Daylight (Pánico en el túnel)
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Me llamo Latura, Kit Latura. Hace ya veinte años me vi envuelto en una catástrofe en el túnel Holland de Manhattan. Por aquel entonces había sido despedido de mi puesto de Jefe de urgencias y me ganaba la vida como simple taxista, pero uno no puede esconder al héroe que lleva dentro cuando el caos y la destrucción te reclaman. Y como toda gran historia merece ser contada he elegido a Cineycine, y a mi propio cronista de esta web, para que os la cuenten. Así pues, contener la respiración y ser… ¡Bienvenidos a una noche de… ‘Daylight (Pánico en el túnel)’!

“¡Tú insiste maldito cabrón! ¡Insiste! ¿Cuántas oportunidades necesitas? ¡Los has matado a todos! Pero sabes, es a mi a quien debiste matar, porque he encontrado tu corazón, ¡lo he descubierto y lo voy a hacer pedazos!” (Latura).

La trama: El túnel del Infierno.
Nueva York (1996), empieza el día. Miles de personas se dirigen en coche desde Nueva York a Manhattan. La manera más rápida y cómoda de hacerlo es por el túnel Holland que conecta ambas ciudades. Pero algo horrible está a punto de ocurrir. Unos ladrones han robado a la fuerza a un importante joyero y huyen con el botín en dirección al subterráneo, al mismo tiempo son perseguidos por la policía. Paralelamente a los hechos, un convoy de camiones cargados con material radiactivo entra en el túnel. Su destino: el río Hudson, en donde se desharán de los fluidos de forma ilegal. A mitad de altura de la  galería, el coche que conducen los cacos pierde el control y es lanzado de forma irremediable contra los camiones, produciendo en el acto una enorme detonación que hace añicos todo lo que encuentra a su paso. Miles de vidas humanas son sesgadas al instante. Y las dos vías de escape de cada lado del paso quedan selladas por los escombros para infierno de los supervivientes. Ahora sus vidas dependen de un hombre: Kit Latura.

Crítica de Daylight (Pánico en el túnel)

Entre 1996 y 1998 surgió un nuevo boom de los films de catástrofes, un boom avivado por el enorme éxito a nivel mundial de Independence Day, esa cinta de invasiones alienígenas de Roland Emmerich con el Príncipe de Bel-Air y el presidente de los EE.UU. matando ovnis mano a mano. A partir del megahit protagonizado por Will Smith los grandes estudios empezaron a dar luz verde a films en donde se destruyera el mundo (EE.UU.) o parte del mismo de todas las formas posibles. Algunas se estrenaron con atronador éxito (Armageddon, ‘Twister’ e incluso ‘Titanic’, que si me apuráis puede entrar en dicha liga), y otras como ‘Volcano’ o ‘Un pueblo llamado Dante´s Peak’ se empeñaron en ver la luz con sólo dos meses de separación, lo que les valió a ambas un buen revolcón en taquilla. Y luego estuvieron aquellas que fueron lanzadas a rebufo del resurgir del género y que tenían como primer mercado el doméstico, pero quisieron probar su parte del pastel: ‘Tormenta de fuego’ o (la muy entretenida e injustamente olvidada)Hard Rain e incluso a Emmerich le dio tiempo para volver a su género predilecto con su personal visión del mito de Godzilla‘.

Pero, sin duda, de todas aquellas (y junto al film protagonizado por Bruce Willis) las más esperada era la cinta que hoy nos ocupa, ‘Daylight (Pánico en el túnel)’. Una película que fue anunciada por el mismo Stallone como su última incursión cinematográfica como héroe de la función, pero el fracaso del film en USA (que no alrededor del mundo, donde triunfó espectacularmente, llevando al film a cosechar unos notables 160 millones de $ sólo en cines) y la falta de guiones con posibilidades dramáticas hizo cambiar al actor de parecer… y eso que en 1997 estrenó ‘Copland’, uno de sus mejores trabajos interpretativos que fue injustamente ninguneado por todos.

Con la llegada del nuevo siglo, Sly comenzó un importante declive que lo llevó a dejar de estrenar en cines USA, hasta que, en 2006, recuperó con notable éxito de público y crítica la emblemática saga de Rocky, con la magistral y conmovedora Rocky Balboa‘. Pero esa es otra historia… Lo que sí es cierto es que a pesar de que la cinta no caló en el público estadounidense como debería… no fue porque estuviéramos ante un film fallido, todo lo contrario, ‘Daylight’ fue un notable regreso a los films de desastres que tanto abundaron en los 70. Podemos hasta decir que siguió su fórmula al dedillo, siendo esa una de sus mejores bazas: un protagonista con carisma (hoy en día nadie, y digo NADIE podría cargar en sus espaldas el personaje central como el que se gasta Stallone, lo cual da un mérito enorme a su trabajo en la cinta), un grupo de actores secundarios cuyas interpretaciones e historias personales nos llegarán al corazón, un despliegue de efectos especiales de gran nivel y un crescendo de tensión sobrecogedora que nos pondrá el corazón en un puño.

‘Daylight’ representa (como pocas) lo que viene a ser una montaña rusa emocional, en donde los espectadores rápidamente consiguen situarse emocionalmente identificados con el grupo de supervivientes y jalearlos en los momentos más difíciles (que serán muchos). Y eso que ‘Pánico en el túnel’ (titulo Made in Spain) vino firmada por Rob Cohen en el que es y de largo su mejor largometraje. En el apartado técnico también hay que destacar la portentosa partitura musical de Randy Edelman. Y ¡cómo no! sus tremendísimos efectos especiales.

Y si hablamos de las excelencias de la cinta, tenemos que hablar de Sylvester Stallone, pocos actores, no sólo del presente sino de la historia del cine, trasmiten el carisma y hacen sentir al espectador una empatía igual que él. Desde su primera aparición en pantalla sabemos que estamos ante uno de esos personajes de la calle, humanos y auténticamente “Stallone” que tan bien le vienen a las características interpretativas de Sly (limitadas, sí, pero que en su registro y bien utilizadas logran grandes resultados). Y me atrevo a decir que Kit Latura es uno de los personajes imprescindibles de su filmografia. No es un héroe, no es un superhombre, no va alardeando, sólo busca su redención personal y tiene como armas la valentía y una fe inquebrantable. Además de eso, Stallone hace bueno su lema de hacer las escenas de acción que su personaje lleva a cabo en el film él mismo, lo cual (como dije unos párrafos más arriba) hoy en día no podría hacer ninguno de los jovenzuelos que aspiran a llegar al status de estrella que en su día se ganó Sly (y que hoy día ya ha traspasado situándose en un nivel mayor, el de leyenda viva del séptimo arte).

A Stallone le acompañó un acertadísimo reparto de actores secundarios de diferentes generaciones que lograron llevar sus roles mucho más allá de lo presumible. Amy Brenneman, extraordinaria actriz que entre esta cinta yHeat llegó a su culmen como intérprete. Brenneman bordó un rol nada fácil, más aún teniendo en cuenta que la mayoría de sus escenas fueron junto al protagonista principal, Stallone, al que estaban dirigidos casi la totalidad de los planos. Stan Shaw (el boxeador vendido de ‘Ojos de serpiente’, aquella delicia visual de Brian De Palma) dio vida al guardia George. Y Viggo Mortensen, que comenzaba a hacerse un nombre en la industria Hollywoodiense por aquellos años (cuando aún quedaba lejos su ascenso al estrellato con El Señor de Los Anillos, 2001), y que aquí clavó su personaje de chulo listillo. El resto de intérpretes, aunque un escalón por debajo de estos, también consiguieron insuflar vida a sus roles en la pantalla de forma notable, incluido el propio hijo de Sly, Sage Stallone. La excepción la puso Danielle Harris, actriz que cimentó su carrera durante los 90 en roles de niñata repulsiva.

En resumidas cuentas.
Finalizo esta crítica de Daylight (Pánico en el túnel), un film que fue para los 90 lo que El coloso en llamas fue para los 70. Un largometraje cuidado hasta el más mínimo detalle, con un reparto de actores grandioso, un dramatismo latente y dotada de un precioso tono de cuento redentor que narra la titánica lucha de un hombre contra su propia creación. Decididamente estamos ante un film a recordar.

Tráiler de Daylight (Pánico en el túnel)