El justiciero de la ciudad
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Aquí empezó todo. New York 1974, la mujer de Paul Kersey es asesinada y su hija brutalmente violada. Estamos a punto de conocer el origen de la leyenda de los vigilantes y justicieros urbanos, estamos a punto de conocer como nació el mito de Paul Kersey. Las calles de la gran manzana ya no volverían a ser seguras para los criminales cuando por ellas comenzara a «patrullar»… ‘El justiciero de la ciudad’.

“Si la policía no nos defiende… ¿por qué no defendernos nosotros?”.-Paul Kersey.

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Crítica de El justiciero de la ciudad

Mítica película del director Michael Winner que contó con Charles Bronson como protagonista principal en un personaje que alcanzó la categoría de icono. Además, la importancia de este film radica en que sentaría las bases para el resto de películas de la saga ‘Death Wish’ y para las cintas de “vigilantes” en general. Incluso películas más o menos actuales como La extraña que hay en ti (Neil Jordan, 2007) repiten el esquema que Winner aplicó en aquel ya lejano 1974 e incluso la homenajean en determinadas escenas, como las secuencias del metro que podemos ver en ambos films.

‘El justiciero de la ciudad’ está basada en la novela de Brian Francis Wynne Garfield, escritor norteamericano que alcanzó con esta historia de venganza su cima personal. La obra fue guionizada para la gran pantalla por Wendell Mayes (guionista nominado al Oscar por ‘Anatomía de un asesinato’) y en ella asistimos a los orígenes del mítico vigilante Paul Kersey: unos orígenes sangrientos y repletos de dudas. Al contrario de lo que se pueda pensar viendo su tremebunda evolución posterior, Kersey no nació con una escopeta debajo del brazo y repartiendo «regalos» entre los criminales… Paul Kersey, en su origen y antes de que la tragedia le alcanzara, era un arquitecto de ideas liberales e incluso objetor de conciencia.

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Ahora bien, lo que muestra el film es que en el camino de todo “vigilante” siempre hay un “shock” que lo convierte en ese “justiciero” que llevaba durmiendo todo ese tiempo en su interior. En el caso de nuestro protagonista, ese “shock” viene dado por el asesinato de su mujer y la traumática violación de su hija. Kersey se da cuenta que para la policía sólo es un número (lo mismo sucedía en ‘La extraña que hay en ti’), y eso, unido al empujón que el “vengador” de turno suele recibir de otras personas (en este caso del vaquero Aimes) es lo que le lleva a salir al exterior y tomarse la Justicia por su mano. De esta forma, acaba convirtiéndose, en este caso, en el justiciero por excelencia del cine de acción. Los demás son meras imitaciones. Paul Kersey siempre será el original.

Todo este proceso es muy duro y queda reflejado a la perfección en la película. De esta forma, vemos como en sus primeros “actos de Justicia” Kersey duda e incluso se siente timorato llegando a vomitar, o a beber para calmar sus nervios… Posteriormente, y una vez asimilada su “transformación”, todo será coser y cantar. Como el propio Kersey diría posteriormente en ‘El Justiciero de la noche’ (Michael Winner, 1985): “Es como matar cucarachas… no puedes parar hasta acabar con todas”. Y eso es precisamente lo que le pasa a Kersey en este film, una vez asimilado su nuevo rol ¡no puede parar! no puede dejar pasar una noche sin impartir Justicia por las calles de NY… así hasta el infinito y más allá.

Además, en esta cinta también seremos testigos de cómo la “Justicia oficial”, la que teóricamente sirve a los ciudadanos, dista mucho de ser perfecta, no ya sólo por el desamparo en el que queda Paul Kersey sino por la ocultación que se hace de determinadas pruebas en provecho propio, o buscando “un bien ciudadano” absolutamente paternalista.

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En el reparto del film todo el casting queda eclipsado por el protagonismo de Charles Bronson como Paul Kersey. Este fue el papel que le encumbró como estrella de acción y que le convirtió en un icono del género. Una leyenda a la altura de lo que hicieron luego personajes como Rocky o Terminator con colosos como Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger. No obstante, es de justicia resaltar la labor de Vincent Gardenia en el papel del detective Frank Ochoa que sigue los pasos de Kersey. Por su importancia, también destacan los minutos de Stuart Margolin como el cowboy Aimes Jainchill, el hombre que enseña a Kersey lo que son las armas y cuyas palabras y «regalo» serán definitivas… Por otro lado, y como gran curiosidad este film fue el debut en cines de Jeff Goldblum, dando vida al asaltante más violento del trío que irrumpe en la morada de Kersey causando la gran tragedia. Una de sus frases, porra en mano, “¡Malditas ricachas! ¡Yo mato a las ricachas!”, ya lo dice todo…

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En conclusión.
La conclusión de esta crítica de El justiciero de la ciudad es muy clara: estamos ante un film que, con independencia de su calidad, resulta absolutamente mítico por todo lo que representa y por ser el punto de partida de lo que yo llamo “el cine de justicieros y venganzas”. Muy bien contada, bien interpretada y con un argumento que no deja a nadie indiferente. Hay muchos justicieros pero sólo uno es Paul Kersey.

Tráiler de El justiciero de la ciudad