Misión Imposible 2
Comparte con tus amigos










Enviar

Tras el éxito de ‘Misión Imposible‘ llegaba a nuestras pantallas la esperada secuela protagonizada nuevamente por Tom Cruise: ‘Misión Imposible 2’. Esta vez se ponía tras la cámara el director John Woo, gran amante de la pirotecnia y el despiporre visual. Veamos si esta nueva misión acabó con éxito o no…

Crítica de Misión Imposible 2

Nunca he sido un gran seguidor de John Woo. Bueno… para ser sinceros, lo aborrezco. Pero debo reconocer que hace un tipo de cine que suele gustar al público ávido de acción y flipamiento visual. Y eso es justamente lo que ofrece ‘Misión Imposible 2’, porque la mayoría de elementos que dieron forma a la primera película, dirigida por Brian De Palma, brillan aquí por su ausencia. No encontramos personajes carismáticos, no hay giros argumentales ingeniosos y los compinches que acompañan a Hunt en su misión apenas tienen relevancia. El único referente que nos queda es un Ethan Hunt desatado y, en ocasiones, descontrolado. A lo largo de la película Hunt parece empeñado en hacer cada vez más fantasmadas. Digamos que el tono sobrio y realista de la primera película deja paso a una nueva versión más dinámica, trepidante y acelerada. A eso se suma la enfermiza obsesión de Woo por las cámaras lentas… y por las puñeteras palomas. Así pues, el resultado puede llegar a ser insufrible para no pocas personas.

Todo lo anterior no es necesariamente una mala noticia si buscas lo que este film ofrece, pero sí lo es para el resto de personas que se sintieron cautivadas por el tono que imprimió De Palma en la primera parte, ya que la propuesta de John Woo se aleja totalmente del concepto original. Aquí la acción y las escenas con especialistas no están al servicio de la película, sino que son la esencia de la misma. En realidad este film está más en la línea de lo que sería una película de James Bond, incluso la figura del agente renegado que se convierte en una amenaza mundial nos recuerda sospechosamente al personaje que interpretara Sean Bean en ‘Goldeneye’ (Martin Campbell, 1995). Ya no se trata de una aventura de espías, sino de un tipo salvando al mundo de un terrible virus. Un argumento bastante trillado que no aporta nada novedoso. Pero ese no es todo el problema…

Sucede que la trama de esta película, a diferencia de la que dirigiera De Palma, resulta tremendamente simplona. Y puede parecer extraño porque ambos guiones fueron obra del reputado guionista Robert Towne, un escritor que cuenta en su haber con trabajos como Chinatown’ (Roman Polanski, 1974) o ‘Greystoke’ (Hugh Hudson, 1984). La explicación resulta sencilla: una cinta que lo apuesta todo a la acción y al impacto visual no necesita una historia compleja que pudiera distraer al espectador. Al menos eso debió pensar John Woo, y el precio que pagó por ello fue demasiado alto. No obstante, la primera vez que vi ‘MI2’ me di cuenta de un detalle interesante: la idea de la bella joven que es reclutada por el agente secreto para que se involucre sentimentalmente con el villano no es nueva. Alfred Hitchcock ya lo empleó como base argumental al dirigir Encadenados(1946), y en aquella ocasión Cary Grant era el agente que reclutaba a Ingrid Bergman para que retomara la relación con un siniestro Claude Rains. Desgraciadamente las similitudes acaban ahí.

En fin, todo en esta secuela fue dirigido a presentarnos un Ethan Hunt que cual Pokemon parece haber evolucionado. Ahora es una mezcla curiosa de mercenario y gentleman. No bebe, no fuma, cultiva su cuerpo como si fuera a presentarse a la Ironman y se rige por unos valores que, en demasiadas ocasiones, pueden chirriar porque chocan unos contra otros. La verdad es que Tom Cruise hace un buen trabajo, si dejamos a un lado ciertos excesos que restan verosimilitud al personaje y lo convierten en una triste parodia. Eso sí, flaco favor le hacen los constantes primeros planos en slow-motion «made in Woo» donde podemos apreciar que su cara es siempre la misma… independientemente de la situación. Dougray Scott da vida al malo de la función, un típico megalómano que ansía dominar el mundo, nada nuevo por aquí. Incluso tiene un esbirro leal interpretado por Richard Roxburgh, un actor bastante mediocre pero de aspecto odioso al que podemos recordar por horripilantes películas comoLa Liga de los Hombres Extraordinarios’ (Stephen Norrington, 2003).

Pudiera parecer que el virus que intenta recuperar Hunt es un elemento importante en la trama, pero en realidad se trata de un simple «MacGuffin», igual que lo era el uranio en ‘Encadenados’. No importa qué es el virus o qué hace, lo único que debe importarnos es que a las 24 horas del contagio el sujeto muere. Es así como el virus se convierte en un elemento que aporta tensión a la trama y permite a Woo ofrecernos una trepidante carrera contra-reloj. Aunque en realidad no se trata de una carrera para salvar al mundo sino para salvar a la chica, lo cual añade uno de esos elementos chirriantes de los que antes hablaba. La chica, interpretada por la actriz Thandie Newton, no es un florero como suele suceder en toda película de acción. En este caso se convierte en un potente elemento que, llegado el momento, altera los planes de los personajes y el objetivo mismo de la misión.

Desgraciadamente, y como comentaba al principio, la diversidad en cuanto a personajes es mínima y el de Tom Cruise acapara toda la atención. El pato lo pagan, por ejemplo, actores como Ving Rhames o John Polson, que ven muy reducida su aportación a la trama. En este caso, el genio informático Luther se limita a teclear en su ordenador y, por su parte, Billy únicamente pilota un helicóptero. Lejos queda el portentoso tour de force de la película de De Palma donde Hunt debía infiltrarse para robar la lista NOC y donde todos los personajes formaban parte de un cuidadoso engranaje. Pero tranquilos, por en medio tendremos interminables planos de Tom Cruise haciendo el saltimbanqui, en cámara lenta para no perder detalle alguno. Ah, y palomas. ¡Que no falten!

Todo lo referido al aspecto visual de la película está muy cuidado: las escenas de acción, las peleas minuciosamente coreografiadas y las persecuciones de coches harán las delicias de los más palomiteros (y nunca mejor dicho). Eso sí, incurre en determinados excesos que convierten lo que debería ser creíble en descacharrante. Un ejemplo es el abuso de las máscaras, lo que en teoría era un recurso puntual para mostrar las habilidades de Hunt acaba siendo algo demasiado habitual. Y mejor no hablemos de las secuencias de lucha pilotando motocicletas… En cualquier caso, dejo para el final lo que, sin lugar a dudas, es el punto más vergonzoso. Me refiero a esa curiosa mezcla que hacen de las fallas valencianas, las procesiones andaluzas y los Sanfermines pamplonicas en pleno corazón de Sevilla. Un fallo garrafal e imperdonable en una película de presupuesto tan elevado. Resulta lamentable que, cada vez que alguien retrata a España en la gran pantalla, nos tengamos que enfrentar a los mismos topicazos. Sólo faltan los sombreros mexicanos.

Conclusión.
Finalizo esta crítica de Misión Imposible 2, y lo primero que me pide el cuerpo es advertir a todos aquellos que busquen un thriller de espionaje ingenioso y sobrio que se han equivocado de película. Y lo mismo les diría a los que quieran gozar del talento interpretativo de Tom Cruise. La película que tenemos delante es más bien una de esas cintas que se suelen hacer para sacar pasta a costa de un título muy popular. John Woo nos ofrece con esta visión suya una cinta entretenida pero olvidable, de escaso interés y que se carga todo lo bueno que tenía la primera. Retomando mis palabras iniciales diré que la misión no fue un éxito pero reconozco que tampoco resultó un rotundo fracaso. 

Tráiler de Misión Imposible 2

Escucha nuestro podcast