Cerco al enemigo
Comparte con tus amigos










Enviar

Jean-Claude Van Damme y Peter Hyams vuelven a trabajar juntos tras las muy entretenidas Timecop y Muerte súbita en Cerco al enemigo, un muy decente thriller de acción de bajo presupuesto cuya máxima atracción radica en contemplar a un Van Damme totalmente desatado, interpretando a un excéntrico villano que quedará, sin lugar a dudas, para el recuerdo.

Cerco al enemigo

Crítica de Cerco al enemigo

Que las carreras del realizador Peter Hyams y del actor Jean-Claude Van Damme no se encuentran en su punto álgido no es ningún secreto. El otrora enérgico cineasta, conocido principalmente por encargarse de la realización de algunas interesantes producciones de ciencia ficción –como es el caso de Capricornio Uno (Capricorn One, 1977), Atmósfera cero (Outland, 1981) o 2010. Odisea dos (2010, 1984)–, con el paso del tiempo se reciclaría en un director bastante competente dentro del género de acción y el thriller fantástico, ofreciéndonos ‘juguetes’ más que apreciables como Timecop. Policía en el tiempo (Timecop, 1994), The Relic (The Relic, 1997) o El fin de los días (End of Days, 1999). Pero una vez entrado el nuevo milenio, la carrera del realizador sufriría un bajón importante tanto en calidad como en cantidad. De este modo, las tres últimas películas dirigidas por Hyams serían la excesiva El mosquetero (The Musketeer, 2001), la risible El sonido del trueno (A Sound of Thunder, 2005), y la irregular –pero más interesante– Más allá de la duda (Beyond a Reasonable Doubt, 2009). Esta última su mejor película en años, aunque apenas se estrenaría en media docena de salas en todo Estados Unidos.

En cuanto a Jean-Claude Van Damme, algo mejor le está yendo en los últimos tiempos. Un actor que pese a que sus trabajos ya no gozan de la repercusión mediática de antaño ni de los medios con los que contaban en otros tiempos, aún sigue al pie del cañón trabajando a un ritmo constante, intentando evolucionar como intérprete en la medida de lo que le permiten y sorprendiendo con roles cada vez más alejados de los que nos tenía acostumbrados en su etapa dorada. Thrillers de acción de fondo dramático nada desdeñables como Salvaje (In Hell, Ringo Lam, 2003), Justa Venganza (Wake of Death, Philippe Martínez, 2004) o Desafío a la muerte (Until Death, Simon Fellows, 2007) demostraban satisfactoriamente que Van Damme es un actor mucho más versátil de lo que muchos imaginaban. Un hecho que gran parte de la crítica terminaría reconociendo gracias a la sorprendente JCVD (JCVD, Mabrouk El Mechri, 2008). Desde entonces el actor, ya en plena madurez, alternaría sus ya típicas cintas de acción de bajo presupuesto con otros films de corte más dramático e incluso humorístico que le permitieran explotar sus cualidades interpretativas, sintiendo especial predilección por los villanos.

Cerco al enemigo

De este modo llegarían películas como Los mercenarios 2 (The Expendables 2, Simon West, 2012), donde Van Damme llegaría a devorar la pantalla a base de carisma; Soldado universal: El día del juicio final (Universal Soldier: Day of Reckoning, John Hyams, 2012), en un perturbador rol de villano; o la simpática Bienvenido a la jungla (Welcome to the Jungle, Rob Meltzer, 2013), su primera comedia. Poco después le seguirían la presente Cerco al enemigo y las aún inéditas Swelter (Swelter, Keith Parmer, 2014), western moderno de llamativo reparto y el drama de acción con tintes románticos Full Love (Full Love, Jean-Claude Van Damme, 2014). Por su parte, Estado crítico (Pound of Flesh, Ernie Barbarash, 2015) se ha podido ver este año en TV en España. Todas estas películas están enfocadas al lucimiento de Van Damme como actor a través de personajes mucho más trabajados y con más matices de los que solía interpretar normalmente.

Cerco al enemigo

Llegados a este punto muchos se preguntarán qué esperar de Enemies Closer, cinta producida por Moshe Diamant y Joel Silver a través de After Dark Films –compañía especialista en financiar cine de acción de calidad de bajo y moderado presupuesto–, y que tras dos exitosas colaboraciones a mediados de los años 90, juntaría de nuevo a Peter Hyams y Jean-Claude Van Damme en un film. Y no precisamente con la intención de reverdecer laureles del pasado ni de crear falsas expectativas, ya que tanto director como actor saben muy bien qué lugar ocupan actualmente en la industria del cine. Pues bien, teniendo siempre presente el bajo rango de las películas en las que suele trabajar Van Damme en los últimos tiempos –esto es, cintas que entrañan bajo riesgo económico dado el ínfimo presupuesto con el que cuentan, algo que limita a un actor que aún puede darnos mucho como héroe de acción–, los resultados no han sido para nada negativos pese a que la película contó con un irrisorio presupuesto de tan sólo 5 millones de dólares.

Es por ello que el espectador debe ser plenamente consciente del tipo de productos en los que Van Damme, muy a su pesar, se suele mover actualmente. Es decir, dentro del circuito de la Serie B de acción de cierta calidad pero de muy bajo presupuesto, por lo que sería incoherente valorar este tipo de cine desde una perspectiva inadecuada o comparar estas producciones con aquellas otras que le convirtieron en uno de los más destacados actores del género de acción de los 90. Y es que el protagonista de Soldado universal (Universal Soldier, Roland Emmerich, 1992) ya no cuenta tanto con el apoyo de las grandes compañías, hecho que no le impide intentar innovar continuamente y rodearse de los mejores equipos de producción y medios que su status actual le permite, y esta Cerco al enemigo es una buena muestra de ello.

Cerco al enemigo

Filmada en los bosques de Bulgaria en tan sólo veinticinco días, y protagonizada por Tom Everett Scott (The Wonders), Orlando Jones (Evolution) y Jean-Claude Van Damme, hablamos de una película muy pequeña que por instantes aparenta ser una producción de cierto empaque gracias a un Peter Hyams que, como era de esperar, logra sacar el máximo partido de una historia atractiva pero muy sencilla que no esconde sus carencias, focalizándose principalmente en las buenas interpretaciones de sus protagonistas (especialmente las de Jean-Claude Van Damme y Orlando Jones) y en sus logradas secuencias de acción. La película narra la historia de Henry (un insólito Everett Scott que cumple con creces como héroe), un ex Navy Seal que, dañado psicológicamente tras la muerte de un compañero en la guerra de Afganistán, vive como un solitario guarda forestal en los densos bosques de Canadá. Pero un día recibe una inesperada visita, la del hermano mayor del soldado que Henry tuvo que dejar atrás en la guerra, y cuya muerte le atormenta desde entonces. Clay (Orlando Jones) sólo busca una cosa: venganza, queriendo asesinar a Henry al creer que se trata del culpable de la muerte de su hermano. Pero ambos deberán formar una delicada alianza si quieren sobrevivir a una inesperada situación: un grupo de narcotraficantes franco-canadienses liderados por el amenazador Xander (Jean-Claude Van Damme), exigen a Henry buscar y encontrar un cargamento de cocaína perdido por accidente días antes en la zona.

Cerco al enemigo

La historia, que toma obvias referencias del film de Renny Harlin Máximo riesgo (Cliffhanger, 1993), está enfocada de tal modo que Jean-Claude Van Damme pueda dar rienda suelta a su imaginación, creando un sensacional villano vegetariano dotado de curiosos –y cachondos– matices. Irónico, desequilibrado y, a ratos, divertido; al mismo tiempo que cínico, sanguinario, violento y sin remordimientos, se trata de un personaje que parece estar sacado directamente de las viñetas de un cómic, convirtiéndose rápidamente en el verdadero motor de la película gracias a un Van Damme que dibuja uno de los villanos más excéntricos e ingeniosos de su carrera –atención a algunos de sus tronchantes diálogos y muecas.

Este atípico psicópata ecologista, capaz de valorar la vida de una simple oruga de árbol pero que no tendrá problemas en desnucar a una débil mujer si la situación así lo requiere, toma ciertos aspectos del espléndido Joker de Heath Ledger, por supuesto, salvando las distancias. Y es que sin duda, Van Damme es lo mejor de la película en un papel escogido expresamente por el actor –la intención inicial de los productores era ofrecerle el rol del héroe de la función, el del guardabosques Henry–, seguido por un estupendo Orlando Jones que resulta muy creíble como el antihéroe que desea acabar con Henry; mientras que Tom Everett Scott, actor habitual de comedias románticas, está sorprendentemente correcto en su papel, aunque es cierto que cuesta ubicarlo en un rol como este.

Cerco al enemigo

Enemies Closer es una cinta de impecable factura y de solvente fotografía, aunque la escasez de escenarios, de localizaciones y de personajes denota claramente el tipo de producto del que se trata. Pero todo esto es algo que queda compensado gracias a una narración muy fluida, con un ritmo soberbio y una acción que va directa al grano. Mención especial debemos hacer a las estupendas peleas y combates cuerpo a cuerpo de la película, extraídos directamente de las ‘Mixed Martial Arts’ y donde Hyams no escatima en la violencia visceral que tanto echamos de menos en el cine actual. Es por todo esto que el director vuelve a demostrar su valía como realizador de cine de acción no sólo a gracias a su buen tino a la hora de plasmar en pantalla este tipo de secuencias, sino también al saber aprovechar al máximo los escasos medios, tanto técnicos como logísticos, con los que el cineasta contó para sacar adelante este film. Una película que, pese a sus evidentes limitaciones (provocadas por esas estrictas pautas establecidas para este tipo de producciones: un tiempo de rodaje muy limitado, actores de poco relumbrón, rodajes baratos en los desangelados países de la Europa del Este, uso de dobles con afán de acelerar el rodaje…), sale victoriosa de entre tantas y tantas producciones ‘Direct to DVD’ que inundan los grandes establecimientos gracias a la muy correcta labor de un equipo de producción y artístico de nivel, dando como resultado una de las cintas más curiosas de la filmografía reciente de Jean-Claude Van Damme.

Cerco al enemigo

El problema de la película quizás radique en el guión, que como suele ser habitual en este tipo de productos, no resalta especialmente por su originalidad ni profundidad argumental. Esto es algo que podríamos pasar por alto si no fuera porque Cerco al enemigo adolece de ciertos errores de continuidad y algunas lagunas argumentales difíciles de esconder, posiblemente provocadas por las prisas y la precipitación que envuelven los fugaces rodajes de este tipo de películas. Tampoco le hace un gran favor al film el hecho de que los títulos de crédito resulten de lo más sencillos y cutres que se recuerdan en una cinta de Van Damme. O ese final un tanto precipitado que deja al espectador con ganas de más. Sin duda, elementos que no ayudan mucho a disimular que verdaderamente estamos ante una película ‘rodada en cuatro días y hecha con cuatro duros’, aunque en su conjunto global no lo aparente.

Cerco al enemigo

En resumidas cuentas

Posiblemente no estamos ante el mejor trabajo de la asociación Peter Hyams y Jean-Claude Van Damme –honor que pertenece a la película Timecop–, pero como vengo afirmando en la presente crítica de Cerco al enemigo, se trata de una cinta que, a pesar de su bajísimo presupuesto y de los escasos medios con los que el equipo contó para su filmación, sale airosa del asunto gracias a un trío protagonista liderado por un Van Damme realmente fantástico e increíble como el villano de la función. Así como a un Peter Hyams que logra camuflar algunas de las limitaciones presupuestarias del film dotándolo de una interesante factura, demostrando además que sigue en plena forma en lo referente a las escenas de acción al ofrecernos una sucesión de peleas filmadas con gran pulso, y de muertes violentas y sin concesiones. Por lo que, si son capaces de entender el status de este tipo de productos de Serie B, y de controlar las siempre altas expectativas, se encontrarán con una buena película de acción, simpática, curiosa y con un Van Damme desatado que, seguro, no pasará desapercibido.