Gran Torino
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Cuando la mayoría de sus colegas de generación se encuentran ya jubilados (Gene Hackman, Sean Connery) o en el stand by de su carrera (Jack Nicholson), Clint Eastwood sigue al pie del cañón dando lecciones maestras a la hora de ponerse detrás o delante de la cámara… y ‘Gran Torino’ no es ni muchísimo menos una excepción, sino la enésima demostración de su inmenso talento. Desde Cineycine sólo podemos pedirle una cosa: “No se nos vaya nunca señor Eastwood”. Bienvenidos a… ‘Gran Torino’.

“¿Qué tramáis morenos? ¿Nunca os habéis cruzado con alguien a quien no deberíais haber puteado?  Ese soy yo” (Walt Kowalski)

Gran Torino

La trama: GT.
Walt Kowalski (Clint Eastwood) está aún intentando sobreponerse a la durísima pérdida de su esposa, cuando sus hijos ya quieren enterrarlo junto a ella. Estos no aguantan ni un sólo momento junto a su padre, al que no comprenden ni acompañan en su pena, sólo piensan en salir del barrio de Detroit donde vive Walt y volver a su falso mundo de fantasía, en los típicos nuevos suburbios de clase media-alta, en donde sus malcriados hijos danzan falsamente libres con otros de su especie.

Walt sabe de esa animadversión hacia él y les contesta con jarabe del mismo palo. Puede que él esté anclado en un viejo mundo que ya se extinguió, pero en aquel mundo existían valores, las personas se respetaban entre sí y todo era más fácil. Ahora todo ha cambiado, se ha perdido el respeto, el honor, la decencia, la juventud está exenta de valores y ni siquiera su propia familia es inmune a ello. Walt tiene que ver, de primera mano (y de muy poco agrado), como sus hijos y nietos se han convertido en unos trashs (lo que en América se considera basura blanca). Es en ese punto de desolación cuando aparecen dos jóvenes Thao (Bee Vang) y Sue (Ahney Her), ambos hermanos asiáticos (para más señas) y vecinos de Walt, los cuales a su modo cambiarán su vida y darán sentido a los últimos momentos de este viejo superviviente.

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Crítica de Gran Torino

‘Gran Torino’ ahonda sobre todo en dos bandos: el de los viejos americanos y sus modus vivendis, y el de los “nuevos americanos”, inmigrantes que han hecho de los EE.UU. su casa y que logran convivir con los americanos en paz (o no). Cuando esos dos bandos se unen en un mismo barrio residencial (caso que relata el film) esto da pie a numerosos choques culturales, creaciones de bandas, enfrentamientos raciales…

Lo que nos es contando en ‘Gran Torino’ no es nuevo en su concepto ni en su forma, pero lo que eleva al film por encima de la media y da fuerza a los hechos que nos son contados, son dos: de un lado, Walt Kowalski, el excelentemente personaje central creado por el guionista Nick Schenk; y de otro la notable dirección e interpretación de Eastwood. Pocos largometrajes y muy pocos directores son capaces de plasmar Estados Unidos en pantalla con esta veracidad y buena mano.

La cercanía con la que son contados los hechos en ‘Gran Torino’ son su gran acierto. Eastwood se dedica poco más que a situar la cámara en el lugar correcto, amén de un par de planos muy de su cosecha (esos personajes iluminados entre sombras recitando sus diálogos) y dejar que el guión y los actores hagan el resto… que sean ellos los que hagan caminar la historia y nos lleven en volandas por ella. Una historia que, como ya he dicho, es sencilla, pero llena de matices y que toca muchos palos: el cristianismo, el racismo, el perdón, la familia, el honor, las consecuencias del dolor humano, la pérdida del ser querido, la incomprensión, las soledades…

Gran Torino

Y todo a partir de unos hechos que van cogiendo cuerpo gracias a acciones puntuales y sin aparente conexión entre sí. De un lado, Walt, que se ha decidido a vivir los días que le quedan bebiendo cerveza en el porche de su casa, cuidando de su viejo Gran Torino y poco más… y es desde ese porche donde va descubriendo a sus curiosos vecinos asiáticos, los “cara pomelo”, como él los llama y no cariñosamente precisamente. En la casa de al lado convive una familia de la etnia Hmong, procedente de Japón, Tailandia y varios puntos más del continente asiático. La razón de su inmigración a Estados Unidos fue porque combatieron junto a los EE.UU. en Vietnam y a partir de esa decisión se convirtieron en apestados para sus propios vecinos, que asesinaban sin piedad a los Hmong en brutales limpiezas étnicas, por ello tuvieron que abandonar su país y volar hacia el mundo de las oportunidades que es el territorio USA.

La ancestral forma de vida de los Hmong, en principio, choca con la percepción del viejo mundo de Walt, pero este ignora que tiene mucho más en común con ellos que con su propia familia. Y es debido a unos hechos aislados (el intento de reclutamiento de una banda del lugar sobre Thao, que como iniciación debe de robar el Gran Torino de Kowalski) cuando el ex combatiente y sus vecinos se verán las caras por primera vez. Walt aborta el poco preparado plan de robo de Thao pero este huye. Al día siguiente, los miembros de la banda acuden a casa de Thao y le obligan a repetir el robo violentamente, pero Walt, al ver que estos invaden el jardín de su casa los echa de allí rifle en mano. Aquello servirá como punto de no retorno para Walt, Thao y su hermana, Sue. Por una parte, Walt será considerado un héroe por sus vecinos y le ofrecerán multitud de presentes, por otro Thao (o mejor AtonThao que es como le llama Kowalski) es obligado a ayudar a Walt durante una semana en todo lo que este necesite por su deshonra y, por último, Sue comenzará un acercamiento paterno-filial hacia Walt, que abrirá las miras del viejo cascarrabias hacia el nuevo mundo.

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Un mundo (im)perfecto. Aviso: El siguiente apartado puede contener destripes de films tales como: ‘Un mundo perfecto’, ‘Gran Torino’, ‘Million Dollar Baby’ y ‘Los puentes de Madison’. Si el lector, aún no ha visto dichos films, sería mejor pasar al apartado siguiente, “En resumidas cuentas”.

En 1993 aún los críticos no se habían rendido definitivamente al talento del otroraHarry El Sucio, por lo que ‘Un mundo perfecto’ fue recibida de forma más bien tibia por los de la pluma rápida, que no perdonaban a Clint sus antiguos escarceos con su magnum 44. Todavía estaban inmersos en aquella extraña bajada de pantalones ante el protagonista de Licencia para matar que pasó de fascista símbolo del antiguo modus viviendi americano a director de incalculable valor y hacedor de obras maestras a docenas, todo eso en un mili-segundo y dicho por los mismos que ponían a Easwood a caer de un burro años antes. ¿Era para tanto el cambio de Clint en sus conceptos ideológicos y cinematográficos? Pues NO, Clint siguió haciendo el mismo tipo de cine, tanto en los 70 como en los 80, 90 y en la actualidad. No cambió para nada en su forma de contar historias, aprendió de los mejores y hasta a algunos los acabó superando, pero siempre fue fiel a sus principios.

Y hago mención a ‘Un mundo perfecto’ porque esta guarda unas cuantas similitudes con ‘Gran Torino’. En aquella, un delincuente (Kevin Costner) tomaba como rehén en su huída de las autoridades a un joven, un niño que iba a aprender mucho más de la vida en aquel mágico viaje que en el resto de sus días. En ‘Gran Torino’ un jubilado (Eastwood) toma bajo su protección a un joven asiático que intentó robarle su coche y en unas semanas le enseñará al chaval todo lo necesario para que se convierta en un hombre de provecho. En ambos viajes parten un hombre y un niño y vuelven dos hombres. Y ambas resultan un fiel reflejo del mundo que nos muestran. ¿Qué cuál de las dos es mejor? Difícil respuesta me planteo a mi mismo… con ‘Gran Torino’ tan reciente sería difícil ser objetivo, quizás para contestar a mi otra mitad necesite de un tiempo, dejar asentar ‘Gran Torino’ en mis retinas y volver a revisionar ‘Un mundo perfecto’. Sí, eso será lo mejor.

Lo que si es verdad es que incluso a medio gas (el incomprendido díptico ‘Banderas de nuestros padres’ y ‘Cartas desde Iwo Jima’), Eastwood está muy por encima de la mayoría de directores actuales. Es increíble que un artista de su edad haga gala de una energía y talento tan enorme en cada cinta que nos regala y logre que cada film suyo sea un casi un acontecimiento para los sentidos. Y eso que ‘Gran Torino’, no es su mejor película, pero aún y con ello, estamos ante un gran largometraje, una fábula sobre América, sobre el ser humano, sobre la vida y la muerte… Una historia sencilla, pero plagada de matices y, sobre todo, un drama humano desgarrador, la (pen)última maravilla de Eastwood que nos muestra al ser humano en sus múltiples facetas y en que la maldad o la bondad no van de la mano del color de la piel, se tienen o no se tienen dentro.

Eastwood nos vuelve a llevar a su mundo donde habitan personas de todas las razas y distinciones, buenas y malas y donde todo es plasmado con detalle, paso a paso, avanzando lentamente y escena tras escena por un mundo fascinante, el del día a día de un anciano ex-combatiente de Corea, huraño, misógino, agnóstico y a primera vista racista, pero ante todo un superviviente que no comprende el mundo en el que vive. Eastwood vuelve a innovar dentro del clasicismo renovador del que siempre ha hecho gala el director de Sin perdón. Y vuelve a sorprendernos contándonos una historia sencilla sobre la vida y la muerte, logrando que, por momentos, huyamos del fondo de la historia, que nos olvidemos de que el director está plantando la semilla de una tragedia para hacernos reír y para dar otra clase de talento tras las cámaras y también delante de ellas, porque mientras nosotros gozamos con las enseñanzas de un viejo cascarrabias a su joven vecino asiático sobre cómo ser (y comportarse como) un hombre, el relato corre irremediablemente hacia un final desolador… Y eso que Eastwood ya nos había encogido el corazón con ‘Million Dollar Baby’ y ya debíamos de estar escarmentados, pero no, es imposible, el viejo Clint siempre lo consigue, ¡maldito seas Clint! ¿Cuántas veces más vas a hacer que acabe destrozado tras ver una cinta tuya? ¿Por qué en ‘Los puentes de Madison’ no te dedicaste a volar algún puente (que decía Agustín Jiménez) o matar a alguien? No, tenías que contarnos la historia definitiva sobre el amor, ¡maldito seas Clint! ¿Por qué en ‘Million Dollar Baby’ no llevaste a Maggie Fitzgerald (Hilary Swank) hasta el campeonato y punto? No, tenías que postrarla en una cama y hacerme llorar, ¡maldito seas Clint! y encima en ‘Gran Torino’ lo vuelves a hacer, así no se puede Clint ¡eso se avisa! que vas a matarme a disgustos.

Gran Torino

En resumidas cuentas. 
Finalmente, termino esta crítica de Gran Torino, una gran película que se beneficia, sobre todo, de su estrella protagonista que engrandece cada diálogo y saborea cada plano. Dirección sobria “made in Eastwood”. Guión sencillo que plantea muchos temas de pleno interés y nos regala unas cuantas perlas realmente grandiosas, en especial la serie de insultos racistas que se reparten Kowalski y su barbero. Además, también destaca la bien llevada relación paterno-filial entre Kowalski-Thao-Sue que choca frontalmente con la que este tiene con sus propios hijos.

Tráiler de Gran Torino