Renacimiento: Liga de la Justicia: Números 22 y 23
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Christopher Priest deja la Liga de la Justicia en estos números. ¡Y menos mal que duró poco su posición de guionista! Pese a tener talento, inmediatamente ha sacado a relucir su trasfondo racial. En los lápices tenemos a Pete Woods y Philippe Briones.

Comentario de Renacimiento: Liga de la Justicia: Números 22 y 23.

La historia comienza con la Atalaya camino de estrellarse contra la Tierra. ¿Les suena de algo? Sí, es la tercera vez que pasa. Sucedió, números atrás, en esta misma cabecera. Además, se repitió en Trinidad y ahora tenemos la misma situación. No entiendo como Christopher Priest, quien a lo largo de su breve tiempo en esta colección, demostró tener conocimiento de eventos previos opta repetir el mismo suceso.

Por otro lado, no se dejen llevar por el título “¡Cuando chocan las Ligas!”, refiriéndose a Liga de la Justicia y Liga de la Justicia de América. ¡Mentira! Esto no sucede. Nunca entenderé la manera en que las portadas le mienten al lector/comprador. En todo caso, la JLA se ve envuelta durante el proceso de entrada a la Tierra de la Atalaya. Sin embargo, luego no tienen nada que ver con la historia.

Querría comentar un momento puntual que me chocó. En medio del caos se dice que los únicos que se van a salvar del estrellamiento son “los peces gordos”. Me refiero a Superman, Batman, Flash y Wonder Woman. Lo siento, pero Batman no podría salvarse. Recordemos, una vez más, que tan sólo es un hombre. De hecho, es el único que no tiene poderes de todos estos superhéroes. En todo caso, sería Aquaman quien podría sobrevivir por su capacidad de resistencia. Si todavía se hubieran referido a su importancia/aportes lo podría comprender. Sin embargo, hablando de poderes, es totalmente imposible que Batman se salvara.

Cuando la Atalaya se estrella lo hace en África. Esto supone un gran problema para los héroes. Diversas naciones se personan para hacerse con cuanto material/armamento puedan del satélite. La Liga poco puede hacer, ya que no hay leyes que los protejan ni que ellos puedan imponer. Como tampoco pueden cargar con toda la Atalaya, dadas las circunstancias en las que se encuentra, sin ayuda de los Green Lanterns. Estos últimos están regresando de una misión en el espacio.

El villano de esta trama es un debutante creado por Priest: El León Rojo. Y sí, resulta más que obvio que se basó en la Pantera Negra de Marvel. Si hasta su traje está hecho de “promethium”. Esto es algo que me parece absurdo porque nunca me ha gustado que se copien personajes tan descaradamente. ¡Será porque DC no tiene cientos de villanos que podía usar! Y si se trataba de crear uno nuevo no había porqué copiar un personaje de Marvel. ¡Menos aún uno que está en boca de todos! Sin embargo, creo que hay una “explicación” a esto: Priest lo copió porque, en su momento, estuvo a cargo del héroe de la Marvel.

Estos números suponen la despedida de Christopher Priest y me alegro que se vaya. Se supone que no importa quién sea una persona (raza, creencia religiosa, orientación sexual…) lo que vale es que sea competente para la labor que se requiere. Esto es algo que el mismo Priest comentó no hace mucho. Y aquí vino, él mismo, a sacar el hecho de ser negro constantemente. Lo demostró al hacer a Ciborg líder de la Liga (siendo el menos cualificado), sacando comentarios de racismo y creando un villano basándose en Pantera Negra. Ya lo último fue estrellar la Atalaya en África. ¡Por favor! Pudo haber sido un poco menos obvio.

Como positivo, puedo comentar que la ejecución de la historia está bien hecha. La acción está ahí y el dibujo es competente. Por desgracia, los elementos antes mencionados oscurecen lo bueno.

Conclusión.
Finalizo este comentario de Renacimiento: Liga de la Justicia: Números 22 y 23. Cuando Bryan Hitch dejó la colección estaba encantado. Terminé cansado de su arte y sus historias genéricas y repetitivas. Llega Christopher Priest abogando porque lo que importa tras el guión de un cómic es la calidad y no quién lo escriba ¡Y hace justo lo contrario escribiendo para él mismo! En fin, no lo echaré de menos…