Interstellar
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Tras la exitosa y controvertida trilogía de Batman, Christopher Nolan nos trajo ‘Interstellar’. Hablamos de su película más ambiciosa y personal. Un proyecto que orbita alrededor de los sentimientos humanos. Además, sus referencias a la odisea espacial de Kubrick son más que evidentes.

“Solíamos mirar al cielo y buscar nuestro lugar en las estrellas… Ahora bajamos la cabeza y lo buscamos entre el polvo”.

Crítica de Interstellar

Christopher Nolan siempre ha mostrado una clara obsesión por las paradojas temporales y los mundos oníricos. Prueba de ello son películas como Memento’ (2000) yOrigen’ (2010). Películas donde hilvana realidades que sirven de motor para sumergirnos en las emociones humanas. Tras el paréntesis que significó la trilogía de Batman, Nolan retomó su estilo más personal. Lo hizo con este viaje a las estrellas en busca de esperanza para la humanidad. Sin duda, el trabajo más ambicioso de su carrera.

Una ambición muy presente y en clara referencia a 2001: una odisea del espacio(Stanley Kubrick, 1968). Nolan homenajea la belleza del cosmos y humaniza a la computadora monolítica que acompaña a los astronautas. No es la única. Hay referencias de concepto o puramente contextuales a otros títulos que, por razones argumentales, prefiero no citar, ni siquiera Nolan quiso hacerlo en entrevistas previas para no dar pistas acerca de la trama. Esto llevará a más de uno a preguntarse si este proyecto es tan personal como parece. En mi opinión sí lo es, para lo bueno y para lo malo. Si bien se trata de una película hipnotizante y espectacular, no es menos cierto que, llegado el momento, Nolan despliega toda su artillería de “trilero”.

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La base argumental que nos presentan los hermanos Nolan es la futura extinción de la raza humana. La Tierra se ha convertido en un planeta inhóspito y el ser humano debe encontrar otro planeta o desaparecer. Huyendo de los clichés habituales, Nolan nos muestra una Tierra de aspecto sórdido. Una Tierra que sobrecoge por la apariencia inofensiva de sus maizales. La labor en la fotografía de Hoyte van Hoytema es brillante. Destaca un uso importante del IMAX incluso en interiores y un cuidado exquisito de la paleta para plasmar el ambiente polvoriento de un planeta condenado.

En ese mundo agónico es donde nos presentan al personaje de Cooper, interpretado por un excelente Matthew McConaughey. Cooper es un ex-piloto que ha tenido que convertirse en granjero para cubrir las necesidades de una población hambrienta. Curioso caso el de este actor que, tras años haciendo papeles menores y de poca chicha, ha terminado convenciendo incluso a los más escépticos. Ahí está sus trabajos en ‘Magic Mike’ (Steven Soderbergh, 2012), ‘Dallas Buyers Club’ (Jean-Marc Vallée, 2013) o ‘True Detective’. 

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El personaje de Cooper representa la esperanza y el sacrificio. Él es el último reducto que le queda a la humanidad. Una humanidad que, en lugar de buscar su lugar en las estrellas, ha acabado viviendo entre el polvo. Será el amor por los suyos, sobre todo hacia su pequeña hija Murph (muy bien interpretada por Mackenzie Foy), la causa por la que decida abandonarlo todo para emprender una búsqueda desesperada e incierta. Desgraciadamente, Nolan no ahonda en los sentimientos de Cooper al saber que, probablemente, no verá nunca más a su hija… Si bien nos muestra la cuenta atrás de su despegue con un plano secuencia absolutamente fabuloso.

Michael Caine y Anne Hathaway son los científicos que encabezan el proyecto espacial. Un trabajo que debe encontrar un futuro para la raza humana. Aunque el primero es tan solvente como siempre, de Hathaway no podemos decir demasiado. Esto es así porque su personaje es bastante “accesorio”También tiene un papel destacado Jessica Chastain con una muy buena labor. Más rezagado queda Matt Damon con menos minutos para lucir.

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El modo en que Cooper contacta con los personajes de Cane y Hathaway acerca peligrosamente la cinta al terreno de lo fantástico. Sin embargo, detrás subyace un intento encomiable de explorar los aspectos más extravagantes de la física cuántica y buscar patrones dentro del caos. Nolan apuesta muy fuerte en lo que a realismo científico se refiere. Para ello cuenta con la colaboración de Kip Thorne, un experto en física gravitacional que ya había trabajado con Carl Sagan cuando escribió su novelaContact’.

El resultado de lo anterior es una trama muy densa. Una trama que me temo puede fatigar a buena parte del público porque aborda temas muy complejos. Me refiero a la física gravitacional, los agujeros negros y la teoría de cuerdas. Todo eso, unido a los múltiples ingredientes de esta película, conforman un exceso de información considerable para casi tres horas de visionado. No obstante, la obsesión de Nolan por el tiempo le lleva a crear una historia muy trabajada acerca de los anhelos y miedos del ser humano. Aquí las horas y minutos adquieren una relevancia especial.

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Cooper y su tripulación se enfrentarán al terrible dilema de la relatividad temporal. Una carrera contrarreloj para completar su misión. Todo antes de que la humanidad haya desaparecido y no quede nadie al que salvar. A través de los videos que van recibiendo, y de algunas escenas realmente brillantes, seremos testigos de ese brutal proceso irreversible. Veremos cómo los demás van envejeciendo mientras para ellos apenas pasan unas horas. Es en esos momentos, terriblemente tristes, cuando Nolan despliega todo su arsenal para abordar sentimientos como el miedo, el egoísmo o la desesperación.

Especial relevancia tiene también el amor, sobre todo cuando trata de convertirlo en el motor universal que todo lo mueve. Aunque esto lo hace de un modo claramente tramposo porque no es un concepto que domine especialmente. Creo que si en lugar de eso se hubiera atrevido a profundizar en el racionalismo que subyace en las decisiones humanas la trama hubiera ganado bastantes enteros. Pero los problemas llegan realmente cuando Nolan y su hermano Jonathan deciden sacar la bolita y los tres cubiletes. Los hermanos dejan así en la cuneta dos horas de verosimilitud y seriedad.

La estridente pero efectivísima banda sonora de Hans Zimmer aporta gran tensión a las escenas. Sin su música, probablemente, carecerían de ella. Pero ni siquiera la espectacularidad de esas secuencias que tanto recuerdan a Gravity’ (Alfonso Cuarón, 2013) consiguen evitar que tengamos la molesta sensación de que en el tramo final empiezan a tomarnos el pelo. Algo que se agudiza a medida que el desenlace se va acercando.

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Conclusión.

Finalizo esta crítica de Interstellar, una de las mayores apuestas de Christopher Nolan, pero no su mejor película. Como constructor de realidades imposibles es un director que nunca defrauda. No obstante, el modo en que aborda el tema del amor, buscando la lágrima fácil, es demasiado evidente. Tampoco creo que sea un acierto renunciar a la verosimilitud por un mesianismo fantasioso, si bien los motivos que le llevan a ello pueden ser muy defendibles. Pero bueno, la trama está bien hilvanada y, a pesar de sus excesos y defectos, consigue ofrecernos suficientes elementos como para considerar al film como un título muy destacado. Un viaje que merece mucho la pena de emprender en compañía de Matthew McConaughey.

Tráiler de Interstellar