirizante repetición de la pregunta “¿Están a salvo?” pronunciada con muy diferentes entonaciones. Estoy seguro que cualquiera que haya visto esta película recordará todas estas escenas, especialmente la del dentista…

La banda sonora fue obra de Michael Small, un compositor neoyorquino que no logró alcanzar gran trascendencia. Sin duda, sus mejores años los vivió a finales de los setenta y principios de los ochenta componiendo para películas como ‘La noche se mueve’ (Arthur Penn, 1975) o ‘El cartero siempre llama dos veces’ (Bob Rafelson, 1981). En ‘Marathon Man’ destacan sus composiciones setenteras con algún toque estridente y también ciertos pasajes de terror y suspense. Globalmente es un buen trabajo.

“¡Es él! ¡Es el ángel blanco!”. Conspiración.

Pasando ahora al reparto, insistir en lo comentado antes: tenemos varios personajes importantes. Ahora bien, el más destacado de todos es Dustin Hoffman como Thomas Babington “Babe” Levy, un estudiante que está preparando su tesis doctoral en Historia cuando se ve atrapado en una conspiración internacional… Resaltar que Hoffman llevó a rajatabla “el método” en esta interpretación. El actor se metió sus buenas sesiones de maratones, aguantaba la respiración bajo el agua e incluso llegó a no dormir. Pero lo más increíble es que, por aquel entonces, contaba con 39 años y pasa perfectamente por un post-universitario. En el film queda perfilado como un pequeño hombre acorralado incluso en su propio barrio por sus vecinos negros e hispanos que lo tachan de “hormiguita y judío”.

También importante es el papel de Roy Scheider como Henry “Doc” Levy, el hermano mayor de Babe. En el caso de Roy se aprovecha mucho su figura de galán para presentarlo casi siempre luciendo trajes y taconazos como un gran magnate del petróleo. Un tipo muy inteligente y con mucho mundo sobre sus espaldas. Presten atención especial a la tremebunda pelea a muerte que tiene en un hotel de París contra un esbirro chino. El propio Scheider se encargó de preparar y coreografiar de forma personal esa sangrante set-piece en el que una de sus manos le libra de un terrible degollamiento.

Dejando de lado a Hoffman y Scheider tenemos en un papel muy brillante a Sir Laurence Olivier como el Doctor Christian Szell, un viejo nazi escondido en Uruguay que vendría a ser una especie de Mengele. Hay que destacar que a la categoría actoral del mítico actor se le une también un elegante vestuario que le hace parecer, en todo momento, como alguien importante. A su paseo por las joyerías judías me remito… Y gran mérito el de Laurence Olivier que trabajó en este film estando muy enfermo de cáncer.

Por otro lado, atención también con William Devane encarnando a Janeway, un personaje que, llegado el momento, se presentará ante Babe para revelarle toda la verdad. Ojo a cómo Devane se mueve, casi siempre, por la fina línea que separa el bien del mal, la verdad y la mentira. Sin duda esto es lo que hace muy atractiva su performance.

Y finalmente nos quedan dos papeles de menor trascendencia. En primer lugar me refiero a Marthe Keller como Elsa, una universitaria de la que se enamora Babe y a la que desenmascara Doc. Y, por último, tenemos una breve aparición de Fritz Weaver como el profesor que supervisa la tesis doctoral de Babe. Poco se puede decir del mismo porque, si mal no recuerdo, tan sólo sale en una escena en la Universidad.

“Este mundo es un fandango… y ¡ay! del que no lo baile” (Henry)

En conclusión.
Termino esta crítica de Marathon Man, una auténtica joya de la segunda mitad de los años setenta. Un film que ha pasado a la historia por una simple pregunta repetida, maliciosamente, hasta la saciedad: “¿Están a salvo?”. Lo que está a salvo, en cualquier colección que se precie, es esta película. Claro que está a salvo. Siempre lo estará…

Tráiler de Marathon Man