Misión Imposible: Protocolo Fantasma
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Ethan Hunt (Tom Cruise) vuelve de nuevo a estar en el punto de mira, por cuarta vez, después de que él y su equipo sean culpados de haber volado por los aires el Kremlin. La guerra entre Rusia y Estados Unidos está a punto de estallar. Hunt deberá de actuar de inmediato y sin ayuda exterior, ni apoyo tecnológico o armamentístico oficial. Sólo un grupo de tres agentes bajo sus órdenes y, de nuevo, una misión altamente imposible. El más difícil todavía ya está aquí. Es hora de… ‘Misión Imposible: Protocolo Fantasma’.

Misión Imposible 4

Crítica de Misión Imposible: Protocolo Fantasma

En 2011 llegó a nuestras pantallas de cine la cuarta parte de la franquicia Misión Imposible, iniciada hace 15 años de la mano de Brian De Palma. Y lo hizo en plenas Navidades, épocas siempre propicias para que los héroes de ficción hagan de las suyas (véase la saga ‘Jungla de Cristal’).
Tom Cruise sigue demostrando que por él los años no pasan, y en cada nueva entrega se juega el físico y el pellejo cada vez más. En ‘Misión Imposible: Protocolo Fantasma’ el casi siempre renegado agente Ethan Hunt tendrá que salvar literalmente al mundo de un villano que parece sacado del universo de James Bond, el psicótico Hendricks (Michael Nyqvist). Y esta vez, lo hará a pecho descubierto, con sólo tres miembros en su equipo y sin que el FMI o el gobierno de Estados Unidos lo respalden. Hunt está solo contra todo y todos van contra él.

Siguiendo con la pauta marcada por el propio Tom Cruise desde la creación del primer film en 1996, el actor/productor y estrella contrató para esta nueva entrega los servicios de todo un emblema del cine de animación reciente, Brad Bird, responsable deEl gigante de hierro, ‘Los Increíbles’ o Ratatouille‘. Este film fue su debut dentro del cine con personajes reales llevando a cabo un trabajo generoso en cuanto a espectacularidad (es innegable que Misión Imposible 4 está plagada de unas cuantas set pieces de acción que dejan con la boca abierta) pero inconsistente en su conjunto (al final, tantos personajes co-protagonistas acaban lastrando al film, y este carece de un clímax original, si bien, la secuencia del parking es literalmente apoteósica. Pero el objetivo que Hunt persigue carece de interés, puesto que todo el público sabrá que acabará consiguiendo su meta).

Así las cosas, se podría decir que Protocolo Fantasma contiene momentos de suspense dignos de los vistos en la cinta inaugural firmada por De Palma, y alcanza cotas de acción adrenalínica a la altura del tercer episodio que dirigió Abrams, pero sin que su conglomerado supere a ninguna de estas.
Analizando cada una de esas virtudes por partes, es de elogiar el fantástico uso del suspense que Bird proporciona a diversos instantes como a la magnífica persecución que Hunt emprende contra Wistrom en medio de una cegadora tormenta de arena, o la incursión en el Kremlin… y los culminantes momentos kamikaze de Hunt, llevándose la palma dos en concreto: la suicida escalada al edificio en Dubai (una especie de homenaje/guiño a la escalada del comienzo enM: I 2, y no el único, puesto que la cinta tiene unos cuantos a la saga, a lo largo de su metraje) y la delirante (y muy disfrutable) pelea contra Hendricks en el parking inteligente de la India.

Misión Imposible 4

Entre medias de estos aciertos, encontramos, una trama que quiere abarcar demasiadas historias. Una multitud de sub-tramas de abanico emocional/revanchista que acaban distrayendo la atención del que debe ser el verdadero objetivo del film: la caza al villano central. La inclusión de Paula Patton y Jeremy Renner tuvo “la culpa”, puesto que sus personajes, en diversos momentos del film, tomaron el protagonismo relegando a Ethan Hunt a un (inaudito) segundo plano. Patton/Jane por el sentimiento de vendetta hacia la asesina letal, Sabine Moureau (una hipnóticamente bella Léa Seydoux) y Renner/Brandt en busca de una redención por una misión pasada fallida que le martiriza. No es que las actuaciones de ambos actores fueran malas, es que su incorporación al guión lastró el producto final, por la sencilla razón que distrae al público del objetivo central e inutiliza la regla básica de toda buena cinta de acción: aquella que presenta la caza sin cuartel del héroe (siempre mejor que sea un tipo solitario, como siempre ha sido Hunt) contra el villano.

También hay que resaltar la introducción del humor para aliviar numerosas situaciones, sobre todo, por parte del personaje de Simon Pegg que nunca se hace pesado, precisamente por estar interpretado por él, y por Cruise que desahoga unas cuantas escenas con finos toques de humor (ver sus gestos en la secuencia inicial de la fuga en la cárcel rusa o sus diálogos mientras escala el edificio en Dubai).

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En cuanto a los guiños a las anteriores entregas de la saga, estos son de agradecer, puesto que los guionistas por primera vez optaron por no obviar los films precedentes, como el paradero de Julia (Michelle Monaghan) o la aparición (o no) de Luther Stickwell (Ving Rhames) y, por supuesto, el inevitable plano de un personaje suspendido en el aire a muy pocos centímetros del suelo, que esta vez tuvo sorpresa. Otro guiño a la tercera entrega firmada por Abrams (que en esta cuarta parte, ocupó cargo de productor) fue el plano en que Hunt se topó con Hendricks sin saber que este lleva el maletín (calcado a la escena en donde Hunt se topaba con el secuestrador de Julia en el Hospital). Además, al comienzo del film hizo acto de aparición un actor muy conocido que muere de forma inesperada como hiciera Emilio Estevez en la primera entrega.

En el apartado de las interpretaciones estas fueron lo que se les pide (o lo que se les debe pedir) en una cinta de estas características, que busca ante todo entretener al público. Cruise siguió en forma para dar vida al héroe y por lo que se ve por muchos años más. Paula Patton (aunque con más protagonismo del necesario) lució bella y estuvo a la altura en el apartado físico. Jeremy Renner dio un paso al frente para dejar bien claro que es un tipo a tener en mente de manera seria, e incluso se permitió un chiste a costa de su cacareada posible homosexualidad.
El protagonista de las Millennium originales, Michael Nyqvist, no necesitó de grandes esfuerzos para resultar odioso, atención a sus actos (sobre todo el que tiene que ver con el desenlace de la pelea en el parking inteligente) y por último Simon Pegg disfrutó de muchos más minutos aquí que en la tercera entrega, lo cual se agradece, puesto que es un intérprete con un timing excelente para la comedia.

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En resumidas cuentas.
Con todo lo dicho, ‘Misión Imposible: Protocolo Fantasma’ fue junto a Asesinos de Élite la mejor cinta de acción del año 2011, año bastante flojo en cuanto a cintas de calibre de este género. Eso sí, si se la compara con sus entregas precedentes, el film de Brad Bird queda por debajo tanto de la primera (e inalcanzable) cinta inicial obra de Brian De Palma y del entretenimiento de primer orden parido por Abrams. Bird demuestra su buena mano para planificar y llevar a cabo acojonantes set pieces de acción pero flojea en cuanto debe de dotar de ritmo al conjunto. Al final, decir en esta crítica de Misión Imposible: Protocolo fantasma, que la misma es un compendio de logradas escenas arriesgadas que al fusionarse con el resto del conjunto no calan como debería. En fin, que tiene todos los ingredientes para entretener y, por supuesto, que lo hace… pero su falta de valentía a la hora de dar el protagonismo absoluto a Cruise la acaba mermando.

Tráiler de Misión Imposible: Protocolo Fantasma