Ex Machina
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Alex Garland nos regala un film sobre la base de las relaciones humanas y la Inteligencia Artificial. Un film apoyado además en una facturación y minimalismo exquisito. Alex Garland nos presenta a su creación, nos presenta a… ‘Ex Machina’.

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Crítica de Ex Machina

El conflicto entre humanos y robots, y el debate en torno a los límites de la Inteligencia Artificial, han sido y serán, temáticas fetiche de la ciencia-ficción desde la época del cine mudo. Véase el ejemplo que supone la obra maestra de Frintz Lang, ‘Metrópolis’ (1927). Hay que ir un poco más atrás en el tiempo para entender la fascinación del ser humano hacia los seres artificiales. Concretamente hay que ir a principios del XIX. En 1818 veía la luz ‘Frankenstein o el Prometeo moderno’, de Mary Shelley. Esta es la obra en la que aparece la demostración de que los seres creados artificialmente pueden convertirse en incontrolables. Todo una vez que hayan asumido una consciencia propia.

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Ya entre las décadas de los cincuenta y setenta del pasado siglo XX, autores como Isaac Asimov y Phillip K. Dick pasan a ser piezas clave para la formación de la mitología entorno a la robótica. Ideas traspasadas a la pantalla en la que el ente no natural, el robot, asume su diferenciación frente a los humanos, queriendo o no parecerse a ellos…

Blade Runner (Ridley Scott, 1982) nos mostraba una distopía surgida de la mente de K. Dick. Sus replicantes eran utilizados como mano de obra. En la saga Terminator las máquinas se rebelan contra sus creadores e inician el exterminio de la raza humana. ‘El hombre bicentenario’ (Chris Columbus, 1999) y ‘Yo, robot’ (Alex Proyas, 2004), ambas parcialmente basadas en historias de Asimov, tratan temas como la esclavitud y la moral a través de las siempre presentes “Tres leyes de la robótica”. Leyes que establecen: la no-agresión de un robot a un ser humano. El sometimiento de los robots a las órdenes de los humanos. Y, finalmente, la protección de su propia existencia (mientras no inflija la primera norma).

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Alex Garland, autor de los libretos de ‘28 días después’ (Danny Boyle, 2002) ySunshine (ídem, 2007), y también guionista de Dredd (Pete Travis, 2012), debutó por la puerta grande como director con ‘Ex Machina’. Aclarar que también escribió el guión. Recuperando el leitmotiv acerca de las relaciones entre humanos y la IA, Garland logra convertir a ‘Ex Machina’ en una las producciones más sugestivas de los últimos años. Junto a ella también brillan ‘I.A. Inteligencia Artificial’ (Steven Spielberg, 2001), EVA (Kike Maíllo, 2011) y Her (Spike Jonze, 2013).

En esta ocasión, Ava (interpretada por Alicia Vikander) se convierte en el objeto en torno al cual gira la trama. Una trama que, siguiendo las pautas marcadas por el thriller (y apoyada en un minimalismo exquisito), hará replantear los ideales de Caleb (Domhnall Gleeson) frente a Nathan (Oscar Isaac). La figura del creador, del hombre que ha jugado a ser Dios y ha creado una vida artificial, con todo lo que ello conlleva. Vengo a referirme, claro está, al mito del citado Frankenstein y su criatura.

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La factura técnica del film resulta excelente. Su puesta en escena bien puede definirse como la simbiosis perfecta entre elegancia y claustrofobia. Elegante por lo que rezuman el diseño de producción y su música. Estos elementos ayudan a componer una preciosista estampa final dentro del ambiente cerrado que es ese hogar. Un hogar a modo de gran laboratorio experimental. Una suerte de jaula de cristal para ratones y que otorga el carácter claustrofóbico a ‘Ex Machina’. Es este el principal punto de sustento de tan sugestivo thriller de ciencia-ficción. Además, Garland añade una perversión de las leyes de la robótica. De esta forma se crea el conflicto que dinamitará la relación entre los humanos protagonistas.

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En conclusión.
Concluyo esta crítica de Ex Machina, una de las mejores propuestas de ciencia-ficción de los últimos años. Una película que no dejará indiferente a nadie y que, más allá de la alabanza que suponen la composición de Ava y sus impecables efectos de especiales, vuelve a poner sobre la mesa el eterno debate sobre cuáles son, o deberían ser, los límites de la Inteligencia Artificial.

Tráiler de Ex Machina