Mystic River
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En el año 2003 Clint Eastwood dio un paso más hacia la inmortalidad filmando un tremendo drama criminal ambientado en Boston. Un reparto magnífico y un material de salida con impacto fueron sus mimbres. Eastwood siguió demostrando que su filmografía nada tiene que envidiar a la de los grandes directores de los últimos cincuenta años. Hay un lugar en Boston donde se acude a saldar cuentas, tiene un halo diferente, es ‘Mystic River’.

“Aquí es donde venimos a enterrar nuestros pecados y lavamos nuestras conciencias” (Jimmy)

Crítica de Mystic River

Clint Eastwood se enfrentó aquí a uno de los materiales más sensibles y potentes de su filmografía: la adaptación de la novela basada en las vivencias en Boston del escritor Dennis Lehane. La suya es una tremebunda historia sobre la inocencia perdida, los caminos mal escogidos, los pecados de los padres heredados por los hijos, el perdón, la Iglesia y la vida.

‘Mystic River’ supuso un repunte de calidad en las películas de Eastwood detrás las cámaras, tras divertirse en el espacio con algunos coetáneos con ‘Space Cowboys’ (2000), o darse una nueva oportunidad como actor interpretando a un policía con un corazón nuevo en ‘Deuda de sangre’ (2002). La cinta que hoy nos ocupa abriría un nuevo horizonte en su filmografía posterior, después ella llegarían algunas de sus mejores propuestas como director. Me refiero a obras del calado dramático de ‘Million Dollar Baby’ (2004), Gran Torino (2008) oEl francotirador (2014).

En la dirección destaca el toque personal de Eastwood. El mítico actor y director hace un uso ejemplar de las sombras y la música, buscando la intensidad dramática en las interpretaciones (todas ellas humanas y descarnadas). Estas características las aplicaría posteriormente a sus siguientes películas. Además, es el propio Eastwood quien se ocupa de la música, llenado el film de notas musicales al piano. Como curiosidad, destacar el pequeño homenaje a John Carpenter, ya que es Vampiros (1998) la película que Dave ve en la televisión antes de que Celeste le empuje a sacar fuera todos sus demonios internos en una escena clave del film.

El elegido para adaptar al medio cinematográfico el descomunal material de partida de Lehane fue Brian Helgeland, quien también realizó las mismas labores en ‘Deuda de sangre’. Helgeland, paralelamente a sus trabajos con los lápices, ha llevado a cabo una carrera como director bastante estimable, pero carente de suerte en taquilla, salvo ‘Destino de caballero’ (2001).

‘Mystic River’ es un film con un impacto dramático altísimo. En pantalla tenemos secuencias de un dolor emocional que nos alcanzan de pleno. Sin duda, esta película será siempre considerada, con toda justicia, como una de las piezas mejor acabadas de la carrera de Eastwood. De hecho, fue nominada a seis Oscars en el año 2004, ganando dos de ellos: protagonista principal y actor de reparto. Estas estatuillas se fueron a las manos de Sean Penn y Tim Robbins, respectivamente.

En su paso por taquilla, con un presupuesto de 25 millones de $, acabaría acumulando 156 a nivel mundial. Su éxito de crítica y público abrió la veda para que el material de Dennis Lehane fuera llevado al cine con asiduidad en años posteriores. Así surgirían cintas del nivel de Adiós pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007), Shutter Island (Martin Scorsese, 2010) o La entrega (Michael R. Roskam, 2013).

El reparto es realmente magnífico, y todos y cada uno de los intérpretes con un papel de peso en la cinta lucen a un nivel altísimo. En lugar destacado tenemos a Sean Penn como el ex-convicto Jimmy, un antiguo criminal reinsertado en la sociedad y alejado de las calles por el amor que profesa a su hija mayor Katie (Emily Rossum), cuya muerte en extrañas circunstancias abrirá en él antiguas heridas que creía cerradas. Enorme labor de Penn en un papel altamente complicado: debe adoptar una pose de mafioso anclado en el pasado, de padre y de aburrido propietario de una tienda de comestibles. Su personaje tiene, además, algunas escenas de un poder dramático e interpretativo altísimo y cuya intensidad traspasa la pantalla.

Kevin Bacon (en sustitución del inicialmente previsto Michael Keaton) se pone en la piel de Sean. Sean es un policía que ve cómo debe volver a echar la vista atrás cuando la hija de su antiguo amigo aparece muerta en brutales circunstancias. Bacon encara el rol más contenido y, en primera instancia, menos explicativo. Su paso por la cinta se explica casi más en los silencios que en lo que dice (para la historia queda su último plano apuntando con el dedo directamente a la cámara).

Por su parte, Tim Robbins interpreta a Dave, un adulto atrapado en las tinieblas desde que fue secuestrado con once años por dos hombres que se hicieron pasar por policías para abusar de él. Dave se pasea por la película viendo lobos en todas partes, y caminando y actuando como un zombi. Un adulto con graves problemas para distinguir la realidad de la irrealidad.

Completando un elenco prácticamente insuperable nos encontramos con un genial Laurence Fishburne (Powers), una desnerviada Marcia Gay Harden (Celeste), Laura Linney (Annabeth, un inquietante rol de segunda esposa del personaje de Jimmy), Tom Guiry (Brendan, el novio de Katie) y Spencer Treat Clark (Ray, el hermano de Brendan, un chico mudo que siempre va con su hermano mayor). Por último, es imposible pasar por alto el cameo, sin acreditar, de un cabreadísimo y nada senil Eli Wallach como el propietario de una tienda de licores.

“A veces pienso que los tres subimos en aquel coche, y que nuestras vidas son solo un sueño que tenemos encerrados en aquel sótano” (Sean)

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Mystic River, un complejo y descarnado drama humano con un halo constante de fatalidad. El film toca varios de los temas recurrentes en la filmografía de Eastwood, tanto como director como actor en sus proyectos más personales. Además, se hace un peculiar uso de la imagen de la religión y la iglesia, estando presente en todo momento para lo bueno y para lo malo.

Tráiler de Mystic River