Cisne negro
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Odette y Odile. El bien y el mal. Todo etiquetado. Todo según como debe de ser. Nos educan para ser Odette, reprimiendo a Odile. En nuestra pulsión por ser cisnes blancos, olvidamos la belleza y la fuerza del cisne negro. La belleza y la fuerza de la vida, frente a la perfección estéril de alguien que, a fuerza de ser tan blanca, olvidó quién era y qué quería. Y cuando a la fuerza se lo recuerdan, sus deseos emergen con brutalidad y sin control, destrozándola y destrozando todo aquello por lo que tanto se reprimió. ‘Cisne negro’.

“He esperado tanto, que nunca olvido. Miedos y sufrimientos, huyeron al cielo. Y la sed malsana, oscurece mis venas”.-(J. Arthur Rimbaud. Una temporada en el infierno).

Nina

Crítica de Cisne negro.
Desde que se anunció la película, estaba deseando ir a verla, ya que parte de la trama se tejía con la historia del ballet de “El lago de los cisnes”. El ballet ocupó durante muchos años una parte importante de mi vida. Hubiera dado lo que fuera por seguir, por ser bailarina. No importaba tanto la técnica como la posibilidad de expresarte, de expandirte más allá de los límites estrechos de tu cuerpo y de tu mente.

“El lago de los cisnes” era mi ballet favorito. Lo vi bailar centenares de veces, a Makarova, a Nureyev, a Baryshnikov, a Fonteine. Me lo sabía de memoria. Y me gustaba por la historia. Por el enfrentamiento entre el bien y el mal. Por la pobre Odette, hechizada y vencida por Odile. Por el triunfo de lo carnal frente al espíritu frágil y romántico.

“Marcharé hacia el norte. Marcharé adentrándome en una vasta oscuridad. Me veo como una sombra, ni hombre ni mujer, ni una mujer, feliz de ser como un hombre, ni un hombre lo bastante insensible y plano como para no sentir ninguna carencia. Me siento una carencia. Levanto mis dedos. Diez estacas blancas. Mirad, la oscuridad se escapa por las grietas. No puedo contenerla. No puedo contener mi vida”. (Sylvia Plath. Tres mujeres).

Cisne Negro

Pasado el tiempo, analizo ahora las cosas de otra manera. Nos educan pretendiendo que hay un modo correcto de hacer las cosas, que hay una línea clara de separación entre el bien y el mal. Y sin embargo, al final, la vida te pone frente al hecho de que esa línea de separación entre el bien y el mal no existe. Que es algo con lo que tú tienes que lidiar y que tú decides quién quieres ser y dónde pones la línea, si la pones. Y dependiendo de cómo seas tú y de cómo sea tu educación, puedes convertirte en alguien que deja todo de lado, hasta a sí mismo, en aras de lo que se considera que es bueno y perfecto. Incluso, si a lo que te dedicas tiene que ver con la expresión del fondo de uno mismo, de mostrar tu propia alma.

Y todo lo que se reprime y todo lo que no se permite, y todo lo que no muestra, se va guardando en su cuerpo, en su alma, en su mente y en su espíritu, y le va corroyendo cual veneno mortal. Hay veces que no se dan las circunstancias para que se produzca algún quiebre en esa fachada perfecta y pétrea, pero hay otras ocasiones en las que sí. Y es entonces cuando ese veneno sale a la superficie, destruyendo todo lo que encuentra a su paso.

Eso es lo que le pasa a Nina, la bailarina perfecta y pétrea. Súmum de la técnica e inexpresiva, bailando sin alma, ya que no se lo permite, ni en el baile ni en la vida. Y paradójicamente, en su ambición por ser la primera y perfecta bailarina, la vida le pone delante su propia sombra, todo aquello que no se permite en la vida real, tiene que permitírselo en el baile, para encarnar a Odile, el cisne negro.

Odile

La manipulación y el desprecio profundo al que se ve sometida por parte del director y la relación ambigua con su compañera Lily, hacen aún más acusadas esas circunstancias de estar frente a su propia sombra. Y ella, en su afán por ser perfecta, cruza la frontera en viaje a lo desconocido.
Qué parte es consciente y qué parte es inconsciente, es algo que la película le deja al espectador. Porque alguien con tanto control sobre sí mismo, quizá, podría llegar a darse cuenta de que ha cruzado la frontera, y a pesar de ello, sigue adelante, por ambición, por demostrar que puede, por alcanzar aquello por lo que ha sacrificado su vida. Y sin embargo, parece, que, al final, no era tan consciente de ello, y dándose cuenta de lo que realmente ha conseguido, asume su responsabilidad y hace de ello, su obra más perfecta. Pese a todo. Pese a sí misma. Incapaz de salirse del guión que tejió para su vida. Quizá es esto lo que más me gusta de la película.

¿Tan difícil es salirse del guión que elegimos para vivir nuestra vida? ¿Tanta inseguridad tenemos? ¿O es que acaso, dudamos que podamos llegar a integrar en nosotros, a nuestra Odile y nuestra Odette? ¿Cuál es el precio que estamos dispuestos a pagar por ello?

“Es fácil culpar a la oscuridad”, Sylvia Plath. Poema para un cumpleaños.

Cisne Negro

Sobre la actuación de Natalie Portman galardonada con el Oscar 2011 a la mejor actriz: como antigua bailarina de ballet y como asistente a clases de teatro de forma aficionada, me he quedado absolutamente maravillada con el trabajo de Natalie Portman. No he visto a ninguna bailarina, marcar tanto el carácter de Odette, y he visto a muy pocas actrices el trabajo de construcción de un personaje tan complejo, con dos caras tan opuestas y tan marcadas, tanto, que parecen dos actrices distintas. Mi más rendida admiración en esta crítica de Cisne negro.

Cisne Negro

Curiosidades.
  • Pese a haber practicado ballet de pequeña, Natalie Portman, tuvo que someterse a un duro trabajo de 10 meses de preparación con sesiones diarias de trabajo de 5 horas para poder interpretar a Nina en todos sus aspectos.
  • Tanto Natalie Portman como Mila Kunis se prepararon bajo la tutela de varios antiguos profesores y formadores profesionales del New York City Ballet y maestras como Marina Stavitskaya, Olga Kostritzky, Mary Helen Bowers o Georgina Parkinson, que les diseñaron un extenuante y completo programa de formación en tiempo récord (natación, pesas y mucha danza).
  • Mila Kunis tuvo dos lesiones importantes y se dislocó un hombro. Natalie Portman por su parte sufrió una dolorosa lesión de costilla.
  • Además de estudiar danza en su juventud, Portman estudió psicología en Harvard, lo cual le proporcionó información adicional sobre la desintegración mental que sufre Nina y le permitió profundizar en la surrealista experiencia que sufre el personaje.
  • El personaje de Nina es lo que en el mundo del ballet se denomina “bunhead”, un término algo peyorativo para calificar a una bailarina tan consagrada a la danza que no le importa nada más en el mundo.

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