Gangster Squad (Brigada de élite)

by

Un elenco de altura, un director motivado, un guión con unos nada disimulados ecos al clásico de Brian De Palma, ‘Los Intocables de Elliot Ness’ y una violencia como la de antaño. Estos son los ingredientes principales del film que hoy nos ocupa. Una cinta en donde un poli irlandés, tozudo y valiente, va a montar un equipo de ataque para acabar con el reino de terror impuesto por un ex-boxeador, reconvertido en mafioso. Bienvenidos a… ‘Gangster Squad (Brigada de élite)’.

La guerra ha comenzado. Y las calles de Los Ángeles son territorio enemigo. No habrá placas. No habrá detenidos. Van a hacer valer la justicia y lo harán sin piedad.

Brigada de Élite

Crítica de Gangster Squad (Brigada de élite).
Mitad homenaje al género, mitad actualización a nuestros tiempos, ‘Gangster Squad (Brigada de élite) es la versión de Ruben Fleischer de lo que en su cabeza, y en su forma de ver el cine, debe ser una cinta de gángsteres. De igual modo que ‘Bienvenidos a Zombieland’ tomaba los elementos comunes de las películas de zombis, y los llevaba al terreno de la parodia con una agradecida jocosidad y mala baba.

Fleischer cierra los encuadres, acelera la acción, exagera las diferencias entre buenos y malos, reduce el guión al mínimo y agranda las set pieces para hacer ‘Los Intocables de Elliot Ness’ como la harían hoy día. Y el resultado es ‘Brigada de Élite’, una mezcolanza de lo nuevo y lo antiguo. De los inolvidables 80s y la maestría de Brian De Palma para dibujar secuencias para el recuerdo. Todo esto guiado por la buena mano de Fleischer para dirigir el film a buen puerto, haciendo valer la suma de lo utópico (esos Los Ángeles años 40, sin rastro de la gran depresión que casi hunde América), con lo retro (el sobresaliente trabajo de atrezzo en cuanto a los coches y las ropas de los actores), de lo hierático (el bueno principal, un imperturbable Brolin) con la exageración insana del lado oscuro (un desencajado Sean Penn), del plomo y la sangre, y de cómo para combatirlo te tienes que convertir en más plomo y más sangre… como decía un sabio guerrero de cinta en el pelo: “para ganar a la guerra; debes convertirte en guerra”. Esto es lo que vamos a ver en ‘Gangster Squad (Brigada de élite)’. Un duelo en las trincheras entre los hombres de O´Mara (un variopinto grupo de héroes, interracial, y con cada uno cubriendo un campo policial espcífico) contra los sicarios de Cohen (tipos a los que el miedo les hace ir a trabajar cada día).

Brigada de Élite

Tomarse en serio un film como este es como pasar las vacaciones en las Vegas: ir a perder el dinero. Porque ni su guión, ni muchos de sus personajes, ni por supuesto su director lo hacen. Y es por ello que la película bascula entre lo ridículo y lo agradecidamente desatado. Ejemplo de lo primero: el sonrojante diálogo en donde la esposa embarazada del temerario O´Mara alaba lo valiente, honorable, y sexualmente demoledor que es su marido… o la forma en la que Wooters se liga a Grace. Y como ejemplo de lo segundo (que es lo que más abunda) sobresale un exaltado Sean Penn y el ejemplar uso de la acción con una violencia sin contemplaciones. En el caso de Penn, en esta cinta demuestra todo lo que aprendió del histrionismo al servicio de la película, al trabajar con Robert De Niro o Al Pacino.

Brigada de Élite

Y, precisamente, la acción es uno de los puntos fuertes de ‘Gangster Squad’, dejando de lado la dulcificación masiva con la que Hollywood nos bombardea en la mayoría de sus producciones, en este film, no hay sitio para nenazas, se va a saco y sin remilgos. Y eso hace que la película salga ganando. Sale ganando porque hacer un films de mafiosos y que no haya una violencia sucia, descarnada y visceral… es ir a morir, y es arriesgarte a que te salga algo del montón como ‘Billy Bathgate’ o ‘La Brigada del sombrero’ (que curiosamente contaba con Nick Nolte en su reparto). Cintas que, sin ser malas, tenían en su tono solemne y su excesivo respeto al género, su mayor lastre.
Fleischer no comete ese error, sabe lo que quiere y está decidido a hacer un homenaje, a su manera, a un género que le fascina. Y ciertamente lo consigue llevando a cabo un trabajo notable de dirección, y montando unas cuantas escenas y secuencias que merecen ser alabadas, más allá de que luego su guión sea de lo más predecible. Atención a la ejemplar presentación de los dos protagonistas principales del evento: Mickey Cohen, que es el encargado de abrir el largometraje, torturando a un tipo con el letrero de Hollywood (cuando aún era Hollywoodland) a su espalda. Y la posterior entrada en acción de O´Mara, entrando a saco en un piso donde un grupo de indeseables abusan de jóvenes aspirantes a actrices.

De lo anterior pasamos a tiroteos a bordo de coches a toda velocidad, cierre de garitos clandestinos por la fuerza, palizas de bar, mujeres de buen ver, perdedores de barra, fumadores empedernidos… vamos, todo lo que un film de este tipo debe tener. Y luego, dos secuencias que deben ganarse, por sí solas, el respeto del espectador: la emboscada en Chinatown (que vino a sustituir a una secuencia original ideada por Fleischer que acontecía dentro de un cine, y que fue eliminada del montaje tras la tragedia de Colorado durante una de las primeras exhibiciones en cines de El caballero oscuro: La leyenda renace) y su descomunal clímax final a lo Scarface en el Hotel Park Plaza.

brigada-de-elite-armas

Pasando a los actores; los hay que se ponen a las órdenes del director, aunque ello les haga estar por debajo de su nivel habitual: un por momentos demasiado acartonado Josh Brolin que parece una versión joven de Powers Boothe, o un Nick Nolte que pasa totalmente desapercibido por el metraje. Otros hacen valer su personalidad y salen victoriosos por ello: Ryan Gosling llenando de matices un personaje que en manos de otro intérprete hubiese caído en el más grande de los ridículos. El siempre carismático Robert Patrick, dando una nueva lección de saber atraer para sí los ojos del espectador cada vez que está en pantalla. Y, por supuesto, Sean Penn, que se lo pasa en grande en su personal recreación de mafioso- al borde del delirio a lo Al Capone o Tony Montana. Penn, “achatado” de forma intencionada para parecer más pequeño y similar físicamente al verdadero Cohen (y con un rostro de boxeador sonado) se marca un show en constante crescendo de locura que tiene su punto álgido cuando sentencia de muerte a Dragna (Jon Polito), dándole un inenarrable discurso acerca del derecho manifiesto que el mismo se ha ganado a gobernar Los Ángeles primero, y TODA AMÉRICA después. Luego tiene repuntes de grandeza como la paliza a un policía corrupto, o el ajusticiamiento a cierto personaje con una piscina de por medio. Excelente recuperación para la causa de Penn que desde que ganó el Oscar por ‘Milk’ (“robándoselo” de paso a Mickey Rourke por El Luchador) no levantaba cabeza cinematográficamente hablando.

También conviene resaltar a un intimidante Holt McCallany como el brazo derecho ejecutor de Cohen, y en terreno de nadie queda Giovanni Ribisi haciendo de… ¡Giovanni Ribisi! Una bella y acertada Emma Stone, trofeo de Cohen y enamorada de Wooters. Y un algo desorientado Michael Peña como el novato y mexicano discípulo del pistolero Kennard.

Brigada de Élite

En resumidas cuentas. 
Concluyo esta crítica de Gangster Squad (Brigada de élite) afirmando que es un festival sin complejos que mete en una coctelera los ingredientes narrativos indispensables que deben sustentar “una de mafiosos”, y que luego lo rocía con unas agradecidas gotas de desfachatez al estilo Fleischer. Mantiene nivelada la balanza entre homenaje y desparrame, y al final sus virtudes ganan a sus defectos.

El plano: El glorioso acercamiento en detalle y bullet time a los rostros de Cohen y O`Mara durante el duelo a plomo limpio en el hall de Park Plaza.
La escena: La conversión definitiva en antihéroe sin placa de Gosling tras presenciar como asesinan sin piedad en medio de una lluvia de balas al chaval-limpiabotas. Atención al rostro de Gosling.
La secuencia: Tres: La emboscada en Chinatown por parte de Cohen a la brigada de O´Mara, el descomunal asalto al Hotel-Fortín de Cohen en el clímax final, y su combate del cierre, sin leyes, sin árbitros y sin campana.

Frases memorables:
Cuando llegues a Chicago diles que en Los Ángeles manda Mickey Cohen (Cohen).
Lo juro por Dios… (Sicario).
…¡Júralo por mí! (Cohen).
No daremos tregua a Cohen (Parker).
Yo no soy hombre de dar treguas (O´Mara).
No sé vivir, sólo sé luchar (O´Mara).

Lo mejor:
Su aire de divertimento retro con un inevitable toque del cine de hoy. La magnífica labor de un sorprendentemente hábil en el terreno del "film noir" Ruben Fleischer, y su utilización de los clichés del género puestos al servicio de un elenco de actores magnifico. Un guión ajustado en su creación de personajes y un uso de la violencia magistral.
Lo peor:
Su empeño en sacar en cada plano a Ryan Gosling lo más guapo posible, aunque la situación no lo requiera. Y unos cuantos momentos que chirrían.