Jungla de cristal
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Mediados de los 80, el libreto de una continuación, de la que posiblemente fue el súmmum del cine de acción de bestiarracos hipervitaminados (Commando), da tumbos por Hollywood. Ante la negativa de Arnold Schwarzenegger a protagonizarlo se cambia el título y la fisonomía del protagonista. Esta vez daremos al público a un héroe de carne y hueso, alguien cercano al espectador de a pie. Se contacta con todos los intérpretes que no encajen, a las primeras de cambio, como héroes de acción. Al Pacino está a un paso de ser el que se lleve el gato al agua… hasta que aparece el joven y ascendente protagonista de un serial televisivo de gran audiencia: un tipo sarcástico, con unas entradas pronunciadas y que podría ser tu vecino de al lado, se llama: Bruce Willis y es el elegido. El resto de la historia a continuación. Hoy toca pelear muy duro para salir vivo: ¡Bienvenidos a la ‘Jungla de cristal’!

“yippie kay jee” (McClane)

John McClane

Crítica de Jungla de cristal

No fue fácil que John McTiernan consiguiera llevar a su terreno y convirtiera en una obra de acción imperecedera un libreto ajustadamente escrito por Steven E. de Souza para el medio cinematográfico desde la novela creada por Roderick Thorp, ‘Nada dura Eternamente’. El propio de Souza escribió, en primera instancia, el guión como una secuela de las andanzas de John Matrix (personaje protagonista de la ya citada ‘Commando’) en la gran ciudad. La entrada en liza de Joel Silver en el proyecto y la negativa de Arnold para volver como Matrix, llevaron a pulir el guión para ajustarlo a un tipo de cine de acción más del gusto de Silver, en donde un poli de patrulla iba a alzarse como héroe imprevisto en una situación que le viene grande. Así fue como empezó el baile de nombres vinculados al proyecto que finalmente pasó a ser conocido como ‘Die Hard’.

Bruce Willis fue quien resultó elegido como protagonista, y lo fue gracias a que su compañera en la serie ‘Luz de Luna’ cogió una baja de once semanas por embarazo, las mismas que Willis necesitaba para rodar el film. Por esta cinta se adjudicó un sueldo récord en la historia, al ser actor mejor pagado que pasaba del medio televisivo al cinematográfico. Ahora tocaba ganarse cada penique delante de las cámaras. Y eso fue lo que hizo. Y ahí están los ciento dieciocho minutos de metraje de ‘Jungla de Cristal’ para dar fe de ello. Willis aportó de su cosecha propia gran parte de los ingeniosos diálogos de su personaje, como su intraducible: “yippie kay jee”, que surgió de su propia mente poniéndose en la piel de un poli irlandés que, al otro lado del walkie-talkie, escucha como unos tipos hablan con un raro acento europeo.

El grueso mayor del rodaje del film tuvo lugar en los Estudios de la Fox, pero para simular las afueras del edificio Nakatomi se tomó prestado el Fox Plaza Office Tower, es decir, las oficinas principales de la Fox, oficinas que estaban recién inauguradas por aquellos años y que contaban con 34 plantas. La filmación se extendió desde el 4 de noviembre de 1987 hasta marzo de 1988. Con un pase limitado el 15 de julio de 1988 y un estreno ya por todo lo alto el 20 de ese mismo mes.

“Sor Teresa me llamaba señor McClane en tercer curso. Mis amigos me llaman John. Usted no es ni una cosa ni otra” (McClane).

John McClane

A estas alturas, poco se puede añadir que sea nuevo de un film que ha calado tan hondamente en la cultura popular como ‘Jungla de cristal’. Estamos ante el techo cinematográfico de John McTiernan como director, el film que lo alzó y que al mismo tiempo le hizo perder la cabeza, una cabeza que, con los años, se vería no estaba muy bien amueblada, psicológicamente hablando.

McTiernan enlazó a partir de esta cinta un par de buenas películas, incluso se atrevió a volver la franquicia en Jungla de cristal 3: La venganza’. Pero fue aquí donde dio todo lo que tenía para redefinir el género en los años venideros. Willis fue otro que salió lanzado de este film, ya era una estrella a nivel nacional, pero no fue hasta que ‘Jungla de cristal’ se convirtió en un hit de taquilla que se convirtió en una celebridad, creando a partir de esta su propio anti-héroe del género, un personaje que explotó con gran tino, tanto en la secuela de 1990, como en Persecución mortaloEl último Boy Scout’.
El tercer ganador vendría a ser Alan Rickman, que venía de ser un poco conocido actor de teatro inglés y que se subió al carro de Hollywood con su particular personificación del terrorista elegante que busca llevarse el oro americano. Un tipo que no contaba con el grano en el culo que le va a salir con la irrupción de McClane en sus planes.

“Es usted otro americano que vio demasiadas películas de niño, otro huérfano de una cultura en declive que se cree John Wayne, Rambo o El Equipo A” (Hans).

Jungla de cristal

Sobre la película en sí misma, decir que está plagada de momentos míticos: desde el mismo momento en que McClane debe de huir descalzo y en camiseta de tirantes para salvar la vida, hasta cuando comienza a entrometerse en los planes de los villanos. Ver a Willis reptar por conductos de aire, jurar en arameo, pelearse con terroristas con “pies de mujer”, y sacar el humor en momentos en donde otros mojarían los pantalones es simplemente una gozada para el fan de la acción. Más aún si todo ello está plasmado desde la personal óptica de un director que veía el film desde una perspectiva desmitificadora del héroe musculoso que tanto estaba de moda en aquellos tiempos. Y es que en esta película tenemos a un protagonista que puede ser cualquiera de nosotros, un tipo que no gana los combates cuerpo a cuerpo de calle y que no siempre acierta a disparar a los malos en el entrecejo, aunque la posición de disparo sea imposible.

Otro de los grandes alicientes de la película es el imponente Edificio Nakatomi, que se convierte en otro personaje más de del film. Al igual que la legendaria partitura musical de Michael Kamen con la aparición especial del “Himno de la alegría”.

En cuanto al elenco. Sencillamente perfecto. No hay ni un sólo actor que desentone del resto. Un diez para la dirección de casting en ese sentido. La sufrida Bonnie Bedelia (Holly), Reginald Veljohnson como el poli de despacho Allen, Alexander Godunov redescubriendo su carrera como maloso, el repugnante periodista al que da vida William Atherton, un descharrante Robert Davi como agente del FBI anclado en el Vietnam. Y, por supuesto, la ineludible aparición del chino melenudo que moría en todos los films de acción de los 80 y 90, Al Leong.

“Eres hombre muerto, ya no hay mesa, la próxima vez que tengas ocasión de matar a alguien no lo dudes…”

Die Hard

Y para el final dejamos las set pieces de acción. De las que se llevan la palma: el tiroteo del tejado con McClane usando la manguera de incendios para una caída libre, el descomunal tiroteo donde los malos disparan a los cristales al ver a un McClane descalzo y los combates de John contra los hermanos rubios melenudos (ordenadas por gusto personal, y no porque en el metraje sigan esa pauta). Y por supuesto la aparición final de McClane con una metralleta sin balas, y sangrando en abundancia mientras arrastra un pie. Atención a la atónita mirada tanto de Hans como de Holly. Y a la intensidad del duelo final.

“Nueve millones de terroristas en el mundo y se me ocurre matar a uno que tiene pie de mujer” (McClane).

Jungla de cristal

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Jungla de cristal, un ejemplar ejercicio de género que marcó irremediablemente el destino del resto de cintas futuras del cine de acción. Alzó a Willis al estrellato eterno y llevó a John McTiernan a lo más alto. Un clásico, así de claro.

Tráiler de Jungla de cristal