Gran Torino
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Cuando la mayoría de sus colegas de generación se encuentran ya jubilados (Gene Hackman, Sean Connery) o en el stand by de su carrera (Jack Nicholson), Clint Eastwood sigue al pie del cañón dando lecciones maestras a la hora de ponerse delante o detrás de la cámara… y esta película no es ni muchísimo menos una excepción, sino la enésima demostración de su inmenso talento. Desde Cineycine sólo podemos pedirle una cosa: “No se nos vaya nunca, señor Eastwood”. Bienvenidos a…‘Gran Torino’.

“¿Qué tramáis morenos? ¿Nunca os habéis cruzado con alguien a quien no deberíais haber puteado?  Ese soy yo” (Walt Kowalski)

Gran Torino

Crítica de Gran Torino

‘Gran Torino’ ahonda sobre todo en dos bandos: el de los viejos americanos y sus modus vivendis, y el de los “nuevos americanos”, inmigrantes que han hecho de los EE.UU. su casa y que logran convivir con los americanos en paz (o no). Cuando esos dos bandos se unen en un mismo barrio residencial (caso que relata el film) esto da pie a numerosos choques culturales, creaciones de bandas, enfrentamientos raciales…

Lo que nos es contando en ‘Gran Torino’ no es nuevo en su concepto ni en su forma, pero lo que eleva al film por encima de la media y da fuerza a los hechos que nos son contados, son dos: de un lado, Walt Kowalski, el excelente personaje central creado por el guionista Nick Schenk. Y de otro, la notable dirección e interpretación de Eastwood. Pocos largometrajes y muy pocos directores son capaces de plasmar Estados Unidos en pantalla con esta veracidad y buena mano.

La cercanía con la que son contados los hechos en ‘Gran Torino’ son su gran acierto. Eastwood se dedica poco más que a situar la cámara en el lugar correcto, amén de un par de planos muy de su cosecha (esos personajes iluminados entre sombras recitando sus diálogos), y dejar que el guión y los actores hagan el resto… que sean ellos los que hagan caminar la historia y nos lleven en volandas por ella. Una historia que, como ya he dicho, es sencilla, pero llena de matices y que toca muchos palos: el cristianismo, el racismo, el perdón, la familia, el honor, las consecuencias del dolor humano, la pérdida del ser querido, la incomprensión, las soledades…

Gran Torino

Y todo a partir de unos hechos que van cogiendo cuerpo gracias a acciones puntuales y sin aparente conexión entre sí. De un lado, Walt, que se ha decidido a vivir los días que le quedan bebiendo cerveza en el porche de su casa, cuidando de su viejo Gran Torino y poco más… y es desde ese porche donde va descubriendo a sus curiosos vecinos asiáticos, los “cara pomelo”, como él los llama y no cariñosamente precisamente. En la casa de al lado convive una familia de la etnia Hmong, procedente de Japón, Tailandia y varios puntos más del continente asiático. La razón de su inmigración a Estados Unidos fue porque combatieron junto a los americanos en Vietnam y a partir de esa decisión se convirtieron en apestados para sus propios vecinos, que asesinaban sin piedad a los Hmong en brutales limpiezas étnicas. Por ello, tuvieron que abandonar su país y volar hacia el mundo de las oportunidades que es el territorio USA.

La ancestral forma de vida de los Hmong, en principio, choca con la percepción del viejo mundo de Walt, pero éste ignora que tiene mucho más en común con ellos que con su propia familia. Y es debido a unos hechos aislados (el intento de reclutamiento de una banda del lugar sobre Thao, que como iniciación debe de robar el Gran Torino de Kowalski) cuando el ex combatiente y sus vecinos se verán las caras por primera vez. Walt aborta el poco preparado plan de robo de Thao pero este huye. Al día siguiente, los miembros de la banda acuden a casa de Thao y le obligan a repetir el robo violentamente, pero Walt, al ver que estos invaden el jardín de su casa los echa de allí rifle en mano. Aquello servirá como punto de no retorno para Walt, Thao y su hermana, Sue. Por una parte, Walt será considerado un héroe por sus vecinos y le ofrecerán multitud de presentes. Por otro, Thao (o mejor AtonThao que es como le llama Kowalski) es obligado a ayudar a Walt durante una semana en todo lo que este necesite por su deshonra. Y, por último, Sue comenzará un acercamiento paterno-filial hacia Walt, que abrirá las miras del viejo cascarrabias hacia el nuevo mundo.

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Ciertas similitudes guarda ‘Gran Torino’ con ‘Un mundo perfecto’. En esta última, un delincuente (Kevin Costner) tomaba como rehén en su huída de las autoridades a un joven. Un niño que iba a aprender mucho más de la vida en aquel mágico viaje que en el resto de sus días. En ‘Gran Torino’ un jubilado (Eastwood) toma bajo su protección a un joven asiático que intentó robarle su coche y en unas semanas le enseñará al chaval todo lo necesario para que se convierta en un hombre de provecho. En ambos viajes parten un hombre y un niño y vuelven dos hombres. Y ambas resultan un fiel reflejo del mundo que nos muestran. ¿Cuál de las dos es mejor? Difícil pregunta me planteo a mi mismo…

Lo que sí es verdad es que incluso a medio gas (el incomprendido díptico Banderas de nuestros padres’ y Cartas desde Iwo Jima’), Eastwood está muy por encima de la mayoría de directores actuales. Es increíble que un artista de su edad haga gala de una energía y talento tan enorme en cada cinta que nos regala y logre que cada film suyo sea un casi un acontecimiento para los sentidos. Y eso que ‘Gran Torino’, no es su mejor película, pero aún y con ello, estamos ante un gran largometraje, una fábula sobre América, sobre el ser humano, sobre la vida y la muerte… Una historia sencilla, pero plagada de matices y, sobre todo, un drama humano desgarrador. La (pen)última maravilla de Eastwood que nos muestra al ser humano en sus múltiples facetas y en que la maldad o la bondad no van de la mano del color de la piel. Se tienen o no se tienen dentro.

Gran Torino

Eastwood nos vuelve a llevar a su mundo donde habitan personas de todas las razas y distinciones, buenas y malas y donde todo es plasmado con detalle. Avanzamos paso a paso, lentamente y escena tras escena por un mundo fascinante: el del día a día de un anciano ex-combatiente de Corea, huraño, misógino, agnóstico y, a primera vista, racista… pero ante todo un superviviente que no comprende el mundo en el que vive.

Eastwood vuelve a innovar dentro del clasicismo renovador del que siempre ha hecho gala y vuelve a sorprendernos contándonos una historia sencilla sobre la vida y la muerte, logrando que, por momentos, huyamos del fondo de la historia, que nos olvidemos de que el director está plantando la semilla de una tragedia para hacernos reír y para dar otra clase de talento tras las cámaras y también delante de ellas… porque mientras nosotros gozamos con las enseñanzas de un viejo cascarrabias a su joven vecino asiático sobre cómo ser (y comportarse como) un hombre, el relato corre irremediablemente hacia un final desolador…

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En resumidas cuentas. 
Finalmente, termino esta crítica de Gran Torino, una gran película que se beneficia, sobre todo, de su estrella protagonista que engrandece cada diálogo y saborea cada plano. Dirección sobria “made in Eastwood”. Guión sencillo que plantea muchos temas de pleno interés y nos regala unas cuantas perlas realmente grandiosas, en especial la serie de insultos racistas que se reparten Kowalski y su barbero. Además, también destaca la bien llevada relación paterno-filial entre Kowalski-Thao-Sue que choca frontalmente con la que este tiene con sus propios hijos.

Tráiler de Gran Torino