Independence Day
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Tras una serie de atractivos films que ya apuntaban muy buenas maneras, el director alemán Roland Emmerich pegó el pelotazo en 1996 destruyendo “La Casa Blanca” y todo lo que se le puso por delante para celebrar el ID4. Repasamos lo que sucedió en esa colosal celebración en la siguiente crítica de Independence Day.

“¡Hoy celebramos nuestro día de la independencia!”.-Presidente Whitmore.

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Crítica de Independence Day

‘ID4’ fue una de las películas más espectaculares que, desde un punto de vista puramente de “espectáculo visual”, pudimos ver en los años 90. Lo que Roland Emmerich nos entregó con este film en 1996 fue algo increíble, algo que no habíamos visto hasta entonces en las pantallas de un cine (obviando a la trilogía “Star Wars”, por supuesto). ‘ID4’ fue un derroche visual y un nuevo show del director alemán que ya empezaba aquí con su celebradísima manía de destruirlo todo, costara lo que costara… para el recuerdo de la iconografía popular queda ese tremendo rayo alienígena destruyendo por primera vez “La Casa Blanca” (una genial recreación en maqueta, como el resto de edificios que se destruyeron en el film). Una destrucción que dejaba claro (desde casi el principio de la película) que nadie iba a estar a salvo, ni tan siquiera “el hombre más poderoso del mundo”, el presidente de los EE.UU.

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Al guión escrito por el propio Roland Emmerich, con la ayuda de su amigo Dean Devlin, no le podemos pedir mucho. Todo se reduce a la irrupción de los alienígenas sin que ningún satélite, telescopio y/o sonda, los detecte hasta que irrumpen en nuestra atmósfera. Inclusive, este planteamiento inicial bebe del comienzo de films como ‘La guerra de los mundos’ o aquella gran serie que fue V’, con todas aquellas naves nodrizas presentándose en las principales ciudades de la Tierra sin ser detectadas (homenaje o no… estas naves de “ID4” son muy similares en diseño a las de ‘V’ y, además, en un momento del film, una reportera de televisión se dirige a estos aliens como “los visitantes”, ahí lo dejo). Comentar también la acertada unión que el libreto del film hizo con algunos aspectos de la temática OVNI: las abducciones, el incidente de Roswell y la famosa y “ultrasecreta” Área 51.

La narración de la cinta empieza así muy fuerte y luego sigue con un planteamiento correcto en el que vamos viendo como los altos mandos y los supervivientes aúnan esfuerzos para contraatacar. El problema viene en la parte final cuando asistimos a un disparate tras otro (ese presidente piloto, ese virus, ese saber manejar la nave de combate alien…). Un disparate que culmina con una resolución poco o nada creíble, sobre todo, dado el potencial que habíamos visto anteriormente por parte de unos y otros…

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En lo que respecta a los efectos visuales hay que resaltar que fueron premiados con un Oscar en la ceremonia de 1997. No obstante, hay que tener en cuenta que, por mucho que este fuera un blockbuster, tan sólo costó 75 m$ (eso sí, de la época) y en algunos aspectos la película, vista a día de hoy, ya no luce tan bien como podríamos recordar (por ejemplo, en algunas imágenes las naves nodriza se notan claramente como “añadidas”… o la cantosa escena en la que el perro de Jasmine escapa de un manto de fuego). Por el contrario, todas las escenas de las batallas aéreas siguen luciendo muy notablemente, para ejemplo el duelo y la persecución a muerte entre el caza de Steven Hiller y la nave alien, o los devastadores ataques de las hordas de naves alienígenas.

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“Bienvenido a la Tierra”. ID4.

Interpretativamente hablando, el film descansó sobre los hombros de Will Smith, Jeff Goldblum y Bill Pullman. Tras Dos policías rebeldes (Michael Bay, 1995) el nombre de Will Smith ya empezaba a cotizarse en cines y aquí fue elegido por Emmerich para dar vida al Capitán Steven Hiller, un gran piloto de cazas que sueña con entrar en la NASA. La actuación de Smith nos dio todo lo que podíamos esperar de él: simpatía, ciertos y muy buenos golpes de humor y un carisma que ya empezaba a dejarse notar. A su lado, tuvimos como pareja de baile al gran Jeff Goldblum en uno de esos papeles que tan bien se le dan, el de David Levison, un profesor matemático que sabe más que todos los demás pero que desperdicia su talento metido a reparador de antenas… Finalmente nos quedó un correcto Bill Pullman como Thomas J. Whitmore, un increíble, joven e intachable presidente de los EE.UU. y además piloto de combate…

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La tripleta anteriormente comentanda fue rodeada de un buen equipo de profesionales de la actuación. Entre ellos caben destacar los nombres del fallecido Robert Loggia como el general William Grey (el más seguro y fiel apoyo militar del presidente), Randy Quaid como Russell Casse (fumigador veterano del Nam que dice haber sido abducido), James Rebhorn en el rol que nunca debe faltar de cabeza visible de la CIA, Judd Hirsch en la piel de Julius Levinson (el padre de David) o Adam Balwin en un papel de esos de buen militar.

Además, comentar la presencia destacada de la explosiva Vivica A. Fox dando vida a Jasmine Dubrow (el interés amoroso de Steven Hiller), Margaret Colin como la principal asesora presidencial y separada de David Levison, y la divertida aparición de Brent Spiner en el papel del profesor Okun, el típico científico con pintas de loco y dejado que se ocupa de las investigaciones en el Área 51 (“nos dejan salir poco” dice para justificar su aspecto).

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En conclusión.
Termino ya esta crítica de Independence Day, un recordado film que sigue resultando espectacular a día de hoy y que fue realizado con la única pretensión de sentarnos a disfrutar de un desatado show visual. Un espectáculo puramente “palomitero” en el que Roland Emmerich sentaría las bases para futuras y más destructivas películas y formas de acabar con la Tierra, por ejemplo: 2012’.

Tráiler de Independence Day