Ricochet
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Interior de la mente del guionista Steven E. De Souza, 1989: Y si le doy la vuelta a la tortilla… Y si en vez de poner al bueno de turno buscando venganza porque han matado a su mujer/hijo/amigo/perro… escribo un guión en el que un policía honrado se topa con un psicópata en un parque de atracciones y gracias a su pericia lo manda a la cárcel, con una bala en la rodilla y la nariz rota… y por ello el buen agente de la ley gana fama y prestigio… Y como ahí no puede acabar la cosa ingenio un plan “muy estudiado” para sacar al maloso del trullo y que sea él quien se vengue del poli honrado con todo el sadismo y ensañamiento posible… Le puedo añadir luchas con espadas, nazis, un amigo gracioso para el héroe, frases molonas y un clímax final en una torre eléctrica que para eso estamos en los 80… Y ahora tengo que buscar un titulo que suene contundente y que mole… Veamos… ¡ya lo tengo!… ‘Ricochet’.

“¡Mamá! ¡Lo he conseguido, la cima del Mundo!” (Nick Styles).

La trama: Un buen policía.
El inicio de ‘Ricochet’ es demoledor y en él se ve que el director Russell Mulcahy estaba en su máximo esplendor. Styles (excelente Denzel Washington, sentando las bases de sus míticos personajes posteriores) se enfrenta cara a cara a Blake (perverso John Lithgow) que acaba de saltar de la segunda planta de un edificio con una escopeta en la mano y le dice lo siguiente: “¡Nooo! piénsalo un momento… tienes una Ítaca. En el tiempo que necesitas para dispararla yo te habré metido tres balas en la cabeza, una en el pecho y estaré en Comisaría rellenando el papeleo y comiendo Donuts… ¿Y sabes qué? Me encantan los Donuts…, pero odio el papeleo. Así que ¡TIRA EL ARMA!”

Semejante frase y ese cara a cara son sólo una parte de lo que se avecina. Y sí esto os gusta, no hemos hecho nada más que empezar. En los primeros treinta minutos del film vamos a ver como Nick consigue mandar a la trena al pérfido Blake, y gracias a ello su cotización dentro del cuerpo de policía sube como la espuma. Es nombrado fiscal del distrito al tiempo que logra formar una familia junto a su bella esposa Alice y sus dos hijas. Mientras tanto, Blake se debe de enfrentar, katana en mano, a un nazi de casi dos metros (interpretado por Jesse Ventura) en la cárcel protegido por una armadura de libros (¡!) al tiempo que va madurando su huida de prisión para llevar a cabo su vendetta personal contra el hombre que le metió entre rejas. Una venganza que promete ser depravada a más no poder, el objetivo de Blake es despojar a Nick de todos sus logros, acabar con su matrimonio y su carrera, llevarle de la mano camino a la locura… y cuando haya acabado psicológicamente con él, cuando este desposeído de su propia vida completar su venganza bañando su manos con la sangre de Styles.

Crítica de Ricochet

Con ‘Ricochet’ estamos ante una de las mayores odas al voyerismo y delante de una de las venganzas personales más épicas desde, quizás, ‘French Connection 2’ (John Frankenheimer, 1975). Es de sobra conocido que en los ochenta nació definitivamente el cine de acción que dio sus primeros visos en ‘Harry El Ejecutor’ (James Fargo, 1976) y el díptico ‘French Connection’. Fue en esa (gloriosa) década cuando se forjó la creación de clichés como el superhombre que puso de moda Arnold Schwarzenegger con su Terminator (James Cameron, 1984) o las buddy movies que inauguraron Nick Nolte y Eddie Murphy enLímite 48 horas (Walter Hill, 1982) y que certificaron en Arma letal (Richard Donner, 1987) y secuelas. Hasta llegar al hombre de carne y hueso que sangraba, el antihéroe por excelencia, John McClane en Jungla de cristal(John McTiernan, 1988) que hizo famoso a Bruce Willis. Todos ellos marcaron el cine de acción y el thriller policíaco en los siguientes veinte años… Hasta que llego ‘Matrix’ (Andy y Lilly Wachowski, 1999).

‘Ricochet’ es una muestra más de lo inspirado de la época en que se fraguó. Ese cine que tanto me gusta y que tantas buenas noches me hizo disfrutar frente al televisor imaginando en mi cabeza nuevos héroes que adorar, tipos de cigarrillo en boca, gatillo fácil, frases cargadas de socarronería y cuellos alzados como esta creación pre-Alonzo Harris (Training Day) de Denzel Washington que guarda indudables similitudes con el resto de personajes que siguió interpretando en su carrera perfectamente jalonada de cintas comerciales, acercamientos a mitos populares y propuestas inusuales.

“Una beretta en el calzoncillo le gana a un pincho en la bota” (Nick Styles).

Al otro lado del espectro, el televisivo John Lithgow pasándoselo en grande en un papel de malo que cada vez que ha visitado en cines lo ha bordado (ver, por ejemplo, ‘En el nombre de Cain’ o ‘Máximo riesgo’). Aquí Lithgow puede dar rienda suelta su vena más sádica gracias a las (geniales) líneas de dialogo que escribió para él Steven E. De Souza, creador, no por casualidad, de la citada Límite 48 horas y su secuela, 48 horas más (Walter Hill, 1990),Perseguido(Paul Michael Glaser, 1987) o “Las junglas 1 y 2”. Luego no se sabe muy bien lo que sucedió, pero acabó firmando los libretos de ‘Street Fighter’ (con la imposición de incluir a todos los personajes del juego, por parte de los productores) o Lara Croft: Tomb Raider: La cuna de la vida(Jan de Bont, 2003).

Algo parecido le sucedió al director, Russell Mulcahy, que tuvo que conformarse con films de serie B con los que aumentar su filmografía y poder seguir llevando filetes a la mesa cada día. Mulcahy es un director con una marcada personalidad, y que en los 80 y principio de los 90 firmó una retahíla de títulos muy a tener en cuenta. Con este film llegó a la cúspide artística de su carrera, a partir de ‘Ricochet’ todo fue cuesta abajo para él. Algo que extraña pues talento parece que no le faltaba viendo su excelente labor en el film que nos ocupa, ver sino esa espectacular explosión o la cruel y perversa tortura que Blake inflige a Styles… En el resto del metraje Mulcahy logra apuntarse un tanto, llevando a cabo un esplendido uso de los espacios opresivos que envuelven al protagonista y logrando mantener al espectador siempre al tanto de lo que ocurra en la siguiente escena. Todo ello culminado con un inverosímil (pero plenamente disfrutable) clímax final bajo la lluvia con ecos de ‘Al rojo vivo’ (cinta a la que descaradamente homenajea en muchos momentos) y un Denzel al más puro estilo John McClane con camiseta de tirantes incluida.

“Tira esa arma poli, o su novio tendrá que ponerle una bolsa en la cabeza cuando se quiera follar los restos que queden de ella” (Blake)

En resumidas cuentas. 
Termino ya esta crítica de Ricochet, un magnífico policíaco con status de Serie B y con un duelo de actores prodigioso que sabe hacer valer sus virtudes por encima de sus posibles defectos (el guión se desaprovecha a favor de la acción en su recta final). Soberbia realización de Mulcahy en su máximo apogeo, frases molonas a cargo de De Souza con sus habituales guiños al mundo de la Televisión y su homofobia característica. En pocas palabras, un largometraje digno de mejor fama de la que goza y que si se estrenara en estos tiempos alcanzaría el status de cult movie directamente. Soberbio acercamiento al leitmotiv por excelencia del némesis: el villano que vive para acabar con el héroe.

La escena: Styles emborrachándose en casa y maldiciendo su destino
La secuencia: El primer enfrentamiento Styles VS Blake (mítico). Su apoteosis final.