La entrega
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En el barrio de Brooklyn se mueve mucho dinero, pero no es la clase de dinero que se puede meter en un banco, es un dinero procedente de las apuestas ilegales que pasa de mano en mano, sin saber de quién viene. Un dinero que, al final, acaba en un local al azar, lo que se llama un “Bar-Caja”, propiedad de la Mafia que es quien controla la ciudad. Mientras tanto, la vida no para en sus calles y el dinero nunca se detiene. Y nunca sabes cuándo te puede tocar a ti ser el responsable de cuidar… ‘La entrega’.

“Que no parezca que soy un gilipollas desesperado sin un plan”. (Marv).

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Crítica de La entrega

Dennis Lehane, creador de las historias que dieron pie a films tan aplaudidos como ‘Mystic River’ (Clint Eastwood, 2003),Adiós pequeña adiós(Ben Affleck, 2007) oShutter Island(Martin Scorsese, 2010) ve como una pequeña creación suya titulada “Animal Rescue” acaba de nuevo dando pie a un vehículo cinematográfico, mucho más modesto que las otras citadas, pero que lleva su sello característico, esto es: personajes al borde de sus fuerzas, calles duras, vidas robadas… en definitiva, historias verdaderas.

En ‘La entrega’ tenemos: un guión sobrio puesto al servicio pleno de su magnífico elenco de actores y una ambientación magistral de Brooklyn, que parece ser el purgatorio en vida de las almas perdidas, en donde todo aquel que pasea por sus semi-desérticas calles, o bien añora lo que un día fue y por “X” motivos perdió o dejó de ser, o se dedica a trabajar y beber… mientras, la mafia (rusos para más señas), parece haberse apoderado de la ciudad… y los que allí habitaban, los oriundos, o se doblegaron o murieron. Su vida y sus pertenencias les fueron arrebatadas, y ahora viven de lo que otros les dejan… las migajas. ‘La entrega’ es una mirada a lo que quitar una vida representa. A un intento de redención. A la ambición. Y hasta dónde puede llegar un hombre cuando lo acorralan. ‘La entrega’ es buen cine.

En ese hábitat encontramos a personajes como Bob (Tom Hardy), un triste y simple barman que esconde algo en sus ojos. Marv (en otra magnética creación de James Gandolfini, actor que tristemente nos dejó antes de tiempo), el antiguo propietario del bar del “Primo Bar”, un local que, como él recuerda, antes era suyo… hasta que un día se lo arrebataron y lo pusieron allí, como el que cuelga un cuadro. Además, tenemos también a mujeres heridas en alma y cuerpo como Nadia (Noomi Rapace) o tipos como Eric Deeds (Matthias Schoenaerts) capaces de poner nervioso a cualquier hombre, por muy calmado que presuma de ser. Mientras la ley hace lo que puede (más bien poco), los chanchullos se suceden y las muertes y desapariciones están a la orden del día, pero apenas unos pocos parecen interesarse por ello. Uno de ellos es el Detective Torres (John Ortiz) aunque, a veces, parece más preocupado por el cierre de su Iglesia que de saber quién maneja los hilos y quién mató a quién.

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Hay que admitir que el cartel promocional de la película es un póster ganador; esa credencial tan poderosa que presenta, la de que estábamos ante un guión de “El Creador” de ‘Mystic River’ o ‘Shutter Island’ da fe de ello (dos films decididamente imprescindibles de los últimos años). Aunque antes de nada es conveniente recalcar que ‘La entrega’ no cuenta con un Clint Eastwood o un Martin Scorsese tras las cámaras, ni siquiera con un Ben Affleck (que tanto con la ya citada ‘Adiós pequeña adiós’ como con ‘The Town’ demostró que es un cineasta a tener muy en cuenta). Aquí estamos ante el debut americano del director europeo Michaël R. Roskam, quien entrega un producto final desgarrador en su pozo dramático en la línea de films como ‘Infiltrados’ o ‘Promesas del este’ (cintas que seguro vio en su momento).

Casi podemos decir que, para lo que estamos acostumbrados hoy día cinematográficamente, ‘La entrega’ es cine de arte y ensayo. Un film que se toma su tiempo para presentar a los personajes, y que no cuenta todo, sino que deja al espectador que termine las historias que afectan o afectaron de manera irreversible a sus protagonistas. Por lo menos es totalmente lo opuesto a los films de superhéroes.

Aquí tenemos a un grupo de perdedores que arrastran dolor, mucho dolor, y que huyen de su pasado. Estamos ante un pequeño estudio de personajes y almas heridas, una cinta con apenas escenarios (casi la práctica totalidad del film se pasa en el bar) y, sobre todo, un largometraje de diálogos y actuaciones que sobresalen por encima de lo demás. Especialmente por cómo los intérpretes dan vida a lo escrito por Lehane, con un James Gandolfini realmente brillante que se lleva casi todos las mejores líneas de diálogo (atención a como compara el tener un perro con cuidar de un familiar enfermo, o a su demoledora perorata delante del televisor de su casa el día de la Superbowl) o un John Ortiz en plan Colombo hispano (atención a como entremezcla temas banales con pesquisas policiales cuando interroga a Bob sobre al asalto al bar-caja que desata la trama).

Además de ecos evidentes al cine de James Gray, este film recuerda a esos pequeños estudios de personajes desesperados tan de los 90 como ‘El clan de los irlandeses’ (Phil Joanou y Michael Lee Barono, 1990) o ‘La trampa del caimán’ (Kevin Spacey, 1996). Mostrando lo que aquellas dos ya tenían es decir, buenos diálogos, unos actores perfectamente elegidos y una atmósfera deprimente. Pero, sobre todo, al final, ‘La entrega’ es una mirada a la calle, a personas que en apariencia pueden resultar reales y reconocidas al espectador. Un vistazo a lo que pasa entre copas, entre que vas y vuelves del trabajo.

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Seguramente, cuando pase el tiempo, esta película será recordada por ser la película póstuma de James Gandolfini. Un film en el que Gandolfini se rinde a sí mismo un bellísimo tributo. Aquí vemos a un Gandolfini que intenta ser un tipo duro pero no puede, en el fondo tiene sentimientos, aunque intente retraerlos, algo que los gánsters de Europa del este no tienen (atención a cómo son visualizados y cómo con apenas dos escenas son capaces de poner los pelos de punta, sobre todo, en aquella en que acuden a por el sobre, mientras Marv sonríe nervioso y Bob les pone el mejor whisky que tienen). Es toda una delicia ver a Gandolfini en acción, incluso su último plano merece ser recordado, no sólo por ser el último de su carrera, sino porque con un simple cerrar de ojos trasmite toda una vida perdida.

Al lado de James Gandolfini se mueve sigilosamente y lento, muy lento, un Tom Hardy ya convertido en toda una estrella de Hollywood. Aquí da vida a un noble barman que adopta a un cachorro de pitbull sin saber bien cómo se cuida un perro, y que acaba trabando una amistad con visos de ser algo más con Nadia, una Noomi Rapace siempre cargando a cuestas con el fenómeno Millennium a sus espaldas. Por último, merece ser destacado John Ortiz en un papel relevante como un detective que intenta averiguar la verdad en torno a los personajes que van y vienen del bar del Primo Marv, algo que no será nada fácil, sobre todo porque todos en las calles de Brooklyn tienen algún motivo para que no se sepa.

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En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de La entrega afirmado que es uno de esos dramas cocidos a fuego lento, en crescendo, con actuaciones de alto nivel, diálogos que dicen mucho más que las imágenes y un marcado aura de tristeza. Pero, sobre todo, es una película puesta al servicio de la grandeza de James Gandolfini, un actor único e irrepetible.

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