Jungla de cristal 3: La venganza
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Eran mediados de los 90. Volvía John McTiernan tras las cámaras. Bruce Willis acababa más magullado, destrozado y ensangrentado que nunca. Se sumaba al reparto el gran Samuel L. Jackson. El título del film anunciaba una venganza. Los villanos eran alemanes y estaban comandados por Jeremy Irons. La película contaba con el presupuesto más alto de la saga. ¿Qué más se podía pedir? ¡Bienvenidos a ‘Jungla de cristal 3: La venganza’!

“Da saludos a tu hermano” (John McClane)

Crítica de Jungla de cristal 3: La venganza

El guión de ‘Jungla de cristal 3: La venganza’ no fue escrito expresamente para la película. En un principio, el título original del libreto era ‘Simon says (Simon dice)’. Ese script fue obra de Jonathan Hensleigh, que también fue el responsable del guión y la dirección de El Castigador’ (2004). Hensleigh redactó un guión en 11 días bajo ese título en 1992, basándose en sus propias experiencias y llevándolas al límite. ¿Qué pasaría si alguien a quien hiciste daño en el pasado volviera a tu vida dispuesto a vengarse de ti de la forma más cruel y rebuscada posible? Ese era su punto de partida, el de un hombre que, debido a un acto trivial por parte de otro que destrozó su vida, vuelve muchos años después en busca de venganza. Y tú no sabes quién es, porque has olvidado ese hecho.

Así, y con esa premisa, Hensleigh comenzó a dar forma al libreto. Un libreto que comenzaba presentándonos a un policía de Nueva York. Un agente de cuarenta y tantos que un día cualquiera ve como un psicópata que se hace llamar Simon comienza a poner bombas en todo Manhattan. Tras su primer atentado, Simon llama a la comisaría y les da un ultimátum a los allí presentes: “a menos que el policía que yo diga siga mis instrucciones, seguiré volando la ciudad en pedazos y matando a gente”. Así es como comienza un macabro juego del gato y el ratón.

Una vez Hensleigh terminó el libreto se lo envío a la Fox. Allí el guión mutó y cambió de forma multitud de veces. Incluso uno de los productores sondeó la idea de ambientar el film en un barco (idea que luego fue retomada en ‘Speed 2’). Hensleigh, horrorizado con lo que estaban haciendo, le llevó personalmente el libreto a John McTiernan. El director vio potencial suficiente como para que, con unos pequeños retoques, fuera la idea principal de una nueva entrega de ‘Jungla de cristal’. McTiernan se lo remitió a Bruce Willis que se lo leyó en unas cuantas horas, llamó a ambos y dio su visto bueno. Así fue como Hensleigh pulió algunos puntos y remató el libreto final de ‘Jungla de cristal 3: La venganza’.

Según palabras del propio Hensleigh, los primeros 50 minutos del film están sacados directamente del libreto inicial de ‘Simon says’. También habla de que tuvo que luchar para que escenas políticamente incorrectas (como la visita de Mclane a Harlem) no fueran descartadas, y para que el personaje de Zeus (interpretado por Samuel L. Jackson) no fuera negro, sino sudamericano o coreano. Toda la sub-trama y los giros de guión que remiten a una entrega anterior de la saga fueron añadidas a posteriori (obviamente). Para terminar, el clímax final fue idea de McTiernan, desbancado al final inicial ideado por Hensleigh.

‘Jungla de cristal 3: La venganza’ es una gran película de acción. No obstante, es una secuela de la saga algo incongruente con el resto de la franquicia. La cinta se toma algunas licencias con el personaje de John McClane que no me gustan. Aunque dentro de la gama de personajes acabados interpretados por Bruce Willis encajen perfectamente, dentro del ámbito de la serie el rumbo que toma McClane es equivocado.

El hecho de que McClane aparezca por primera vez en la cinta como un alcohólico está muy lejos de su iconografía. Un policía de raíces irlandesas, tozudo y algo paleto. Ese tío de calcetines blancos que, a simple vista, puede pasar como un tipo cualquiera, pero que tiene una virtud de incalculable valor: nunca se rinde. Así es, por muy complicadas que se presenten las cosas, McClane nunca se rinde. Un tipo que sobrevivió a un secuestro terrorista en un edificio sólo armado con su astucia, su arma reglamentaria y en desventaja de 30 a 1. Por eso, presentarlo en este film como un alcohólico, es toda una contradicción. Por mucho que esto lo quieran introducir como una barrera más que tiene que superar McClane en su camino vital.

La vuelta de John McTiernan era un aliciente muy jugoso para todo amante del buen cine de acción. Puede que McTiernan no sea un genio, pero es un artesano de primera categoría. Así las cosas, logra que el nivel de espectacularidad de la franquicia se mantenga muy alto. Amén de introducir a Nueva York como un personaje más de la película, explorando sus esquinas y llevándonos en volandas en un tour especial por la gran manzana. Y lo hace a su manera, evitando que las escenas de acción entorpezcan el avance de la trama y que estén en el film por necesidad del argumento y no para apabullar al espectador. Ejemplos de esto los hay a patadas durante todo el metraje. Por ejemplo: la explosión inicial que enturbia la aparente tranquilidad de la ciudad y que da paso al caos.

Luego tenemos los giros de la trama, o más bien el giro. Me refiero a un twist inesperado que sólo ve llegar el incombustible McClane. Un “giro” que emparenta esta tercera entrega con la primera, obviando la segunda, quizás porque esta no la dirigió McTiernan, sino Renny Harlin. Injustamente, La jungla 2: Alerta roja (1990) es la hermana bastarda de la saga, cuando después de la primera es la que más fielmente sigue la estela del original.

En cada entrega de la saga “Die Hard” siempre hay lugar para escenas de acción espectaculares e imposibles. Secuencias que demuestran que John McCLane está hecho de una pasta especial. Esta tercera parte no es una excepción. En el metraje se incluyen una amplia variedad de set-pieces con el sello de los 80 y 90. Aquí tenemos a McClane y Zeus atravesando en taxi el colapsado centro de la ciudad. La secuencia del ascensor con cuatro gigantes alemanes alrededor de un McClane armado solo con su pistola reglamentaria. El momento McLane surfeando las olas. El asalto al barco de los terroristas (una sobrada total y que resalta la supuesta inmortalidad del héroe).

En el reparto sobresalen las figuras de Bruce Willis y Samuel L. Jackson. Willis está motivadísimo, metido hasta los topes en su rol y aportando detalles, tics y chascarrillos personales. Por su parte, Sam Jackson se presenta como Zeus, un tipo normal metido en una situación que le queda grande. Un negro que no guarda muchas simpatías hacia el hombre blanco. Zeus servirá de compañero de fatigas de McLane y entre ambos se dará una gran química. Eso lleva a que las situaciones que se dan entre Willis y Jackson sean de lo mejor del film. Verlos juntos intentado adivinar los acertijos de Simon, la cara de Zeus cuando McClane atraviesa la ciudad en el taxi por Central Park, el momento de los galones… Todos ellos grandes instantes que, sin Jackson en el film, seguramente no se hubiesen producido.

Por otro lado tenemos de nuevo a malosos europeos, más concretamente alemanes. Y ya sabemos que a McClane los alemanes no se le dan bien. De igual modo que Alan Rickman (en la primera parte) compusiera un villano con ínfulas megalómanas, aquí Jeremy Irons (Simon) sigue su estela. Aunque Irons le añade un punto “homosexual” muy distinguido que no tenía el Gruber original. Su camiseta ceñida, su peinado a lo Julio Cesar, sus andares… son más que “sospechosos”. Por más que luego se pegue un revolcón con la “asexuada” Katya. Esta villana es interpretada por Sam Phillips, cantante a la que McTiernan vio en la portada de uno de sus discos y la encajó como la perfecta psicópata terrorista de Europa del Este. Matices al margen, Irons logra crear un villano muy a la altura del héroe al que se enfrenta. Además aporta un sentido del humor muy suyo.

“¿Cómo que Jesús? ¿tengo cara de puertorriqueño? Me llamo Zeus. ¡Zeus! el padre de Apolo. El del Monte Olimpo. ¡El de “no me toques los cojones que te meto un rayo por el culo!”… ¿Te parece mal o qué? (Zeus)

En resumidas cuentas.
Termino esta crítica de Jungla de cristal 3: La venganza. Esta es, sin duda, de las mejores cintas del cine de acción de los años 90. Violencia desmedida y brutal. Reparto de actores en estado de gracia con mención especial a la pareja formada por Willis & Jackson. Imprescindible para todo buen amante del género.

Tráiler de Jungla de cristal 3: La venganza