Rocky III
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En 1982 Sylvester Stallone decidió dar un giro radical a la franquicia de Rocky Balboa. Eran otros tiempos y atrás quedaba todo el sentimiento y la emotividad, ahora había que dejar paso a la acción representada por los musculados físicos de los nuevos héroes. Es hora de presenciar el gran combate de… ‘Rocky III’.

“Cuando tú y yo peleamos, tu mirada era la de un auténtico tigre, una fiera. La mirada del tigre, amigo. La mirada del tigre”.-Apollo Creed.

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Crítica de Rocky III.
Consciente de que repetir el grado de emotividad de las dos primeras películas y que intentarlo también podría tornarse peligroso e incluso cansino… Sylvester Stallone dio en ‘Rocky III’ un giro a la franquicia y la dirigió hacia hacía la acción y el exhibicionismo muscular. Lo llamativo del caso es que la apuesta resultó acertada y la película volvió a funcionar muy bien a todos los niveles. De esta forma, el film fue bastante más “ligero” pero tremendamente disfrutable e hijo absoluto de su época: los años 80. Unos años dónde los tipos musculosos y duros dominaron por completo el cine de acción de todos los presupuestos.

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En el guión (escrito una vez más por el propio Stallone) todos los personajes siguieron una evolución bastante natural. Especialmente destacado es ver como Stallone trata la figura del ídolo con pies de barro, haciéndolo a través de su encarnación más directa: Rocky. En pantalla tenemos el ejemplo típico de boxeador/deportista que ha ganado ya tantos combates que se ha dejado llevar por la gloria sucumbiendo a un ego totalmente exhibicionista (sus saludos en el ring, sus poses de bíceps, sus múltiples anuncios, su falta de rigor al entrenarse…). Todo esto queda reflejado a la perfección ya en el inicio del film cuando asistimos al excelente montaje del video musical del famoso y mítico tema “Eye of the Tiger” de Survivor. Después viene el durísimo golpe de la realidad y la bajada a la tierra; algo muy similar a lo que experimentó hace pocos meses la poderosa e imparable Ronda Rousey, cuando su exitosa carrera fue frenada en seco por Holly Holl. Los mismos que antes aplaudían ahora te tachan de acabado, de ganar peleas fáciles y te entierran. Lo que viene luego es la pérdida de la fe, el miedo y la desmotivación. Es en esos momentos cuando el profesional descubre a sus verdaderos amigos y/o familiares (Adrian, “corazón de león”).

Todo lo anterior está muy bien expuesto y resuelto por Stallone en su “script”, quizás le podríamos haber pedido algo más de profundidad… pero el trabajo de escritura es notable, realista y de imperecedera actualidad.

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He comentado en el primer párrafo de esta crítica de Rocky III que Stallone llevó a la franquicia hacia la acción y el exhibicionismo muscular. Cierto. En la película que viene a durar unos 99 minutos tenemos tres grandes combates (los dos contra Clubber Lang y uno contra Thunderlips) y bastantes minutos de entrenamiento.

Los combates están excepcionalmente filmados y coreografiados por Stallone. En este apartado nos regala unos golpes demoledores con secuencias poderosísimas como son: los tremebundos guantazos soltados por Clubber Lang en el primer choque, o el adrenalítico combate de revancha que representa todo un subidón para el público.
Por descontado que no faltan tampoco los ya míticos minutos de entrenamiento, los “training montage”, dónde la música acompaña los movimientos redondeando un fabuloso conjunto.

Toda esta acción comentada en el párrafo anterior viene acompañada por unos protagonistas muy musculados: Rocky, Apollo, Clubber y Thunderlips. Especialmente llamativo fue el cambio de físico de Stallone al respecto de los dos primeros “Rockys”. Aquí tenemos a un Rocky de rostro afilado, cuerpo musculado y definición sobresaliente. Uno de los mejores físicos que Stallone presentó junto a su aparición en ‘Rocky IV’ y ‘Rambo 3’, y que le llevó a recibir el elogio sin paliativos del mito, Joe Weider.
Por su parte, Carl Weathers, ya había mostrado un notable físico en las dos primeras películas y aquí siguió al mismo nivel o superior… tanto que cuesta tomarse en serio que su personaje de Apollo, en verdad, se hubiera retirado del ring. Finalmente, Mr. T y Hulk Hogan eran por aquellos tiempos dos titanes de la WF en su máximo esplendor físico (para el dato quedan los casi 2,10 metros y 160 Kgs de Hogan).

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“Hoy es mañana, potro. Hoy es mañana”… El dolor de los campeones.

En el campo actoral todos los intérpretes siguieron con sus roles evolucionando algunos más que otros al respecto de lo visto en las anteriores películas. Como hemos visto Sylvester Stallone hace sucumbir a Rocky a las glorias del éxito y le pasa lo peor que le puede pasar a un boxeador: pierde el hambre y se civiliza (Mickey dixit). El cambio más trascendente lo experimenta Talia Shire como Adrian que, siguiendo los trazos marcados en Rocky II’, en este film es ya una mujer fuerte capaz de insuflar energía a su “derrotado marido”. Burt Young también experimenta un cambio en su personaje de Paulie volviéndolo un envidioso y vago redomado. Finalmente, Burgess Meredith sigue saboreando su rol de Mickey por penúltima vez (tendría una aparición fantasmal en ‘Rocky V’) y regalándonos algún que otro momento para el recuerdo de la saga…

Por otro lado, Carl Weathers como Apollo Creed también evoluciona y nos entrega, en esta ocasión, la siempre interesante visión del deportista retirado metido a comentarista deportivo y ocasional entrenador. A su lado, una vez más, encontraremos a Tony Burton como su inseparable mentor y amigo. Ahora, ambos harán equipo con Rocky para (en un buen golpe de timón) entrenarlo haciéndole sentir el ritmo como si fuera un boxeador negro. ¡Genial!

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Finalmente, he querido hacer un apartado especial para Mr. T como Clubber Lang, la gran fuerza y revelación de ‘Rocky III’. Sus primeros minutos en pantalla son totalmente devastadores y avasalladores sacando a golpes (literalmente) a sus rivales del cuadrilátero. Además, las frases que le regala Sly son un caramelo para Mr. T que las escupe con un poderío que lo hacen trascender más allá del simple mortal para convertirlo en un monstruo aterrador. Para ejemplos, estas durísimas sentencias: “Quiero pelear con Balboa. Nadie puede vencerme. Dile que lo he dicho yo. Le voy a matar”, “Vivo solo, entreno solo y ganaré el título solo. Puede correr pero no esconderse” o su sentenciador e inolvidable: “¿Un pronóstico? Dolor”. Como diría Stan Lee: “¡Está dicho!”.

Ahora bien, más allá de su aterradora e implacable presencia… Clubber representa en este film todo lo que Rocky fue antaño (eso si, con caracteres totalmente contrapuestos), esto es, un boxeador hambriento con ganas de comerse el mundo y buscando la oportunidad de su vida. Un currante del boxeo criado en Chicago y convertido en figura imparable gracias a su rabia y a sus sacrificados y duros entrenamientos (verlo pelear o golpear el saco con una furia inhumana te hace darte cuenta de lo mucho que este hombre quería conseguir su sueño). En definitiva, Mr. T hizo una poderosísima e impagable recreación de Clubber Lang.

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En conclusión.
Hija de su época y cambiando casi de manera radical el tono de las cintas anteriores, siempre he considerado a esta película de ‘Rocky III’ como un film imprescindible para todo buen amante del gran cine de acción que se hizo en los años 80. Cambia el chip y disfruta con todo lo bueno que este film ofrece y…

“Recuerda, cuando todo esto termine me deberás un favor”.-Apollo Creed.

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