Desierto rojo
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Situado a 150 kilómetros de Las Vegas existe un pueblo llamado Baker, cobijo de almas perdidas y un auténtico infierno en vida. Un lugar al que se va a morir, o porque estás dado por muerto. Hasta allí llegará un grupo de cuatro hombres en busca del antiguo compinche que los traicionó diez años atrás. Su llegada desatará una oda de violencia y la arena de Baker se convertirá en un… ‘Desierto rojo’.

“Nadie llega hasta Baker por casualidad”.

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Crítica de Desierto rojo.
‘Desierto rojo’ es el film conocido originalmente como ‘Swelter’ que Jean-Claude Van Damme filmó en 2014, cuando aún se encontraba en la fase final de una operación de cadera por el desgaste de años pateando de forma inadecuada. Ya de entrada se sabía que el papel del belga sería meramente interpretativo, sin ningún despliegue físico importante. Y aunque tenía cierto peso, no era el protagonista, sino parte de un elenco coral.

Seguramente, y con motivo del estreno del film en laSexta (algo que anunciamos en su correspondiente Apache), los seguidores de JCVD que tenían bajo seguimiento al actor por sus papeles como action-man en los años 80 y 90s se habrán llevado una importante decepción al ver como, en 2016, el otrora implacable Van Damme… es un ladrón que no cree en la venganza que sus compañeros quieren llevar a cabo contra el hombre que ellos piensan los traicionó, al que por otra parte abandonaron herido.
Van Damme aquí tiene a su cargo el papel de William Stillman, quien podría decirse es la escasa conciencia que les queda a los bandidos que llegan hasta Baker. Un delincuente cansado, un hombre que, como dicen en un momento del film, parece esperar un tren que ya pasó de largo.

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Los protagonistas principales de esta película son Lennie James (Bishop) y Grant Bowler (Cole), en los roles de antiguos amigos y compadres que ahora se verán enfrentados por el dinero y por el amor de una mujer, Carmen, interpretada por Catalina Sandino Moreno. En el film también podremos ver a Alfred Molina, en un papel recurrente de todo western que se precie, el de doctor alcohólico. Completan el intencionado desfile de clichés de género: Josh Henderson como Boyd, Danielle Favini como el inestable Kane (hermanastro de Cole) y la adolescente problemática London a la que da vida Freya Tingley.

Para los más cinéfilos queda el nombre de Tracey Walters (gran amigo de Jack Nicholson y Paul Schrader) quien fuera Bob, la mano derecha de Jack Napier (Nicholson) en Batman de Tim Burton. Walters tiene a su cargo el rol del viejo Henry Johnson, un anciano al que no le gusta nada que su sheriff no lleve armas encima, algo que, por mucho que quiera, no puede comprender.

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Hay ocasiones en que el destino del Directo-a-Televisión ha sido un castigo inmerecido para producciones recientes, pero en el caso de ‘Desierto rojo’ quizás sea justo el hecho de su estreno directo en la pequeña pantalla. No estamos ante un malísimo film, pero si ante un flojo western de serie B con aire fronterizo y desesperanzado. Un film que se deja ver, pero sin más…

A destacar que cuenta con ideas por encima de los medios y del talento de su director, Keith Parmer, quien se limita a filmar un copy-paste de personajes y situaciones del “cine del oeste” que más le influyó. Además, intenta acercarse (en vano) al estilo de cine de Don Siegel, Walter Hill y, sobre todo, Sergio Leone.
Su principal problema (aparte de una nula pericia a la hora de filmar las dos peleas escasas de la cinta) es el dotar a la historia de alma y especialmente querer abarcar más de lo que humanamente puede dar. Parmer enlaza escena tras escena, diálogo tras diálogo con una fotografía ciertamente por encima de lo esperado (se respira la aspereza del desierto, a lo que suma el rodar en California y no en algún hangar búlgaro) pero sin ningún atisbo ni de alma, ni ritmo y con unos personajes incapaces de interesar o de crear empatía.

La cinta ni siquiera se podría salvar por ver a JCVD, quien a pesar de las ganas que le pone por crear un personaje interesante, acaba engullido por el baile de personajes llevado a cabo por su director, quien en 96 minutos quiere contar una historia que en cualquier western se hubiese ido hasta las dos horas, a la vista del desfile de personajes con pretensiones protagonistas del film. ‘Desierto rojo’ quiere ser tanto que acaba no siendo nada en concreto.

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En resumidas cuentas.
Finalizo ya esta crítica de Desierto rojo, una película que queda resumida como un largometraje que empieza como “una de robos”, sigue como un “viaje por carretera” y acaba como un “western fronterizo al sol” (de Baker) en donde no faltan ni los indios… y en el que se suceden los duelos a muerte, las revelaciones y las traiciones, todas ellas bañadas en diálogos de un marcado “aire trascendente” y con un final irremediablemente destinado a la “justicia poética”. Una película que, seguramente, muchos acaben viendo por afinidad al más conocido de su elenco: Jean-Claude Van Damme.