Predator
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Ya los conocemos. Nos han cazado desde hace siglos e incluso hemos conocido uno de sus cotos de caza galácticos. Sin embargo, ahora regresan con más potencia que nunca. Comienza una nueva y evolucionada temporada de caza para el… ‘Predator’.

“Señores recuerden: Son grandes, son rápidos y su idea del turismo es jodernos”.-Traeger.

Crítica de Predator

No se puede negar que ‘Predator’ es una película con un buen aspecto general y, sobre todo, valiente. Valiente en lo que respecta a su violento contenido en las secuencias de acción. Ya nada más empezar veremos a un tipo partido por la mitad con los intestinos al aire… y a lo largo del metraje veremos mucha sangre y hasta cabezas rodando por el suelo. Esto es, sin duda alguna, lo más disfrutable de un film que se convierte así en toda una rareza en estos tiempos. Unos tiempos vendidos al PG-13 y a lo políticamente correcto.

Ahora bien, lo más dañino de esta nueva entrega es su guión. Un libreto escrito por el propio Shane Black en colaboración con su amigo Fred Dekker. Black no se ha querido percatar de que no estaba en una de sus comedias de acción sino en un film de ‘Predator’, con todo lo que esto implica. El cineasta no tiene la humildad de adaptarse al tono de la franquicia y lo que hace es adaptar la misma a sus clichés personales. Esto implica que la película abandona todo el aire de terror para abrazar la autoparodia irónica e irreverente. Tan es así que nos encontraremos con varios chistes sobre coños, vulgaridades cada tres por cuatro y una colección de militares inadaptados sin cerebro. El cambio de tono se lleva tan al extremo que hasta el mismísimo título del film es tomado a cachondeo (literalmente) en un par de ocasiones. Para explicarlo con un ejemplo reciente, esto es como Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017) pero cambiando el humor para todos los públicos por un humor para mayores.

Por si el script no fuera ya suficientemente malo para los que amamos el universo de esta saga, además está trufado de incoherencias y disparates que vienen a tomar por tonto al espectador. Algunos ejemplos: aquí asistimos atónitos a como el francotirador Quinn McKenna manda por correo ordinario una armadura de un Predator… o como Casey Bracket pasa de prestigiosa doctora universitaria a prestigiosa mercenaria.

No obstante, hay detalles salvables del libreto. El principal es respetar la existencia de los films anteriores y no borrarlos del mapa (algo que están haciendo ahora en otras sagas). Este respeto se muestra con varios guiños, por ejemplo: repitiendo una famosa frase Dutch, o con el personaje interpretado por Jake Busey. Por otro lado, también resulta interesante el tema del ADN y, especialmente, el tema de las traducciones del idioma de los cazadores estelares. Lástima que el primero de ellos se quede en un mero esbozo porque parecía dar para mucho más…

En lo relativo al montaje sorprende también para mal la rapidez con que los personajes pasan de un lugar a otro. Todo ello recorriendo distancias insalvables en apenas segundos… Esto da lugar a un desarrollo atropellado y apresurado en el que las secuencias casi se pisan unas a otras.

En el campo de la acción pura y dura hay que romper una lanza a favor de la película ya que las set-pieces están muy bien rodadas. Apreciaremos y sentiremos todos los golpes. También veremos en pantalla a un Depredador de movimientos más ágiles que sus anteriores compañeros. Un cazador capaz de correr y saltar con bastante eficacia. El único “pero” que se le puede poner en este aspecto es que casi todas las secuencias de acción (salvo el clímax) están rodadas con la misma oscuridad que Aliens Vs Predator 2 (Colin y Greg Strause, 2007) para ocultar otras carencias. Carencias como ese Depredador gigantesco que resulta una completa aberración, o sus perros de caza que cantan a digital y que parecen sacados de los perros gamma deHulk (Ang Lee, 2003)… amén de quedar (sorprendentemente) por debajo de los que vimos en Predators (Nimród Antal, 2010).

De la BSO poco o nada que decir, ya que Henry Jackman básicamente se dedica a honrar el mítico trabajo que Alan Silvestri hizo en Depredador (John McTiernan, 1987) yDepredador 2 (Stephen Hopkins, 1990).

“Han estado antes aquí, en el 87 y 97”. El pelotón chiflado.

Desde que fue seleccionado, el casting de ‘Predator’ ya me pareció un completo error… y lo malo es que esas sensaciones iniciales se han confirmado. No hay ningún protagonista memorable ni carismático. Los personajes son de usar y tirar, tanto los principales como los secundarios. Además casi todos ellos son despedidos como si fueran colillas.

Boyd Holbrook es el protagonista principal como el francotirador Quinn McKenna. Quizás sea él quien mejor parado sale de todo el elenco, más que nada porque se le aprecia como el más serio e implicado. También seriedad es la que le pone Olivia Munn a su rol de la doctora Casey Bracket, lástima que Black hunda a su personaje con una transformación de profesora a soldado que nadie se cree. El pequeñajo Jacob Tremblay vuelve a desempeñar un rol adorable (Rory, el hijo de Quinn) pero en los que ya se está empezando a encasillar. Por su parte, Sterling K. Brown se pone a la altura del libreto de Black y se ha tomado muy poco en serio el asunto, es decir, su personaje de Traeger (uno de los jefazos de Stargazer) abraza la autoparodia.

El pelotón de “Los Zumbados” (los inesperados aliados de Quinn) está compuesto por Thomas Jane (Baxley), Alfie Allen (Lynch), Trevante Rhodes (Nebraska) y Augusto Aguilera (Nettles). A pesar de tener muchos minutos y presencia en pantalla, ninguno de ellos logra un registro interesante. Por si esto fuera poco, alguno se pasa de gracioso como Keegan-Michael Key. Mientras que su “socio”, Thomas Jane, hace el ridículo con esa forzada y nada creíble interpretación de un soldado mentalmente tocado. De otro lado, la actriz Yvonne Strahovski simplemente está para soportar las “gracietas” de “Los Zumbados” en su papel de Emily, la esposa de Quinn. Finalmente, breve aparición (casi cameo) de Jake Busey como el doctor Keyes. Su presencia tan sólo se justifica para contentar a los fans de ‘Depredador 2’.

En conclusión.
Finalizo esta crítica de Predator, una película en la que el ego de Shane Black le ha impedido adaptarse a lo que esta franquicia demandaba. Así las cosas, Black lo que ha hecho es desnaturalizarla y adaptarla por completo a sus trademarks. Se ha desperdiciado así por completo una gran oportunidad para haber llevado la saga a otro nivel. Ocho años esperando volver a ver un film de ‘Depredador’ en la gran pantalla merecía una mejor recompensa. Sólo recomendada para amantes poco objetivos del cine de Shane Black y para espectadores casuales no adeptos a la mitología de la franquicia.

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Tráiler de Predator